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CONFESIONES DE UN UGA-UGA

El jueves 21 diciembre, 2017 a las 2:12 pm
CONFESIONES DE UN UGA-UGA

Por Omar Orlando Tovar Troches –ottroz69@gmail.com-

Cuando la gente aún se maravillaba por una que otra cosa y no existía esta abrumadora normalidad de lo violento y lo grotesco, vivió una generación que calculó mal su aporte a la humanidad y la condenó a vivir; lo que hoy pasó de ser ciencia ficción a historia fácticamente comprobada.

Por allá por los años setentas y ochentas del siglo pasado (aquí entran risas grabadas de los millenials) los promotores de Alf, el look fluor-fosforescente, Madonna, Michael Jackson, Menudo y hasta, en ese entonces polluelo, Chayanne, vivimos el nacimiento de la revolución tecnológica más potente de la historia de la humanidad: la llegada de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

El plan en ese entonces, como ahora, para los que tenían muy poco éxito con el sexo opuesto o con el mismo o en sentido contrario, era refugiarse en las Arcadias de los juegos electrónicos, intentando colocar sus iniciales en el salón de la fama de cada consola y para algunos más, imaginarse la forma de inventarse un jueguito de esos a su exacta medida. Se vivió entonces una fiebre inusitada por la electrónica y la naciente ingeniería de sistemas. Entre proto-boards y líneas de programa, aquella generación dio un gigante paso, al pasar en muy poco tiempo, de los inmensos Main Frames (primeros equipos de cómputo) a las computadoras personales de escritorio.

Entre línea y línea de programa, aprendimos a diseñar rutinas iterativas, pequeños programas emergentes, que se guardaban en las bibliotecas de los, ahora ancestrales, microprocesadores z-80 y siguientes. Nos estábamos “craneando” lo que hoy los emprendedores millenials llaman aplicaciones, o en su espanglish insoportable, APP´s, en otras palabras, destapamos la caja de Pandora.

Esa, ahora vetusta generación de cuchos, pensábamos con la ingenuidad de la época, que le estábamos haciendo el aporte tecnológico adecuado a la humanidad, los viejos Hackers y muchos de nosotros creíamos en el impostergable derecho al acceso a toda la información que produjera la humanidad y que era una obligación nuestra compartirla con el mundo entero, hasta que la avaricia y la ambición de Gates y Jobbs empujaron este intento de fraternidad global hacia los confines del oscurantismo consumista que hoy nos pone al borde del apocalipsis tecnológico, advertido por Asimov y descrito al detalle en Extrange Days, Terminator y The Matrix.

Nos ufanábamos de haber roto las barreras de la distancia y el tiempo, nos creíamos como una especie de hermandad de la fraternidad y la amistad terrenales, nos enceguecimos y abrimos las compuertas del infierno científico. Ahora, una vez vista y comprobada, la tenebrosa manipulación social que se hace a través de la interconexión global y de las nuevas formas de explotación laboral, abuso y acoso sexual que se hacen cada segundo vía GMS, a quienes hemos renunciado al grillete electrónico o nos abstenemos en extremo al uso excesivo de las TIC, se nos mira como objetos extraños, bichos raros, dignos de estar ubicados en el más recóndito de los museos y se hace mofa y presión social, de nuestro carácter jurásico, por advertir de cuando en vez, acerca de los peligros que tiene el mal uso de esa tecnología que ayudamos a crear y que por supuesto conocemos, somos los UGA-UGA, en una generación de idolatras de Jobs y Gates, los únicos ganadores y explotadores del nuevo vicio y la nueva esclavitud: la interconexión y manipulación digital globalizada.

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