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CON OTRO OJO

El lunes 1 octubre, 2018 a las 8:58 am
LA GUACHARACA EN EL RÍO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

CON OTRO OJO

Facsímil de la portada de Con Otro Ojo

Facsímil de la portada de Con Otro Ojo

No podía ser de otra manera. El poeta tiene otro ojo para ver y penetrar en el mundo que no vivimos. Los demás mortales vivimos el mundo de fruslerías, mimos y mentiras. De realidades simples e ingenuas y miramos con ojo de carne y brillo un mundo cónico y físico.

Acabo de voltear la mirada para un mundo que hay que ver «Con otro ojo», según nos lo muestra el poeta Omar Toro en su libro. Hay en la portada una cara que puede ser la del poeta o un dibujo sobre un rostro humano. Se desfigura porque tiene en la nariz una bola roja, como la que se pintan los payasos para que se olviden de sus rasgos personales.

El contenido son una sarta, una brazada, un conjunto de poemas muy personales, casi autobiográficos. A veces parece que fueran dedicados a loar la vida de su familia, como algo semejante a como escribió Horacio. Son retratos de su vida. Escenas muy concretas que él las convirtió en poemas. Los títulos lo dicen. Mira a su alrededor y va retratando lo que ve. Sobre la imagen de la portada pone una etiqueta que dice: Fragile.

Sí. Cuanto uno intenta contar o titular o decir de sus escenas personales lo tratará de disfrazar con una etiqueta que diga: «Esto no es», pero ahí lo digo… Por ejemplo: «Retrato, Huellas, Infancia, Niño, Libertad, La Ermita de Pan, Clara, Amiga, Mi Barrio, Ciudad X, Aljibe, Campo de Paz, Locombia, Luciérnaga, La Casa…

Sí, lo dice, con otras palabras y otro sesgo. Con otra mirada de su mismo ojo. «Huésped» parece una autobiografía. «Se me enseñó a ser apto para todo, excepto para ser yo.» Y luego hay otra fila de títulos y confesiones  en las que va pintando los estados o etapas de la vida hasta ahora. El pájaro rojo, El ciempiés alado, Hacedor de espejos, Escorpión negro, Fugaz presencia, Genealogía de los susurros y Burla y Fervor.

En Sol Mayor parece una pequeña línea de la medida de su vida: «Camino sobre el filo del sendero,/ olfateo la fragancia del abismo/camino con mis ojos vendados/una nota perenne me vigila».

Un poemario que se escribe y se lanza al mundo dice lo que quiere el poeta. En este momento del mundo alguien debe saber quién es y lo vislumbra. El poeta es una brújula para si mismo aunque la aguja lo hiera y le señale el rumbo. El título lo va marcando página por página. Su otro ojo lo delata.

Sí. Eso son los poetas de todos tiempos. Profetas de si mismos, envueltos en una mortaja que no advierten que es a su medida. Un escorpión negro parece que le va trazando su camino y lo recorre a su antojo.

Omar Toro, página por página y con el ojo de la poesía fue develando terrenos invisibles hasta ahora. Cuando cerró el último verso, con menguada memoria supo qué le saca el cansancio de sus huesos.

28-09-18                                5:30 p.m.

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