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CON EL DAS, NOS ACERCAMOS AL ESTADO ORWELLIANO

El domingo 1 marzo, 2009 a las 12:30 pm
Por Germán Ayala Osorio
Profesor Asociado y politólogo de la Universidad Autónoma de Occidente, Cali- Colombia

De forma azarosa el nuevo escándalo del DAS nos recuerda la novela 1984 de George Orwell, cuando reconocemos en la frase EL GRAN HERMANO TE VIGILA, elementos del proto-totalitarismo que se viene edificando en Colombia desde 2002.

En breve será posible reconocer a los agentes de la Policía del Pensamiento y la acción del Ministerio de la Verdad y de todas aquellas dependencias del estado orwelliano.

Que se vigile, se persiga y se viole la privacidad a quienes han tomado distancia del uribismo, de Uribe, del actuar del Gobierno y de los áulicos que aplauden a rabiar, no deja de ser una maniobra desesperada con el fin de acallar el pensamiento libre, propio de una democracia.

Distraen las autoridades a la opinión pública al señalar que mafias han penetrado las estructuras del DAS. Curioso que así sea cuando dicho organismo de inteligencia (¿Policía del Pensamiento Libre?) depende directamente del Presidente, a quien parece que se le salió de las manos el manejo del Departamento Administrativo de Seguridad. A un Presidente que ha demostrado dotes para la microgerencia, que se ocupa de todos los asuntos, cómo es posible que se le escape del control una entidad que está a su servicio.

Intentan los funcionarios del Gobierno aparecer como víctimas del tenebroso episodio, denunciado por una revista que desde hace un tiempo le hace oposición a Uribe. ¿Será que la célula mafiosa ‘chuza’ a altos funcionarios del Gobierno para distraer las investigaciones de una Fiscalía en la que no se confía plenamente, e intentar tapar de esta forma lo que podría ser un seguimiento aupado desde la Casa de Nariño?

Lo que se advierte con el escándalo de las ‘chuzadas’ es que el Estado colombiano está fragmentado y que no hay unidad de criterios alrededor de lo que significa poner en marcha las instituciones y la fuerza estatal en un régimen democrático en el cual se deben salvaguardar la libertad de prensa, de expresión y en general, el derecho a disentir, a criticar, a no estar de acuerdo.

Los poderes públicos enfrentados son la mejor expresión de la lógica polarizante con la que Uribe viene ejerciendo sus funciones como máxima autoridad administrativa y política dentro del Estado.

Recuérdese que aparecen intervenidos los canales de comunicación de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, especialmente aquellos que han defendido con fuerza la independencia de la justicia y la necesidad de avanzar en el esclarecimiento de la llamada parapolítica y yidispolítica.

Igualmente, hay que recordar el recio enfrentamiento del Presidente con la Corte, elemento que no sólo señala una evidente y peligrosa crisis institucional entre dos poderes, sino que se convierte en el potenciador de este tipo de maniobras, que bien pueden ser apoyadas por el propio gobierno, o por seguidores y simpatizantes de Uribe, convertidos hoy por obra de birlibirloque en mafias que operan con toda la legitimidad dentro del DAS.

Lo cierto es que hemos superado con creces las aciagas noches vividas durante la administración de Julio César Turbay Ayala, en lo que toca a vigilar y castigar a quienes no comulguen con el régimen.

Finalmente, con el estatuto de seguridad del entonces mandatario y con la política de defensa y seguridad democrática de Uribe los colombianos debemos aprender a que en cualquier momento nuestra forma de pensar y actuar puede ser entendida como un riesgo para la seguridad nacional.

Quizás lo sucedido con el DAS sea el primer paso para que el Partido Único (sumatoria de las agrupaciones Liberal, Conservador, de la U, Convergencia Ciudadana, Primero Colombia, y parte del PDA, entre otros) con el que sueña Uribe y José Obdulio, empiece a exigir total sumisión con la causa reeleccionista y en general con el llamado uribismo. Ya vendrán las torturas para exigir la sumisión de aquellos a los que ayer el DAS les intervino los teléfonos y los correos electrónicos. Qué miedo.

Termino con apartes de la novela 1984: “… EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las grandes letras, mientras los sombríos ojos miraban fijamente a los de Winston. En la calle, en línea vertical con aquél, había otro cartel roto por un pico, que flameaba espasmódicamente azotado por el viento, descubriendo y cubriendo alternativamente una sola palabra: INGSOC. A lo lejos, un autogiro pasaba entre los tejados, se quedaba un instante colgado en el aire y luego se lanzaba otra vez en un vuelo curvo. Era de la patrulla de policía encargada de vigilar a la gente a través de los balcones y ventanas. Sin embargo, las patrullas eran lo de menos. Lo que importaba verdaderamente era la Policía del Pensamiento.
A la espalda de Winston, la voz de la telepantalla seguía murmurando datos sobre el hierro y el cumplimiento del noveno Plan Trienal. La telepantalla recibía y transmitía simultáneamente. Cualquier sonido que hiciera Winston superior a un susurro, era captado por el aparato. Además, mientras permaneciera dentro del radio de visión de la placa de metal, podía ser visto a la vez que oído.
Por supuesto, no había manera de saber si le contemplaban a uno en un momento dado. Lo único posible era figurarse la frecuencia y el plan que empleaba la Policía del Pensamiento para controlar un hilo privado.
Incluso se concebía que los vigilaran a todos a la vez. Pero, desde luego, podían intervenir su línea de usted cada vez que se les antojara. Tenía usted que vivir -y en esto el hábito se convertía en un instinto- con la seguridad de que cualquier sonido emitido por usted sería registrado y escuchado por alguien y que, excepto en la oscuridad, todos sus movimientos serían observados”.

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