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Complejos, abstractos y absurdos

El jueves 27 diciembre, 2018 a las 10:41 am

Complejos, abstractos y absurdos

Complejos, abstractos y absurdos

Por Elkin Quintero

En esta época hay que entender el hecho de ser colombiano y saber que donde uno esté, el concepto nos conmociona y llena de felicidad; pero debemos clarificar algo, el panorama que se vislumbra para el 2019 es complejo, abstracto y absurdo.

Nos esperan días y noches de angustia por causa del IVA a los artículos de básico consumo; por una utópica ley de financiamiento; por una clase media en vías de extinción; por una serie de impuestos que solo favorecen a los poderosos; por el Fiscal y Odebrecht; por un fanatismo religioso y su fe ciega en mesías, profetas y apóstoles; por unas coimas en todos los espacios sociales; por unas elecciones que se avecinan saturadas de odios y rencores; por un salario mínimo absurdo y por un salario máximo risible; por un país divido entre ricos y pobres; por un duque sin rumbo y por una paloma sin alas; por una educación sin calidad y para los pillos; por un carrasquilla sin bonos y por un santos sin nobel; por un sistema de salud moribundo; por una infraestructura vial llena de puentes, grietas y peajes; por unos proxenetas judíos en tierra de inmigrantes palestinos; por las migraciones venezolanas a semáforos, plazas, parques y esquinas; por un futbol femenino en un campo masculino y grotesco y por uno que otro problemilla que será difícil solucionar con buena voluntad. Por todo anterior y más, el año por venir se vislumbra como un año lleno de complejidades.

En este orden de ideas, con frecuencia nuestra triste realidad aporta precisiones y verdades que el lenguaje puramente político o religioso no puede aportar. Es por ello que se debe ignorar este tipo de discurso y caminar en medio de la realidad para comprender mejor la calidad de vida que nos espera para el año nuevo; lo digo sin ánimo de entorpecer a eruditos económicos, gurús financieros, profetas e iluminados. En este sentido, la complejidad de poder sobrevivir en Colombia en este fin de año, se expresa de una manera distinta al lenguaje populista o proselitista y lo hacemos con ferias, cabalgatas, pólvora, comida y licor. Vaya si los colombianos somos multiculturales y multifacéticos.

Pero hoy, es imperativo favorecer el desarrollo de un pensamiento libre y crítico que le permita a cada colombiano una comprensión profunda de la realidad, es necesario motivar la investigación sobre la parte invisible de los conocimientos y fenómenos existentes en un país rico y poderoso y que por culpa de unos pocos es pobre y miserable. Por esta razón, a medida que avanza el tiempo, es nuestro deber dar respuestas satisfactorias acerca de lo complejo, abstracto y absurdo de los fenómenos que ocurren en nuestro territorio, y que no escapan a la mente inquisitiva de los seres humanos; debemos darle sentido y ser asertivos en aplaudir o censurar todos los planteamientos propuestos por un Gobierno que busca afanosamente dar respuesta a los nuevos interrogantes de la realidad colombiana, y que con leyes, decretos, embajadores, ministros busca desesperadamente satisfacer.

Es por ello que, debemos tener mucha sabiduría con la manera de asumir la complejidad en el año nuevo. Cierto, es muy difícil, sino imposible establecer dónde está el punto justo entre lo complejo, lo absurdo y lo abstracto de ser colombiano en un país polarizado; pero, en cualquier caso, muchos este fin de año la pasaran entre pólvora, licor, comida, abrazos y rituales y parecerá razonable seguir sosteniendo mentiras, engaños o resultados de encuestas engañosas en un país saturado de realismos mágicos.

Sin embargo, un absurdo no se revela por su existencia, sino todo lo contrario, porque crea y sostiene una determinada realidad que, con el tiempo, el poder o el dinero se convierten en la lógica de las masas. Más cuando el poder que sostiene un absurdo es tan desproporcionado que se alimenta desde arriba y desde abajo, de izquierda y de derecha y puede ir desde la cruz hasta el fúsil; y más cuando en ocasiones se alimenta y se defiende con la hipocresía de quienes se benefician del absurdo y peor al vivirlo con el fanatismo de quienes deben sufrirlo cada día, como si se tratase de una larga sed o de un aguacero interminable en una noche septembrina.

Es válido recordar que hoy Colombia es una metáfora que despierta una visión o percepción caleidoscópica y que por nuestro estado de embriaguez o estupidez la hemos convertido en una crónica de una nación ultrajada. Recuerdo que la metáfora literaria establece una comunicación analógica entre realidades muy alejadas y diferentes que permite proporcionarle intensidad afectiva a la inteligibilidad que aporta. Al provocar ondas analógicas, la metáfora supera la discontinuidad y el aislamiento de las cosas. Ya Morin (1999, p.95) señalaba que todas las obras maestras de la literatura lo fueron también desde lo complejo, lo absurdo y lo abstracto, y en ese orden de ideas, la revelación de la condición humana en la singularidad de un individuo fue bien trabajada por Montaigne; el juego de las pasiones humanas por Shakespeare, y la condena de lo real por lo imaginario por Cervantes en el Quijote.

Y, por último, pese a que el mundo nos conoce como seres complejos, abstractos y absurdos, poseemos peculiaridades que, a la vez que nos diferencian, nos unifican y nos vivifican. Invito a tener claro el punto en el que estamos para poder avanzar hacia aquel lugar al que queremos llegar.

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