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¿Cómo explicarles a los niños la paz?

El martes 8 diciembre, 2020 a las 1:48 pm

¿Cómo explicarles a los niños la paz?

Laura Isabel Mendoza Marín
Por: Laura Isabel Mendoza Marín

En el afán de proteger la inocencia propia de la niñez se cría a los niños dentro de una burbuja. Si no están ubicados geográficamente en un sector azotado por el conflicto armado interno que ha martirizado a Colombia durante más de medio siglo, es muy probable que crezcan dentro de la cápsula de la indiferencia, con más juicios que preguntas.

Es posible que hasta la adolescencia los niños no aten cabos y le den sentido a las historias que cuentan abuelos.

Sin embargo, al contrastar eso con la supuesta realidad colombiana mostrada a través los medios masivos de comunicación, los cuales se empeñaron en desconocer el conflicto armado interno al reducirlo a la lucha armada entre el Estado y grupos al margen de la ley, pueden comprender que crecieron con una idea parcializada del país en el que nacieron y percatarse que dichas historias no están compuestas de hechos aislados sin contexto.

La incapacidad del Estado de brindar condiciones básicas de bienestar para sus ciudadanos, es una de las principales razones por las que el conflicto armado interno se comportó de la manera que lo hizo.

Y no cabe duda que los niños además de ser impactados por el destierro, la violencia, la muerte y la desigualdad, fueron en su momento excluidos de la construcción de memoria y reconciliación por su condición de infantes; no obstante, ellos además de vivir en carne propia el conflicto, han demostrado a través de diversas intervenciones que tienen para enseñar sobre el amor, el perdón, el verdadero valor de la paz para el país.

Para explicar a los niños la paz es necesario hablar sobre la guerra, entendiéndolo como un concepto genérico para hablar de la barbarie. El legado histórico de nuestro país está manchado de sangre y el primer contacto que se tiene con esta realidad es transmitida de manera oral con las historias que comparten los familiares, pero he ahí la complicación cuando no se tiene una familia que esté empapada de la historia.

La firma del Acuerdo de Paz fue un espejismo que inundó los medios de comunicación pues, aunque promueve la finalización de la violencia directa, no garantiza la erradicación de la violencia cultural y la violencia estructural impuesta desde el establecimiento, en el marco de un Estado que no ha conseguido asegurar unos mínimos de seguridad y bienestar para sus ciudadanos.

Aunque las FARC-EP desalojaron las zonas históricas afectadas por el conflicto armado interno, sus disidencias y otros grupos armados se han apropiado de estas aprovechando que no existe una intervención por parte del gobierno en gestión ni las fuerzas armadas. Esta situación contribuye a la pérdida de la credibilidad de la sociedad en relación al Acuerdo de Paz y al proceso de implementación, pues esta inseguridad ha ocasionado que sigan presentándose asesinatos contra los líderes sociales y firmantes del Acuerdo de estas regiones.

El proceso de implementación de los Acuerdos tiene que asegurar la recomposición de la sociedad en términos sociales, económicos y políticos, pero si el gobierno de turno no tiene como prioridad los temas relacionados con la paz ni con el postacuerdo, según Alejo Vargas “el problema no es simplemente obtener las victoria aparente sobre el adversario, sino el desafío de la reconciliación posterior, que conlleva el reconocimiento del otro, no como un enemigo total, sino como un opositor con quien hay que convivir, a pesar de las diferencias sociales, políticas y proyectos de futuro”.

En ese sentido, se puede afirmar que no hay posconflicto en Colombia, pues al reducir la cuestión al simple acto de la dejación de armas y el fin de las confrontaciones bélicas entre el Estado y grupos armados al margen de la ley, no se pueden pasar por alto las disidencias que han surgido como respuesta al incumplimiento de los Acuerdos, al ELN, ni a la violencia sistematizada contra líderes sociales.

Es inconcebible pensar una sociedad sin conflictos y aunque se haya logrado el posconflicto armado con una de las guerrillas no se puede pasar por alto que existen otros grupos que siguen levantados en armas y apelando a la violencia por defender sus ideologías.

En ese orden de ideas, resulta complicado transmitir un concepto de paz a niños que en medio de su inocencia sienten y reconocen las desigualdades; por lo tanto, la idea es crear espacios de reflexión y debate para un público joven que tiene preguntas sin responder debido al miedo de los adultos de continuar una historia violenta.

“¿Hasta dónde hemos llegado que hasta por una bicicleta somos capaces de matar?”. Santiago, 11 años, Cali.

“Desigualdad social. La mayoría no se tiene en cuenta, la minoría controla el país”. Édinson, 14 años, Bogotá.

“Yo veo mi país con violencia, guerra, odio, peleas, ¿cuándo cambiará mi país?”. Fernando, 10 años, Mocoa.

Son algunas de los cuestionamientos o ‘piedritas en el camino’ que se encuentran en Yo quiero paz, reconciliación y un país lleno de amor, un libro que recoge las 614 propuestas de paz que enviaron niños y niñas a la Mesa de Conversaciones de La Habana, como parte del proyecto Construyendo paz de la Oficina del Alto Comisionado para La Paz y la asociación Fuente de Paz, con apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo -Usaid-, en el cual se ilustran las percepciones que tienen los niños de su territorio, la mayoría en medio del conflicto y la visión de cómo los más pequeños pueden contribuir a la paz en Colombia.

Así como describen con frases crudas las sensaciones negativas que perciben alrededor de la guerra, también son capaces de plantear soluciones y puntos clave para llevar el país hacia la paz y la reconciliación.

Explicarles a los niños la paz es una tarea compleja que debe empezar por inculcar en ellos el amor y el sentido de pertenencia por la patria. O como escribió Alfredo Molano en su libro Cartas a Antonia: “Entender nuestra historia, mirar el mundo y sospechar el universo”.

Se debe comprender que para que el posconflicto en Colombia sea una realidad hay que considerar cambios radicales que permitan satisfacer las necesidades que fueron causa en principio del inicio del conflicto armado colombiano, pues actualmente se puede decir que únicamente hay disposición de llevar a cabo el postacuerdo que, por cierto, presenta fallas debido a la falta de compromiso por parte del gobierno en gestión y las antiguas FARC-EP. Asimismo, supone un reto la reconstrucción social, política y económica del país y se debe apuntar a crear una ruta para la finalización de la confrontación bélica al presentar alternativas de diálogo que beneficien a la sociedad y al país.

La educación de los pequeños es la principal y prácticamente única arma que se puede emplear para que ellos hagan parte de la reconstrucción de la memoria histórica y no corran el riesgo de replicar el dolor, la desilusión y la desesperanza que ha acechado a las últimas generaciones de colombianos.

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Bibliografía

ACNUR (2013). Te cuento mi historia. Palabras y dibujos de niños colombianos refugiados en Ecuador.
Alto Comisionado para la Paz (2015). Yo quiero paz, reconciliación y un país lleno de amor.
Molano Bravo, A. (2020). Cartas a Antonia. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá, Colombia. ISBN: 978-958-5549-51-7.
Vargas Velásquez, A. (2002) El posconflicto armado en Colombia: la posibilidad de consolidar la democracia.

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