Miércoles, 23 de septiembre de 2020. Última actualización: Hoy

Colombia inhumana

El miércoles 16 septiembre, 2020 a las 4:24 pm
Colombia inhumana

Colombia inhumana

Colombia inhumana

Las palabras pueden tener una apariencia apocalíptica.

Galtung

A través de la historia colombiana, la violencia puede ser vista desde dos perspectivas; la primera, una privación de los derechos humanos fundamentales, en términos más genéricos hacia la vida, la búsqueda de la felicidad y prosperidad. La segunda, una disminución del nivel real de satisfacción de las necesidades básicas (trabajo, educación, salud y vivienda) por debajo de lo que es potencialmente posible.

La violencia nos ha dejado marcas no sólo en el cuerpo humano, sino también en la mente, en el espíritu y en la economía. Este tipo de huellas, pueden ser consideradas como partes de la explotación, o un refuerzo del aparato de dominación del sistema político, económico y religioso. Funcionan desde hace décadas con el fin de impedir la formación de la conciencia y la movilización sensata.

En nuestro país, el adoctrinamiento, mediante la implantación de élites o personajes creadores de opinión dentro de la parte más débil de la pirámide social ha sido la clave; por así decirlo, en combinación con el confinamiento, el miedo y las mentiras, han logrado manipular la percepción de la ciudadanía con una visión muy parcial y sesgada de lo que sucede, adormeciendo el sentimiento del reconocimiento personal y el sentido de la dignidad, evitando la formación de conciencia.

Los recientes eventos, han dejado en evidencia que somos parte de una sociedad alienada; la religión, la política y algunos medios de comunicación han movilizado todos los factores externos, sociales, económicos y culturales para desmotivar, limitar y condicionar la libertad personal y colectiva de la sociedad colombiana. Mientras, una ira arrasa todo a su paso, el coletazo tanto en dinero como en esfuerzos; la ironía es total; el costo debe asumirlo el pueblo.

Nuestra sociedad se ve inmersa en una encrucijada. Muchos de sus actores combinan sus fuerzas y esfuerzos para provocar la desintegración del tejido social, mientras otros, luchan por evitar que una errática cohesión se transforme en una movilización de insensatos.

En este sentido, Johan Galtung advierte que tanto la violencia directa como la estructural son generadoras de ansiedad y desesperación cuando el orden establecido se ve desafiado. Aunque, esto sucede súbitamente y se traslada a un grupo, a una colectividad, tenemos un trauma colectivo que lo envuelve todo y que puede sedimentar en el subconsciente grupal y se convierte entonces en la materia prima para los principales procesos y acontecimientos históricos. Sin embargo, en Colombia, el traumatismo social rápidamente ha sido transformado en caos.

La suposición concomitante es simple, “violencia engendra violencia”. La violencia es la privación de los derechos fundamentales, una seria cuestión; una reacción es la violencia directa. Pero, esa no es la única posibilidad. También, podría haber un sentimiento de desesperanza, un síndrome de privación-frustración que aparece en la parte interior del sujeto o del colectivo y que es exteriorizado en forma de apatía, abandono e insensatez.

En el tránsito del 2020, varias situaciones nos han puesto a elegir entre ser parte activa de una situación de violencia en ebullición o una sociedad en estado de hibernación y apática como reacción a un ámbito de grandes necesidades y depresión o una colectividad culta que resuelve sus diferencias desde el dialogo y la concertación. Es en este punto, donde la burbuja se rompe y deja en evidencia que somos una nación atrasada y no por herencia, sino por la escasa educación, salud, cultura y recreación.

Por último, las diferencias entre el yo y el otro pueden ser utilizadas al justificar la violencia contra las personas; cualquier cadena causal puede ser la excusa en el uso de medios violentos. Es posible que, a su debido tiempo, como sociedad nos veamos abocados a confeccionar algunas contribuciones en el espíritu de la diversidad, la simbiosis y la equidad al construir verdaderos escenarios para la paz y la convivencia.

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