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Colombia es país de escándalos e impunidad

El miércoles 8 septiembre, 2021 a las 4:37 pm

Colombia es país de escándalos e impunidad

Alfonso J Luna Geller

Los colombianos somos vapuleados sistemáticamente por perversos escándalos, todos encadenados al poder político que ha asumido el control del Estado.

Los rufianes, vestidos de gobernantes, manipulan los recursos públicos, el dinero de todos los ciudadanos, como si fuera prodigiosa e infinita caja menor para “invertir” de manera excluyente en familiares, amigotes o en financiadores de campañas, ignorando, obvio, los méritos y aptitudes de personas capaces en la gestión pública. Es lo que menos importa. “Para eso ganamos las elecciones, no podemos gobernar con el “enemigo”, se justifican.

Y no les basta. Tienen que acudir a otras fuentes de enriquecimiento, ilícito, claro, como a los fabulosos recursos que deja el narcotráfico. Por eso, algunos de sus gestores también son empoderados en embajadas, con contratos, o en otros cargos de decisión, a través de suplantadores o «testaferros» que les esconden la “chapa” y les cuidan las espaldas, en simultánea con el apoderamiento de las entidades de control y justicia que les garantizan impunidad.

Por esta “triangulación” que existe en la administración de lo público es que se ha demostrado que Colombia es un “Estado fallido”. Se perdió la confianza en las instituciones, y, en consecuencia, la criminalidad es cada día más floreciente, pero no los inmuta nada.

Por ejemplo, desafiando a la opinión pública, como un reto, nombran al famoso Carrasquilla, el provocador del Paro Nacional 2021, como codirector del Banco de la República. Otra prueba de que en Colombia se perdió la capacidad de asombro y la de reacción está desgastada, es apenas coyuntural.

Es que desde el principio se aceptó servilmente la denominada ‘ñeñepolítica’ en la campaña presidencial de Duque, igual que la “tragedia familiar” de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y sus relaciones con el narcotraficante ‘memo fantasma’. ¡Normal!

Desde ahí, se volvió corriente el asesinato de líderes, los perfilamientos a periodistas, políticos y defensores de derechos humanos, y los “casos aislados”, como el bombardeo a un campamento en el que había menores de edad y la violación de varias menores por cuenta de soldados de las FF.MM., para no hablar de las “manzanas podridas” de la Policía.

No habían apagado el incendio provocado por los 70.000 millones de pesos perdidos del Mintic, cuando surgen otras irregularidades en un convenio por $25 mil millones suscrito por el Área Metropolitana de Barranquilla y el Fondo Único de las Tecnologías del Ministerio de las TIC.

Al otro día aparecen nuevas revelaciones de los excapos del cartel de Cali por su participación en la administración pública, mediante financiación de las campañas a la presidencia que resultaron triunfadoras, tanto la liberal como la conservadora, y aflora un “entrampamiento criminal” en el que se acusa al expresidente Pastrana de ser el “jefe de una conspiración delincuencial para defraudar al Estado en varios millones de dólares”.

En este novedoso escándalo también resultó comprometido con el narcotráfico el actual embajador de Colombia en Argentina. Y no olviden que otro embajador de este gobierno uribista resultó ser el dueño de una narcofinca en Cundinamarca.

El peor daño que han hecho estos seudogobiernos, legados por sus protagonistas a otros de los suyos, es erigirse ya “retirados”, sin autoridad moral, en “mentores de la honestidad y la ética”. Eso se creía Pastrana, y se cree Uribe…

Entonces, se dedican a fomentar esa “cultura” de la insensibilidad, adormecedora de espíritus y devastadora de la facultad reflexiva del común de las personas, que les permite manipular las decisiones electorales y garantizarse la permanencia y el control político en manos de las mismas mafias.

En la fugaz coyuntura electoral colombiana, siempre gana quien, con el dinero ilícito, y las mejores “jugaditas”, sepa manosear masas humanas, que no perciben el burdo automatismo al que son sometidas.

Pasan las elecciones y renace entonces un nuevo ciclo de escándalos, que pasarán a engrosar los mamotretos jurídicos ineficaces que colman los necios despachos judiciales, a su vez, sostenidos por el mismo presupuesto público objeto de la corrupción.

Seguirá entonces girando la ruleta sobre muchedumbres quejosas y protestantes, pero inconscientes e ignorantes de su responsabilidad social, mientras las vuelven a sacar a votar por sus verdugos… Y así sucesivamente.

Lo grave es que no creo que en estos cortos meses que faltan para elegir un nuevo gobierno hayan cambiado las condiciones mafiosas ni la cultura popular. No veo claro el futuro… además, tengo amigos felices con esta situación. Me regañan cuando critico la anarquía y la corrupción. No los entiendo. Y no los entenderé, porque no hacen parte de los “privilegiados” sino, precisamente, de las víctimas, como todo el pueblo desgobernado.

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