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Colombia: Entre la corrupción y el proceso constituyente

El jueves 16 mayo, 2024 a las 3:41 pm
Colombia: Entre la corrupción y el proceso constituyente
Colombia: Entre la corrupción y el proceso constituyente
Foto: Razón Pública

Colombia: Entre la corrupción y el proceso constituyente

Fernando Dorado Gómez

Meses antes de que el presidente Chávez perdiera el referendo de 2007, el prestigioso general Alberto Müller Rojas le dijo en público al mandatario bolivariano que “estaba sentado en un nido de alacranes”. Más adelante, en 2008, el diputado Luis Tascón denunció la corrupción que se estaba presentando y enquistando dentro del gobierno de Venezuela. 

Chávez no les hizo caso. A Tascón lo hizo expulsar del PSUV y al general lo desconoció durante un tiempo. La alerta sirvió luego para descabezar al general Raúl Baudel, pero no tocó para nada a la “boliburguesía” que surgió dentro de la “revolución bolivariana”. Sólo años después el líder venezolano pudo constatar la verdad y hacerse consciente de esa realidad. Posiblemente somatiza ese conflicto y tragedia personal en la enfermedad que lo llevó a la muerte. 

En el caso del presidente Petro en Colombia podemos decir que “está sentado en un nido de ratas y víboras”. La naturaleza del Estado colombiano, el carácter de las alianzas que lo llevaron a ser gobierno y la debilidad de las organizaciones políticas que dicen ser “progresistas” y/o de izquierdas, sirven para sustentar esa afirmación. Las “ratas” ya empezaron a sacar la cabeza y la cola (caso de la UNGRD) y las “víboras” conspiran desde adentro y desde fuera contra el gobierno. 

La naturaleza del Estado colombiano es colonial y capitalista. La herencia española y “chibcho-yanacona”, cortesana, leguleya, “santanderista”, es la que hace creer que la Ley es la principal herramienta para cambiar la realidad. Es el “fetichismo de la ley” que en Colombia es toda una religión y base del burocratismo más aberrante. Y por ello, el capitalismo que se desarrolló en Colombia es parasitario, extractivista, especulativo, rentista, y en general, atrasado en todo sentido, en donde las mafias y los corruptos encajan absolutamente con la oligarquía financiera dominante. 

El carácter de las alianzas que en una primera instancia eran necesarias para acceder al gobierno, a pesar de las buenas intenciones de Petro, fueron evolucionando hacia el compromiso condicionado y hacia la componenda a espaldas de la sociedad. Aunque algunas de esas alianzas se han roto por efecto de la lucha por las reformas sociales (salud, pensiones, laboral), lo que se observa es que en gran cantidad de entidades del Estado continúan mandando las viejas castas corruptas y politiqueras que buscan toda clase de resquicios para continuar robando y esquilmando las arcas públicas. 

Y la debilidad de las organizaciones políticas del Pacto Histórico que, en su práctica real, se parecen mucho a los partidos tradicionales, en donde las dinámicas democráticas y participativas son precarias y “lo electoral” es lo que aglutina y “centraliza”, es lo que permite entender que Petro no cuente con “contrapesos organizados” y que dentro del gobierno no exista una dinámica de debate ideológico, de creación colectiva, de controversia constructiva y planeación democrática. Todo gira alrededor de la iniciativa personal del “líder”, que a veces parece estar cómodo en ese papel pero en otros momentos llama a “que no lo dejen solo”.  

Las “ratas” como Olmedo López y Sneyder Pinilla sólo están esperando la oportunidad para robar. En todas las entidades existen ese tipo de personajes que no necesitan hacer mucho. Antes de convertirse en “petristas” ya habían “hecho escuela”, conocían por dentro el entramado de corrupción que existe desde hace mucho tiempo en el Estado colombiano en donde los verdaderos protagonistas son los contratistas (de todos los tamaños), y sabían cómo infiltrarse en los “partidos políticos” que se han convertido en verdaderas “compraventas” de avales. 

Uno de los partidos más corruptos que surgió en las últimas tres (3) décadas es la Alianza Social Independiente ASI (antes Alianza Social Indígena) que ha avalado a gentes como el llamado “Manguito”, y que en el actual escándalo de la UNGRD aparece siempre en alguna instancia o alianza sobre la cual llegó o se recomendó a alguno de los personajes comprometidos. Y tanto “verdes” como los partidos y grupos que hacen parte del Pacto Histórico no están exentos de esas prácticas politiqueras, clientelistas y corruptas. Es por ello que esos partidos no son instrumentos válidos para impulsar un “proceso constituyente de nuevo tipo”. 

Las “víboras” son más peligrosas porque son taimadas y ladinas. Han hecho carrera política en diversos partidos tradicionales, de “centro” y “alternativos”, pero a diferencia de las ratas que tienen como único objetivo el de robar, estas criaturas van por la cabeza. Se han ganado el favor y hasta la lealtad del “presidente”, ya sea por amistad, conveniencia o simpatía política, pero estando en las “alturas del poder político” empiezan a acariciar la idea de heredar el liderazgo y todo lo que ello implica. Y, en ese nivel están dispuestos a todo. Por ello, hay que cantar la alerta con tranquilidad, sin caer en la obsesión conspirativa, pero hay que hacerlo con firmeza y franqueza. La mayoría sabe quiénes son.

El “proceso constituyente” y los obstáculos reales 

El diagnóstico elaborado por el presidente Petro sobre el “golpe blando” y el bloqueo institucional y mediático es correcto. Su llamado a desarrollar un “proceso constituyente” que sirva para “empoderar al pueblo” y avanzar hacia una “Democracia Real”, es coherente con ese diagnóstico y es una decisión justa y necesaria. Sin embargo, sólo lanzar la idea y proponerle al pueblo que se organice en “asambleas populares” no es suficiente. 

Dos son los principales obstáculos para avanzar por el camino propuesto por Petro. El primero, consiste en que el gobierno no se ha trazado la tarea de ampliar su base social, limitándose a llegarle a los sectores que le votaron en las elecciones. Además, su tendencia a priorizar políticas asistencialistas (subsidios improductivos) y hasta cierto punto paternalistas, le generan rechazo en sectores del “precariado profesional” y de los pequeños y medianos productores (urbanos y rurales) que esperan otro tipo de políticas para fortalecer sus economías productivas. 

El segundo, tiene que ver con la corrupción político-administrativa y las alianzas con los políticos tradicionales. Amplios sectores de la población colombiana, muchos de los cuales votaron por Rodolfo Hernández, creían que Petro iba a romper totalmente con ese tipo de prácticas políticas y, la verdad es que, en muchas áreas de la administración pública se nota un manejo poco técnico, nada meritocrático y sí muy politiquero y clientelar. Casos como los de la Cancillería, el SENA, Bienestar Familiar, la misma UNGRD y muchas otras, no son inventos de la oposición o de los medios de comunicación, sino una aberración completa, impresentable y que baja la moral del pueblo.      

Cualquier intento de fortalecer el poder constituyente requiere de salvar esos obstáculos. El primer obstáculo implica abrir un debate dentro y fuera del gobierno sobre su estrategia política. ¿Es posible convocar y ganar un “referendo constituyente” apoyándose sólo en los sectores populares más vulnerables y en las organizaciones sociales tradicionales? ¿Acaso no tenemos diversas experiencias de referendos derrotados tanto en Colombia (Uribe, 2002) como en países vecinos, incluso con gobiernos más fuertes que el nuestro? (Venezuela, 2007; Bolivia, 2016; Chile, 2022 y 23).  

El segundo obstáculo es más sencillo de salvar, pero requiere de voluntad política y de un trabajo de carpintería que efectivamente le entregue “poder al pueblo”. Se trata de romper definitivamente con las prácticas políticas que Álvaro Gómez Hurtado llamaba del “compromiso y la componenda”, que es el caldo de cultivo de la corrupción político-administrativa. O sea, se debe acabar con el “nido de ratas y de víboras”, hay que echarle candela y exterminar (política y pacíficamente) todo ese tipo de bichos que desprestigian y debilitan la imagen y la gestión del gobierno progresista. 

Y al hacerlo, el gobierno debe crear condiciones inmediatas para que todo contrato, toda obra, toda inversión, por más grande o pequeña que sea, cuente ‒de hecho‒ con efectiva participación popular y comunitaria, con “dientes” no solo para controlar sino para intervenir en todo el proceso de ejecución (licitaciones, cotizaciones, compras, proveedores, etc.). Existen numerosas experiencias en las regiones y territorios de cómo hacerlo, sólo que el “gobierno del cambio” no escucha, no aprende todavía del pueblo, no se fija en los detalles y en “lo cotidiano”. A veces los “grandes cambios” nos enceguecen y no nos dejan ver “lo pequeño”.    

Los movimientos y organizaciones sociales en vez de estar convocando “asambleas nacionales” deberían abrir el debate por las redes, publicar escritos, difundir ideas, identificar los problemas, sacar a la luz las dificultades, etc. No tapar nada ni a nadie. Es necesario aterrizar a Petro, no para que “se modere” sino para que se radicalice de una forma efectiva y en la tarea central del momento: “Gobernar de una nueva manera”, “gobernar y ejecutar los proyectos con participación real de la gente”, para lo cual no se requiere cambiar ni un solo artículo de la Constitución. 

Es la única forma de enfrentar de verdad la corrupción y, a la vez, ir empoderando al pueblo en los hechos. Lo demás, es un buen discurso y una extraordinaria retórica, pero totalmente inservible e inútil. Hechos de cambio, hechos de verdad, hechos que duelan y golpeen a todo nivel, incluso, hechos que “sacuden” a muchas de las organizaciones sociales que han pelechado en ese tipo de prácticas corruptas, politiqueras y clientelares. ¡Sólo con un remezón a fondo en las costumbres políticas podremos impulsar y fortalecer un verdadero “poder constituyente”! 

¡Todo es posible!

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