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Coletazos de la corrupción: la Panamericana en el Cauca, convertida en una trocha

El jueves 16 febrero, 2017 a las 4:47 pm

Denuncia ciudadana

Por Alfonso J. Luna Geller

Como un desafío o un reto a los usuarios de la vía Panamericana en el departamento del Cauca, ha sido calificado el sistemático incumplimiento para ejecutar el mantenimiento de la capa asfáltica, por ejemplo, del sector comprendido entre el corregimiento de Pescador, jurisdicción del municipio de Caldono, y el de La Venta de Cajibío, y la falta de señalización vertical y horizontal en otras partes, por parte de Nuevo Cauca, la empresa responsable, concesionaria de la construcción y explotación económica de la vía actual y doble calzada Popayán-Santander de Quilichao.

De acuerdo con las versiones conocidas por Proclama del Cauca, expresadas por dirigentes cívicos de la región, el citado tramo de la principal vía del suroccidente colombiano, presenta numerosas perforaciones que pueden causar accidentes de tránsito y que atentan contra la imagen de la región y el flujo turístico, comercial e industrial, y por consiguiente, impactando negativamente la economía regional.

Otro asunto grave que ha sido criticado en diversos escenarios es el retraso en las obras viales entregadas a la concesión, teniendo en cuenta que el Cauca es uno de los departamentos más azotados por la violencia, y que preparándose para el posconflicto, debería tener otras perspectivas y no aquellas que traen en sí mismas el flagelo de la corrupción.

Como lo ha venido explicando detalladamente esta red de medios de comunicación, en el Cauca las evidencias de no cumplimiento y retrasos en la ejecución de las obras certifican, precisamente, el regreso de la plaga citada, pues las obras, que tienen un plazo de construcción de cinco años, debían iniciarse en septiembre de 2016, y en vez de iniciar las nuevas obras y mejorar la vía actual, el deterioro de la vía se viene acrecentando día a día, a cambio de la reconocida estrategia de aplazar compromisos mientras se utilizan los recursos públicos en asuntos diferentes a los contratados.

 

 

No es sino recordar que en 1998 el Instituto Nacional de Vías adjudicó una concesión a la Malla Vial del Valle del Cauca y Cauca por 400 millones de dólares, organización de los mismos dueños de “Nuevo Cauca”. Se concedió aunque se hubieran denunciado irregularidades en el proceso de selección. “Coincidencialmente” el anuncio de la concesión a los Solarte por catorce años y medio, fue hecho por el ministro del Transporte de aquella época, Mauricio Cárdenas Santamaría, en el gobierno de Andrés Pastrana, cuando simultáneamente enfrentaba el escándalo de corrupción Dragacol que tampoco cumplió con contratos billonarios, por lo cual aquel ministro fue declarado responsable solidario, pero posteriormente la decisión fue revocada por la Corte Constitucional. Cárdenas Santamaría es el mismo que había sido ministro de Desarrollo Económico en el gobierno de César Gaviria, y ministro de Minas y Energía de Juan Manuel Santos; el mismo que hoy es ministro de Hacienda y Crédito Público, el promotor de la reforma tributaria. ¡Ministro profesional, de cualquier cosa, en cualquier tiempo!

Lo que no se entiende es que a pesar de tanto incumplimiento, en agosto 9 de 2006, el gobierno de Uribe amplió de 14 años y medio a 54 años la concesión a la Malla vial del Valle del Cauca y Cauca, representada por Carlos Alberto Solarte Solarte. ¡Todo muy legal!, menos para el presidente Santos que también se sintió defraudado.

“Nuevo Cauca”, de CASS, asumió la concesión de la doble calzada Popayán – Santander de Quilichao para mostrarnos, de primera mano, lo que hacen con el pueblo colombiano y con las vías, a pesar de las denuncias que hacen curso ante la Fiscalía y la Contraloría, entidades que les investiga graves hallazgos fiscales con incidencias penales y disciplinarias, por presunto detrimento para la Nación, calculado en $7 billones.

Ellos mismos (CASS) también aparecen como protagonistas a la sombra del dossier Odebrecht, en lo de la Ruta del Sol Sector II, escándalos en los que juega un papel de no menor categoría otro caucano, el ingeniero payanés Juan Manuel Martínez Paz, como socio director de Bonus Banca de Inversión SAS, quien justifica las “comisiones de éxito”, aquello que otros llaman “coimas”, y que además ha tenido negocios con el condenado empresario Guido Nule, en otros procesos licitatorios. Martínez Paz apareció en las investigaciones citadas a la Unión Temporal Malla Vial Valle del Cauca, en el negocio que permitió ampliar la concesión hasta el año 2054. Es más, este ingeniero antes había desempeñado en un puesto clave en el Inco: subgerente de estructuración de proyectos.

Ahora ronda el sistema por el Cauca, pero no para ejecutar las obras dentro de los plazos y en las condiciones pactadas sino para permitir las evidencias que hoy padecen quienes hacen uso de la vía Panamericana en la región, y de acuerdo con el historial, proyectarnos a otros 50 o más años de martirios y pago de peajes, porque para eso han demostrado contar con el poder político y judicial.

¡Bienvenidos al futuro!, dijo uno de los que nos ubicó en este presente y que todavía tiene poder para repetirlo.

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