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Miércoles, 18 de septiembre de 2019. Última actualización: Hoy

Ciudades, opulencia y miseria

El viernes 14 junio, 2019 a las 4:26 pm
Ciudades, opulencia y miseria

Ciudades, opulencia y miseria

Las ciudades andan de la mano de la miseria y la opulencia, el desperdicio y el ahorro, el vandalismo y la tranquilidad. Se mueven pesadamente entre noches de violencia, intimidación y crimen, con un saldo convulso originado por la pobreza y el terremoto social.

Los pobres sobreviven en estadios de polvorines humanos; en pistas donde se disputan el pan a dentelladas, corriendo detrás de las oportunidades ofertadas para mantener el arsenal de la desigualdad social.

Ciudades que desde hace siglos no han encontrado su destino. Ciudades encubiertas en la indigencia y la penuria, consumiendo estupefacientes para paliar la injusticia y el hambre. La educación le ha sido negada por el Estado, no por sus padres de familia.

Las calles son fronteras y barricadas desde las cuales se observan los dioses digitales guiando el fleteo, el hurto y el raponazo.

Los enfermos de la pobreza, la miseria moral y el abandono observan en las pantallas la voracidad billonaria de los afortunados que pasan por los juzgados haciendo la V de la victoria y reciben reconocimientos por sus despojos al erario.

Ciudades emprendedoras de violencia, sin jefes ni horarios, emporios de violencia, depósitos de hampones, matones y malhechores que duermen tranquilos después de consumar sus crímenes.

Ladrones que se reparten el botín a carcajadas, celebrando desde los grandes atracos hasta el fleteo, el escalamiento, el hurto y la rapacería callejera como un triunfo contra la seguridad ciudadana.

Apetito del crimen rondando las zonas urbanas y suburbanas, codicia y lujuria ofertadas por la democracia social en los altos y bajos fondos.

Nudos de miseria, infortunio y desdicha que no desenreda el brillante Estado Social de Derecho, donde los enajenados del crimen ofician sus rituales del rencor social.

¿Quién les garantiza a los desadaptados mantener un nivel de vida necesario para participar como miembros plenos de la sociedad, trabajo, educación y vivienda dignos, o una indemnización que cubra su desocupación?

No saben, los infortunados, que donde hay grandes propiedades hay grandes desigualdades. Tampoco saben que la pobreza no es un estado natural del ser humano, sino una institución social establecida por las estructuras de poder, como para participar en los cambios. Generaciones hipotecadas al crimen.

¿Ciudades civilizadas? No. Ciudades deslumbradas por la seducción del robo. Cadenas de humildes que han caído en el libertinaje y la degradación; la de quienes viven al azar, víctimas de la fatalidad, del “destino” y abrumados por la infelicidad. Hampones favorecidos por la riqueza y hampones que sobreviven en la miseria.

Es el resultado de sociedades desiguales que glorifican el despojo, que sabotean el orden social, que corrompen la moral con el ejemplo de los corruptos, que tornan en admiración los muladares de la vergüenza, que han hecho del pan y la justicia un privilegio que solo cosechan los privilegiados del oro y del poder.

En Los Ángeles, New York y a las ciudades latinas se puede lanzar una bomba atómica a la cabeza de un alfiler -sistemas que aúllan bienestar-, pero no se puede derrotar el hambre en los extramuros de la iniquidad, porque la codicia, la ambición, la voracidad y la concupiscencia son los pistones que empujan las estructuras inhumanas de la sociedad.

Salam Aleikum

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