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Miércoles, 23 de mayo de 2018. Última actualización: Hoy

CIRCULO VICIOSO

El lunes 12 febrero, 2018 a las 2:51 pm

CIRCULO VICIOSO

No es dialéctico persistir en los mismos hechos, no ofrecen salud mental, sino un ensimismamiento que termina produciendo lo mismo.

Es el caso del departamento del Cauca, el cual nos ayuda a explicar el cometido, históricamente el departamento más violento de Colombia, donde la espada hizo presidentes a José María Obando, Tomas Cipriano de Mosquera y José Hilario López, los cuales imponían su voluntad a punta de guerras civiles.

Tales personajes, afortunadamente progresistas, a los cuales la historia de Colombia a más de darles la razón, sale a deberles, no solo por el sentido de rebeldía apoyando las minorías, sino, por el mismo bienestar del Cauca o sea las 3/4 partes de Colombia en aquel entonces, que pretendían constituciones conservadoras.

Por aquellos tiempos existía un señor Julio Arboleda, intelectual y poeta, quizás el hombre más rico de Colombia, guardadas proporciones, en todos los tiempos, se trataba de un hombre acaudalado, conservador y dirigente, que se alineaba siempre con sectores esclavistas, estilo Rafael Núñez en Bogotá, además de realistas regados en todo el territorio nacional, pretendientes en prolongación de la esclavitud, así fuese con otro nombre, o la injerencia de la Iglesia en cuestiones de la educación y del Estado.

Cuenta la historia que Julio Arboleda tenía más de mil quinientos esclavos al momento de José Hilario decretar la libertad de los mismos, los cuales trabajaban en sus haciendas en todo el Valle geográfico del río Cauca y sus minas de oro en el Chocó, como también en el Pacifico Sur: Timbiquí y Barbacoas. Era tan poderoso, que el barrio central de Cali, donde se encontraba la nobleza realista, era casi todo de él.

Las cruentas guerras civiles a lo largo del siglo XIX.

Son testigos de esa inaceptables guerras entre hermanos que se proyectaron hasta el siglo XX con la rebeldía en el mismo sentido de Obando y los otros con el general Uribe Uribe, muerto a hachazos en el Capitolio, o el guajiro negro Robles, perseguido por liberal y por negro, desde luego pretendiendo una Colombia incluyente, sucediéndole lo mismo a las traicionadas guerrillas liberales del Llano, para dar paso a los lamentables magnicidios a mediados y finales de siglo XX como los de Gaitán, muerto a tiros en la séptima en Bogotá, a más de una pléyade de inteligentes y progresistas aspirantes a la presidencia, por mencionar uno, Luis Carlos Galán, todos liberales o de izquierda, pensadores por un pueblo marginado, los cuales fueron igualmente ultimados, por la misma razón que mataron a Uribe Uribe y su política incluyente.

Siempre se trata, en esta cadena de enfrentamientos, de terminar “una determinada guerra civil de las tantas que ha tenido Colombia”, posteriormente se empieza a preparar la otra, cuando sectores ultra conservadores creen que a través de la guerra sucumben los reclamantes, esto lo hacen prevalidos del poder que casi siempre ostentan o tienen y utilizando como prolongación inmediata de sus armas a los sectores más reaccionarios de la población, los cuales inician su belicosidad regando su credo de muerte: matando líderes sociales o campesinos, reclamadores de tierra, lo cual va escalando el conflicto, poco a poco hasta el límite, cuando aparecen sectores pequeño burgueses a contestar, y así, se inicia otra guerra, la cual empieza llamándose con eufemismos : “Que es una amenaza terrorista”, que solo son unos bandidos, hasta que años después, mamados de la guerra que ni se gana ni se pierde, ni siquiera se empata, sino que deja dolor y dolor, terminamos por hacer un acuerdo de Paz, pero pretendiendo solo hacer un apaciguamiento, sin tocar los verdaderas causas de la guerra, o si las sabemos pretendemos desvirtuarlas a través de huevos y piedras, contra los protagonistas inmediatos de la guerra, resultando con esta temeraria y estúpida acción: preparar el camino para el desconocimiento de los acuerdos, así incurramos en felonías y perfidias, motores suficientes para incentivar o preparar el inicio de una nueva guerra civil.

Pero etimológicamente esto se llama círculo vicioso.

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