Martes, 22 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

CEPEDA-URIBE: “FURIA DE TITANES”

El miércoles 9 octubre, 2019 a las 3:39 pm

CEPEDA-URIBE: “FURIA DE TITANES”

CEPEDA-URIBE: “FURIA DE TITANES”
Por Julio César Espinosa*

La atomizada izquierda colombiana sufre de patatús mastoideo, ceguera cardiaca, síncope diarreico, autismo granuloso y trombosis ensoñativa, enfermedades estas que la acercan mucho al ámbito de Corín Tellado o cuando menos, al marmoliano romanticismo, es decir, este es el globo sin lastre que difumina sus proyectos hacia las nubes o sea al reino de lo ideal.

No es sino oír los discursos inflamados del nieto de Gurropín, antes de salir elegido alcalde de Bogotá, para convencerse de dos cosas. Primera, que el izquierdismo es una dolencia psíquica, un trauma originado en problemas de infancia; por ejemplo, haber tomado teteros simples, leche con agua o usado chupos demasiado grandes. En este último caso, los izquierdosos se acostumbran a mamar de la dulcísima leche del Estado y si gritan “¡Fuera, fuera, fuera el imperialismo yanqui”, no es por amor a la patria sino a la teta de la que chupan. Segunda, que “en el corazón de todo izquierdista anida la larva de un dictador”, como me dijo un día on line Omar Lasso Echavarría. La frase me impactó de tal manera que me obligó a estudiar sesudamente biografías de grandes líderes de izquierda.

A título de ejemplo, leí que a la temprana edad de 18 años, por orden de su papá, Gilberto Viera administraba una venta de mango viche. “Es para que vayas cogiendo experiencia en administración de empresas”, le advirtió. El supermamerto fracasó sin pena ni gloria porque desatendía el negocio mientras se la pasaba soñando y ensayando frente al espejo gestos, poses y gritos de paladín.

Muchos recuerdan muy bien al petulante de José Jaramillo Giraldo, cuarenta años atrás, cuando tocando con la punta del dedo su reloj Mido Multifort de 45 rubíes, y fantaseando en público con el rincón de este sangriento planeta donde quería ser dictador, afirmaba: “Antes de diez años el planeta entero será socialista”.

Lo mismo le había dicho Krushchev a Kennedy allá por 1.961– palabras más, palabras menos—en célebre reunión de ocho horas en Viena, donde el ucraniano tuvo indicios de paroxismo egoico y síndromes de diarrea verbal durante siete horas y cuarenta y cinco minutos, mientras el atónito sacrificado de Dallas permanecía mudo de asombro. Claro, Kennedy no estaba hablando con el gran líder de la URSS sino con el mismísimo Jefe de la Historia en persona, y éste, indigesto de sangre y de sueños seductores, necesitaba hablar mucho, a cántaros.

La revisionista Unión Soviética necesitó más de medio siglo de estiércol comunista para aceptar el mal olor que emanan las dictaduras. Y la China maoísta hizo una papilla bien majada con cinco de las cuatro Tesis del Gran Líder y se la echó a los marranos, pues ahora ha descubierto finalmente que el hombre se cansa de “trabajar por el bien común”, que a la postre se caga en los más comunistas ideales, y le parece perfecto y ético trabajar para engordar los propios bolsillos con el tierno y vil metal que odió y después amó tanto José Fouché. Entiéndase ese “a la postre” como “después de muchos asesinatos, miles de desterrados, cientos de escritores exiliados, hambre a granel, poetas amordazados y disidentes en el paredón”.

“El hombre nuevo cubano” no está infectado de apetito por el lucro, de egoísmo y ni siquiera de tristeza existencial –predican los cubanólogos–, porque en la soleada isla la pachanga salsera no da tiempo para esos sentimientos burgueses. Pero Raulito Castro acaba de organizar unos cuantos miles de granjas, donde los campesinos ya comenzaron a laborar para su propio colchón y no solamente para el del estado. –Eso sí es azúcar—diría Celia Cruz.

Comunismos perfectos, como el fundado por Kim Il Song en Corea del Norte, vistos desde acá son un sainete. Vistos desde dentro constituyen una tragedia: sus habitantes deben hacer profundísima venia a la Estatua del Supremo, y omitir este acto de idolatría implica ser sometido a torturas que no matan pero cambian rápidamente la forma de pensar y de doblar la cerviz.

Evo Morales, marxista-leninista de pico y pala, que se ha comido todas las mizcuiscas de la diestra y la siniestra, se vio obligado a admitir que si la ideología no sirve para arreglar los problemas de Bolivia, hay que cambiar la ideología.

Rafael Correa en Ecuador entendió hace rato que no existe un catecismo con fórmulas para gobernar y arreglar los problemas sociales. Y que si en un instante determinado, para superar una crisis, se debe echar mano de una solución “derechista”, hay que hacerlo.

Me dan ganas de hablarte de tú a tú, Petro, hijo mío, tu destitución no causará un terremoto social tipo “bogotazo”. Por si no lo sabes, tú no eres el Mesías y ni siquiera Gaitán. Ay, me voy a ganar el odio de Tatico Martínez por contar el modo como entró el izquierdismo romántico a mi familia.

Por la década de los 60, Matilde Espinosa había recibido un gran premio en la Cortina de Fierro Oxidado y, al regresar de tan magna experiencia, tocó suelo bogotano en estado de éxtasis. El comunismo maquillado de la URSS la había dejado en místico arrobo. Desde entonces y hasta su muerte utilizó los orines de Gilberto Viera como alhucema. Y expandió como ébola el izquierdismo romántico entre todos sus hermanos, familia en general, y hasta en gente tan seria como Gerardo Molina y Manuel Cepeda Vargas.

Recuerdo muy bien el instante en que entró la luz en mi sefardita y blasfema familia. Mi papá Roberto Espinosa, Jesús María el pintor, Luis Carlos, el músico, Manolito Martínez, la noble Libradita (Rafael no, porque rara vez salía de su almacén de Cali, pero congraciaba, ya congraciaba con estas ideas luminosas); y hasta Rita, la doméstica (que dictaba cátedra sobre la fase superior del capitalismo). Todos, todos, de un momento a otro, con Luis Carlos Pérez a la cabeza, descubrieron que Dios, Cristo, el Espíritu Santo y otras porquerías, no sólo eran “el opio del pueblo”, sino el papel toilette para hacerse el aseo de la parte donde la espalda pierde su digno nombre.

No quiero burlarme de la muerte del ilustre jurista cuyo nombre da brillo a nuestro patojo Palacio de Justicia. Resalto nada más el evento de que en su lecho de muerte “el aprendiz de marxismo” mandó llamar un cura, para confesarlo, absolverlo, bendecirlo y extremauntarlo, y entregó al cielo su alma jurisperita.

Al descender a su proletaria tumba, Marx fue enterrado con los honores de un gran rabino, porque en privado reconocía su miedo a ser echado en la wandoca infernal. Con cara ganó el autor del “Manifiesto” y con sello perdieron sus descendientes ideológicos, que se quedaron con los genes del ateísmo, perturbados por la tara del romanticismo político.

Remato pensando en el debate Iván Cepeda-Álvaro Uribe, furia de titanes, Perseo contra Kraken. El primero le mostró al segundo la Medusa de sus coequiperos de gobierno, y quedó petrificado de la centrodemocrática ira. Y este karateca de la seguridad, amenazando las criadillas de su archioponente con una llave oriental a lo Bruce Lee, sacó a relucir la Columna Móvil «Manuel Cepeda Vargas” de las Farc.

Iván sacó su penacho de víctima, lo azotó, le sacó el polvo en el sagrado recinto de la democracia y lanzó anatemas contra la motosierra uribista. Y así por nueve horas durante las cuales ambos ignoraron que manejan inmensas fuerzas sociales o al menos influyen poderosamente en ellas. El debate Perseo-Kraken es romanticismo de la peor clase: el mediático. CARACOL y RCN, refritando las acaloradas escenas del Canal Institucional, se acariciaron con fruición las manos, porque peleas de esta clase se dan una vez cada medio siglo. Los dos titanes se desgarraron mutuamente las verijas, polarizando aún más este “país de mierda”, donde casi la mitad de los electores se ubicaron a la derecha de la franja política, en las pasadas elecciones. En vez de debate, Perseo y Kraken deberían darse las manos, porque el perdón y el olvido, aunque salga urticaria en los dedos y surjan lágrimas de sangre, a veces son necesarios en momentos como éste, en que clamamos por la paz. He dicho, muchas gracias.

*Miembro de la Asociación Caucana de Escritores.

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Un comentario en "CEPEDA-URIBE: “FURIA DE TITANES”"

  1. Omar Lasso dice:

    Julio Cesar Espinosa. Amigo Julio, te fajaste a lo Vargas Vila. El debate, motivo de tu artículo, da para otro mini ensayo, que yo lo titularía:
    EN ESTE PAÍS TODOS SOMOS CULPABLES.
    El asunto se ha centrado en el PODER (mediático), y por ende es farisaico. NINGUNO RECONOCE SU MEA CULPA, porque el País se ha convertido en una gallera, con pasiones enconadas, de imprevisibles consecuencias. EL PROCESO DE PAZ, que pudo haber sido el mayor éxito político de Colombia, en toda su historia, ha fracasado en un alto porcentaje, por FALTA DE GRANDEZA de sus principales actores. TODOS HAN QUERIDO SER EL GALLO VENCEDOR, con la liquidación del contrario.

    Deberíamos dedicarnos más al EMPRENDIMIENTO EMPRESARIAL, CIENTÍFICO, TECNOLÓGICO, CULTURAL, ARTÍSTICO EDUCATIVO, RECREATIVO, TURÍSTICO, GASTRONÓMICO, ETC. Y a cultivar una ética social realmente efectiva.

    En cuanto a tu diatriba contra el Comunismo, coincido y agrego lo siguiente:
    Nuestro País del Sagrado Corazón, conservador en la médula, que dominó a la sociedad, hasta la violencia fratricida de conservadores contra liberales, en la década del 50, de lo cual resultó un híbrido frentenacionalista, que aunque alcanzó cierto medio-pragmatismo, no se profundizó. Luego, como bien y emotivamente lo explicas, se formó otro frente; los antiguos rivales (criollos feudales y burgueses), aliados de los Yanquis, con inri capitalista, no para superarse como País, sino para hacer buenos negocios. Juntos tuvieron que hacer frente a la RETÓRICA COMUNISTA, que entró pisando fuerte en Latinoamérica, a través de Cuba. Los barbudos llegaron al poder y se establecieron como místicos sacerdotes del Kremlin, para instaurar el «paraíso de justicia, amor, pan, leche y miel». Me vienen a la memoria canciones que se escuchaban y todavía se escuchan como el Padrenuestro, entre ellas una que un himno de la Revolución Cubana, cuyo párrafo más sonado dice:»Y el Comandante mandó a parar… «Durante un tiempo fueron mantenidos por la Unión Soviética. Los Países de la Cortina de Hierro mostraban muy poco de lo que realmente sucedía hacia el interior. Tanto como ahora, la competencia fue PUBLICITARIA, a través de la revista Sputnik; los soviéticos mostraban una vida social y económica IDEALIZADA. En los renglones que más invertían era el deporte, como herramienta de PROPAGANDA, la ciencia aereoespacial y la industria militar. Pero la intelligentia francesa (filósofos de gran talla), realizaron la «segunda revolución francesa del stalinismo», contra el autoritarismo y sus campos de concentración (gulags, denunciados también, dramáticamente, por Solschelitzen). Sólo se requería un leve empujón para tirar al suelo un imperio con pies de barro. La última revolución rusa fue contra el stalinismo, se hizo sin tiros, sólo con manifestaciones de masas hambrientas; en cambio, la primera que llevó al «comunismo» al poder produjo tantos muertos como la segunda guerra mundial, en las purgas.

    Ese catecismo muerto del socialismo comunista, revestido en teorías de verdad, amor, justicia, bienestar social y económico, etc., liquidando la plusvalía para devolverle a los trabajadores todos los derechos (lo cual jamás se cumplió porque, en esos Países, los trabajadores, fueron más explotados que en el mundo libre). Decía que ese catecismo del socialismo comunista, profanado por el testimonio histórico, ahora se pretende resucitar, con amnesia histórica. Volvemos a oir su retórica, conmovedora igual que los evangelios, pero todavía más difícil de realizar en la práctica.

    Una vez más, hago la pregunta, hecha en varios análisis con polemistas de las redes sociales:
    ¿Ha existido, en el mundo entero, en toda la historia, desde cuando Marx promulgó el nuevo evangelio del socialismo comunista, algún País que haya alcanzado los ideales de: verdad, amor, justicia, bienestar social y económico, etc.? La respuesta de mi indagación es negativa (sigo tanteando con lanterna de Laercio) . ESE PAÍS DE CUCAÑA AÚN NO HA EXISTIDO. Los que hubo y hay en el presente, son dinastías dictatoriales, muchas de ellas peores que las monarquías absolutistas. Saludos.

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