ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Lunes, 6 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

Castellano correcto

El martes 5 enero, 2010 a las 7:29 pm
“Esperar que” es un asunto; “esperar a que”, es otro

Por Jairo Cala Otero / Periodista – Corrector de gramática y estilo

Existen en español algunas construcciones gramaticales que parecieran significar lo mismo. Pero no es así. Una simple preposición puede variar por completo el significado de una locución.

Eso es lo que ocurre con las expresiones “esperar que” y esperar a que”, que tienen distinto significado, aunque su variable sea una sencilla “a” (preposición).

‘Esperar que’ se emplea cuando se tiene la esperanza de que suceda algo y ‘esperar a que’ cuando se está esperando a que suceda algo. Si decimos, por ejemplo: “Espero que venga Juan” estamos diciendo que se confía en que venga esa persona.

Pero si, por el contrario, lo que decimos es: “Espero a que venga Juan” estaremos dando a entender que nos quedaremos el tiempo que sea necesario en un sitio hasta que Juan llegue.

Es útil insistir a los profesionales de la comunicación periodística en que las construcciones ‘esperar que’ y ‘esperar a que’ no son lo mismo y, por esa simple razón, no deben confundirse.

Si se escribe o se dice en las noticias: “El Gobierno espera que este año disminuya el desempleo”, se afirmará que el Gobierno confía, aguarda, espera, que el desempleo se reduzca.

Si al giro se le introduce la preposición “a” (El Gobierno espera a que este año disminuya el desempleo), se estará diciendo que el Gobierno se mantendrá a la expectativa de que la desocupación baje por sí misma, aunque de su parte no se haga ningún esfuerzo por conseguir ese propósito.

Yo espero que este comentario haya dejado claridad sobre el asunto. Lo demás será esperar a que la gramática nos entre por arte de magia, asunto utópico e inverosímil.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El miércoles 18 noviembre, 2009 a las 4:18 pm
Cuando las palabras son artillería contra la paz

Por Jairo Cala Otero / Periodista – Corrector de gramática y estilo

Hastío siente el grueso de la población colombiana frente a la violencia. Eso es inobjetable. Porque esa mayoría está conformada por gente buena, de principios morales y éticos; y porque en tal condición, detesta el uso de la fuerza bruta. Prefiere, a cambio, la fuerza de las ideas, el uso del raciocinio, de la mente positiva, de la tolerancia y la comprensión.

Ya son historia las muestras masivas de rechazo de ese conglomerado a toda expresión violenta en el territorio colombiano. El clamor ¡a grito abierto! es para que cese la brutalidad, que tanto dolor y tristeza ha generado durante poco más de cuatro décadas.

No es bueno, entonces, que desde otros escenarios –llamados originalmente a servir de precursores de paz y educación- se haga apología verbal a ese engendro satánico creado por las minorías violentas. Es el caso de algunos periodistas, locutores y comentaristas de deportes que, desde sus medios de comunicación, le hacen el juego a la violencia cuando emplean expresiones que encarnan agresividad. Son incontables, pero para no fatigarlo, caro lector, he aquí esta muestra:

* “El equipo saltará a la cancha con todo su arsenal”: Como si hiciese falta arsenal para asesinar y ultrajar a la población colombiana. Es mejor decir: El equipo jugará con sus mejores exponentes, por ejemplo.

* “¡Fue un violento disparo al arco!”: No hacen falta más disparos, por favor. Mucho menos si se hace hincapié en que ellos son “violentos”. Con que los jugadores metan el balón en la red será siempre gol. Queda mucho mejor: ¡Qué estupenda anotación! (Y otras semejantes de sentido positivo).

* “Ese ciclista es una bala bajando”: Podrá ser muy veloz un ciclista, pero no hay razón para que en un país que se entristece a diario por la violencia se llame “bala” a los deportistas audaces. Será mejor: Ese ciclista tiene destreza en el descenso.

* “El partido de mañana será a muerte”: ¡Para qué seguirla convocando, por Dios! Si no se le llamara tanto la maldita parca no acudiría a la cita. Será saludable decir: El de mañana será un partido crucial / determinante /decisivo…

* “Nuestro equipo se dejó irrespetar en su propio patio”: Incitadora expresión. Ningún equipo irrespeta a otro, sólo gana en franca lid una contienda deportiva. Aunque algunos jugadores irrespeten, en verdad, a árbitros y colegas suyos. Es recomendable: Nuestro equipo fue vencido / sometido / derrotado…

* “¡Ese árbitro tuvo que haber recibido coima!”: ¿Para qué procesar y condenar ante un micrófono a una persona que desempeña un oficio honrado? Los apasionamientos desbordados (como ponerse la camiseta de un equipo para “jugar” con el ataque aleve y ruin) sólo conducen a crear más agresividad y contrariedades. Quien juzga, siempre será juzgado. Se escuchará mejor: Nos parece que la actuación del árbitro no es neutral.

* “¿Dónde están los fanáticos, que no se hacen sentir?”: ¡Qué peligro! Expresiones como esta han concitado tragedias en los estadios. Los fanáticos (gente que pierde momentáneamente su capacidad de pensar acertadamente) las acogen literalmente, y ¡se hacen sentir a puñaladas!, como ya ha ocurrido. Es más acertado: Extrema prudencia sugerimos a las barras; esto es sólo un juego…

* “¡Si quieren ganar tienen que ser agresivos en el ataque!”: Convocar más agresividad no es inteligente si se quiere ganar un encuentro futbolístico. Será más acertado: Para ganar van a tener que ser más competitivos que de costumbre.

* “Jugaron con pundonor, pero no tuvieron agresividad”: Semejante a la anterior, esta expresión les dice a jugadores y fanáticos que no está bien que no haya violencia en el juego. Es más inteligente decir: Aunque dieron lo mejor de sí, el equipo contrario los venció / los superó /…

* “A mí no me gusta el desempeño del técnico: es pésimo, petardo, palurdo… ¡Tiene que renunciar ya mismo”: La prepotencia y la pretensión de influir en decisiones que no son inherentes al comentarista constituyen, con oraciones como esta, un arma peligrosa. Será bien decir: Disentimos del técnico por su proceder, pero se lo respetamos; él es la autoridad en el equipo.

* “Los directivos son los responsables de este fracaso; ¡es hora de destapar la olla podrida…!”: Asociar una derrota deportiva con supuestas conductas punibles es como un autogol. ¿Qué tal que se diga, por ejemplo, de un comunicador pésimo que es así porque también es un corrompido? La ira nunca será buena consejera para hablar.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El lunes 17 agosto, 2009 a las 6:56 pm

A las víctimas de atraco las tratan como mercancías

Por Jairo Cala Otero / Periodista – Corrector de gramática y estilo

Muchos de los vocablos que escuchamos y leemos a diario en los medios de comunicación en Colombia suelen ser o bien “creaciones extra lingüísticas” de comunicadores, o bien aplicaciones mal hechas de palabras usadas en otros países, sin significado en el nuestro. Los casos abundan. Pero esta vez me referiré a uno de ellos: “fleteo”. Lo emplean casi todos los días quienes manejan las noticias policiales.

En nuestro país se dice que alguien fue víctima de “fleteo” cuando antisociales lo asaltan para despojarlo del dinero que ha sacado previamente de un Banco.

No cabe duda de que el uso equivocado del término se deriva de la ausencia de una consulta previa al diccionario. De haberse hecho así no se estaría empleando mal. O dicho de otro modo más coloquial: no se estaría MFT (Meando fuera de la taza).

Primero, entonces, leamos las definiciones del término:

Fleteo: 1. En Cuba, acción de fletear, esto es, buscar clientes una prostituta. Ciertamente nada de eso ocurre en los Bancos colombianos. Allí lo que buscan son víctimas para robarles su dinero. Y fíjese el lector que el diccionario no menciona a Colombia para darle una significación alguna a esa palabra. Es decir, aquí no significa ni lo que se cree ni ninguno otro asunto.

Como ella procede del verbo fletear, de donde se aviene flete, la misma obra que nos orienta el léxico dice que aquel, en Costa Rica y Nicaragua, significa “Transportar carga de un lugar a otro”. Una segunda acepción del verbo fletear señala que en Cuba significa, referido al oficio de una prostituta, “Recorrer las calles en busca de clientes”.

Ahora bien. Precisemos lo que es un flete:

1. Precio estipulado por el alquiler de una nave o de una parte de ella.
2. Carga de un buque.
3. En América: precio del alquiler de un medio de transporte.
4. En América: carga que se transporta por mar o por tierra. (Los arrieros buscan flete).
5. En Argentina y Uruguay: caballo de montar de muy buenas cualidades.
6. En Argentina y Uruguay: vehículo que, por alquiler, transporta bultos o mercancías.
7. En Argentina: transporte de mercancías.
8. En Costa Rica, Guatemala y Venezuela: valor del traslado de mercancías en un vehículo de transporte.
9. En Cuba: cliente de una fletera (prostituta).

Si nos fijamos bien, nuestra más cercana aproximación territorial para aludir al uso del vocablo “flete” es Venezuela. De allí nos vino esa imprecisión. No hay que olvidar que, como se dice popularmente, en Venezuela parecer haber más colombianos que venezolanos. Sus conexiones con su país hicieron que la palabrita se colara, pero aún así llegó distorsionada.

Luego en los medios de comunicación colombianos se insulta a las víctimas de los atracos perpetrados por antisociales que las asechan al salir de los Bancos. No es justo, ni considerado. Además de que los bandidos les quitan la plata, también algunos periodistas les quitan su dignidad de personas, pues resultan calificadas como “mercancías”. Así se les deshumaniza.

Uno cualquiera de los alegadores de siempre en estos asuntos dirá: “Es que se trata de una metáfora”.

Primero, tal figura se usa para engalanar una expresión, no para denigrar de nadie. Si el lector se fijó bien en las definiciones de “flete” la que corresponde al modo venezolano se refiere al valor del traslado de mercancías “en un vehículo de transporte”. En Colombia, los atracadores no transportan a sus víctimas (a sus “mercancías”, según aquellos periodistas) en vehículo alguno. Simplemente les siguen el rastro hasta su destino y allí las despojan del botín.

Es recomendable, entonces, hablar sencillamente de asaltos, atracos, robos o despojos a la fuerza, cuando de hacer referencia a las acciones de bandidos se trate.

Redacción de textos a la carta

Los textos que usted necesita para sus cartas proyectos, peticiones, trabajos académicos, discursos, informes y similares, confíelos a una mente experta.

Nuestra larga experiencia en el campo de la comunicación es el soporte para que usted obtenga calidad de primer nivel, en los trabajos que ordena.

¡Nuestra mente trabaja para usted!

Contáctenos: 315 401 0290 – mundodepalabras@gmail.com

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El lunes 13 julio, 2009 a las 10:46 am

A las víctimas de atraco las tratan como mercancías

Por Jairo Cala Otero / Periodista – Corrector de gramática y estilo

Muchos de los vocablos que escuchamos y leemos a diario en los medios de comunicación en Colombia suelen ser o bien “creaciones extra lingüísticas” de comunicadores, o bien aplicaciones mal hechas de palabras usadas en otros países, sin significado en el nuestro. Los casos abundan. Pero esta vez me referiré a uno de ellos: “fleteo”. Lo emplean casi todos los días quienes manejan las noticias policiales.

En nuestro país se dice que alguien fue víctima de “fleteo” cuando antisociales lo asaltan para despojarlo del dinero que ha sacado previamente de un Banco.

No cabe duda de que el uso equivocado del término se deriva de la ausencia de una consulta previa al diccionario. De haberse hecho así no se estaría empleando mal. O dicho de otro modo más coloquial: no se estaría MFT (Meando fuera de la taza).

Primero, entonces, leamos las definiciones del término:

Fleteo: 1. En Cuba, acción de fletear, esto es, buscar clientes una prostituta. Ciertamente nada de eso ocurre en los Bancos colombianos. Allí lo que buscan son víctimas para robarles su dinero. Y fíjese el lector que el diccionario no menciona a Colombia para darle una significación alguna a esa palabra. Es decir, aquí no significa ni lo que se cree ni ninguno otro asunto.

Como ella procede del verbo fletear, de donde se aviene flete, la misma obra que nos orienta el léxico dice que aquel, en Costa Rica y Nicaragua, significa “Transportar carga de un lugar a otro”. Una segunda acepción del verbo fletear señala que en Cuba significa, referido al oficio de una prostituta, “Recorrer las calles en busca de clientes”.

Ahora bien. Precisemos lo que es un flete:

1. Precio estipulado por el alquiler de una nave o de una parte de ella.
2. Carga de un buque.
3. En América: precio del alquiler de un medio de transporte.
4. En América: carga que se transporta por mar o por tierra. (Los arrieros buscan flete).
5. En Argentina y Uruguay: caballo de montar de muy buenas cualidades.
6. En Argentina y Uruguay: vehículo que, por alquiler, transporta bultos o mercancías.
7. En Argentina: transporte de mercancías.
8. En Costa Rica, Guatemala y Venezuela: valor del traslado de mercancías en un vehículo de transporte.
9. En Cuba: cliente de una fletera (prostituta).

Si nos fijamos bien, nuestra más cercana aproximación territorial para aludir al uso del vocablo “flete” es Venezuela. De allí nos vino esa imprecisión. No hay que olvidar que, como se dice popularmente, en Venezuela parecer haber más colombianos que venezolanos. Sus conexiones con su país hicieron que la palabrita se colara, pero aún así llegó distorsionada.

Luego en los medios de comunicación colombianos se insulta a las víctimas de los atracos perpetrados por antisociales que las asechan al salir de los Bancos. No es justo, ni considerado. Además de que los bandidos les quitan la plata, también algunos periodistas les quitan su dignidad de personas, pues resultan calificadas como “mercancías”. Así se les deshumaniza.

Uno cualquiera de los alegadores de siempre en estos asuntos dirá: “Es que se trata de una metáfora”.

Primero, tal figura se usa para engalanar una expresión, no para denigrar de nadie. Si el lector se fijó bien en las definiciones de “flete” la que corresponde al modo venezolano se refiere al valor del traslado de mercancías “en un vehículo de transporte”. En Colombia, los atracadores no transportan a sus víctimas (a sus “mercancías”, según aquellos periodistas) en vehículo alguno. Simplemente les siguen el rastro hasta su destino y allí las despojan del botín.

Es recomendable, entonces, hablar sencillamente de asaltos, atracos, robos o despojos a la fuerza, cuando de hacer referencia a las acciones de bandidos se trate.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El lunes 15 junio, 2009 a las 1:41 pm
Con “debe” se obliga; y con “debe de” se duda

Por Jairo Cala Otero / Corrector de gramática y estilo

Quiero referirme esta vez a dos locuciones que provocan confusión entre los hispanohablantes, como tantas otras existentes en español.

Se trata del uso del verbo “deber”. En unos casos va acompañado de la preposición “de”; en otros, no la lleva. Y en ambas situaciones se dicen asuntos distintos.

Como los ejemplos son la fuerza de la orientación, propongo aquí los siguientes, en uno y otro caso, para mayor claridad.

Primero las expresiones erróneas, seguidas de sus correspondientes correcciones:

• Los trabajadores deben de entrar a las 7:30 de la mañana.
• Todos ustedes deben de interesarse en escribir y hablar correctamente.
• Mi amigo Gervasio debe de ir mañana al consultorio médico.
• Esa señora debe de irse ya de aquí, no la soporto.

En todos estos casos se emplea mal la preposición “de”, es decir, ella sobra. Porque ocurre que tal preposición, escrita después del verbo “debe”, implica duda o falta de certeza respecto de alguna situación. Dicho de otro modo: en ninguno de los ejemplos citados se afirma nada sino que se duda de aquello que se quiere dar por cierto.

Las expresiones indicadas son:
• Los trabajadores deben entrar a las 7:30 de la mañana.
• Todos ustedes deben interesarse en escribir y hablar correctamente.
• Mi amigo Gervasio debe ir mañana al consultorio médico.
• Esa señora debe irse ya de aquí, no la soporto.

¿Y entonces en qué situaciones es válido y correcto usar la preposición “de” después del verbo “debe”?, se preguntará usted. En los casos contrarios: cuando haya duda o inseguridad acerca de lo que se dice.

Los ejemplos nos apoyan:
• Anacleta debe de estar enferma, hoy no vino a trabajar (No se sabe nada acerca de Anacleta. Podría ser que esté enferma).
• Los estudiantes deben de haber llegado ya al estadio (Se supone que los estudiantes ya llegaron al estadio, no se sabe a ciencia cierta).
• Aquel señor debe de ser psicólogo (Por alguna característica descubierta en un señor se cree que podría tratarse de un psicólogo. No hay certeza de que lo sea).
• Mariano debe de haberse ganado la lotería (Se presume tal asunto por algún comportamiento específico de Mariano).

Y como usted debe de haber captado ya el mensaje pedagógico de este artículo, entonces yo debo terminar aquí mi labor, por ahora. ¡Pero debo volver!

***
¡Redacción a la carta!

Los textos que usted necesita para sus cartas, proyectos, peticiones, trabajos académicos, discursos, informes y similares, confíelos a una mente experta.
Nuestra larga experiencia en el campo de la comunicación es el soporte para que usted obtenga calidad de primer nivel, en los trabajos que ordena.

¡Nuestra mente trabaja para usted!

Contáctenos: 315 401 0290

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El viernes 1 mayo, 2009 a las 5:24 pm

“SEÑORA, ¿TIENE LECHE?”

Por: Jairo Cala Otero / Periodista – Corrector de gramática y estilo

Un parroquiano ingresa a una droguería, en busca de un producto. Le dice al dependiente:

-Amigo, regáleme una vaina que sea bien buena para la caída del cabello. Como ve, estoy padeciendo anorexia.

El empleado, un experto en esos asuntos y de trato gentil con la clientela, le responde:

-Vamos por partes, caballero. Usted lo que quiere es que yo le VENDA, aquí no regalamos más que nuestro saludo y mucha amabilidad. Le puedo ofrecer algún producto farmacéutico CONTRA la caída del cabello, o para combatir o evitar la caída del cabello. Porque PARA su caída, lo único bueno es el piso. Una VAINA no le puedo vender; eso es una funda para algunas armas, y como se da usted cuenta, esto es una droguería, no una armería. Y, finalmente, usted no padece anorexia sino ALOPECIA; por eso se le está cayendo el pelo.

Un poco apenado, el hombre estalla en una risita delatora. Pero se sobrepone y añade:

-Está bien, metí la pata. Usted debe de saber más que yo. Véndame -ahora sí dije bien- el producto que usted me recomienda. Pero, además, necesito ‘algo’ eficaz PARA los ratones. Es que en mi casa, ¡hay una ratonera horrible!.

El paciente empleado vuelve a corregir al parroquiano.

-Señor, perdonará usted que le corrija de nuevo. Pero como dice que quiere ‘algo’ PARA los ratones, yo le recomiendo el queso. A ellos les fascina. Porque como usted lo dice, indica que tiene afectos por esos roedores y que desea alimentarlos bien. Pero si lo que pretende es exterminar los ratones que hay en su casa, entonces le voy a vender un veneno. Es decir, un producto PARA matarlos, o contra los ratones. Por último, en su casa deben de haber muchos ratones. Ratonera es la cueva donde generalmente ellos habitan. Su casa no será una de ellas, ¿verdad?”.

El cliente compró, pagó y salió rumbo a un micromercado cercano. Allí se dirigió a una muchacha que salió a su paso:

-Buenas… ¿tiene leche?

La empleada le respondió sagazmente:

-Sí, señor. Tengo leche, bastante leche. Pero, dígame ¿cómo se enteró usted de que soy mamá y que estoy amamantando a mi hijo recién nacido?

Sonrió sabiendo que aquello era simplemente una interpretación de doble sentido, no que el cliente hubiese incurrido en falta idiomática alguna.

Ahora la sorpresa era para el parroquiano. Abriendo los ojos, como si le fueran a echar gotas, replicó:

-No, señora. Yo no tenía ni mediana idea de que usted es madre, ni de que está lactando. Pregunté mal. ¿Cómo digo, entonces, que lo que necesito es un pote de leche en polvo, para mi hijo de brazos?

-Así como ya lo expresó, pero con una aclaración: Su hijo, permítame advertir, como la inmensa mayoría de humanos, efectivamente, es de brazos… de dos brazos, para ser más exactos. Así que lo que usted quiso decir es que se trata de un bebé o un nene. Así se les denomina en sus primeros meses de nacidos.

-Ay, hijuepuerca, ¡caí de nuevo!-, dijo el hombre.

Después de hacer la compra, abandonó el establecimiento haciendo una reflexión.

-Carajo, se vuelve uno metepatas por no pensar antes de hablar. Por suerte, hay personas interesadas en esos asuntos del buen castellano.

¡Qué tal que en ese micromercado el vendedor hubiera sido un hombre, y que yo hubiese querido comprar huevos! Si pregunto: Señor, ¿usted tiene huevos, cómo me habría respondido?

**

¿Dificultades con sus textos?

Ellos serán más precisos, correctos y elegantes si los somete a enmiendas gramaticales. Permítame ayudarle. Y después ¡estampe su firma con confianza!

CONCTACTO: mundodepalabras@gmail.com / jcalaotero@yahoo.es
Celular: 315 401 0290
JAIRO CALA OTERO
Periodista – Corrector de estilo y gramática

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El domingo 5 abril, 2009 a las 10:20 pm

Los regalones tergiversaron el verbo regalar

Por Jairo Cala Otero / Periodista – Corrector de gramática y estilo

En el parque de su barrio, a donde llegó después de haber escuchado las noticias de la mañana, Regalado miraba a todos los lados. Quería encontrar a alguien con quien desfogar lo que sentía. Necesitaba hablar con alguien sobre la desazón que tenía por el incorrecto uso de un término. En esas Alfabeto hizo aparición. Se sentó a su lado, en la misma banca, y él dio comienzo a su plática.

– ¿Cómo te parece, Alfabeto, que en este país sobran los regalones (*). Hay muchísima gente que sólo piensa en regalos; pareciera que se hubiesen criado a punta de recibir obsequios todos los días.

– ¿Por qué dices eso, Regalado?

– ¡Cómo que por qué! ¿No has escuchado a tu alrededor a tantos compatriotas deseosos de que todo se lo regalen? ¡Hasta tu nombre, carajo, te lo piden regalado!

– Explícate. No te he entendido.

– Pues que a mucha gente se le dio por torcer el sentido del verbo regalar. Ahora conjugan ese infinitivo en todas las ocasiones, sin que sea correcta su aplicación.

En ese preciso momento, un jovencito que montaba en bicicleta se acercó a los dos caballeros.

-Señores, ¿me regalan la hora, por favor?, dijo, sin más.

Alfabeto apenas miró rápidamente a Regalado; y luego pasó la mirada sobre el rostro del muchacho.

– Fíjese, fíjese. ¡Lo acabas de escuchar, Alfabeto! Este muchacho quiere ¡que yo le regale la hora! Yo, sinceramente, apenas puedo suministrársela, indicársela, informársela. No tengo potestad para regalar el tiempo.

– Ya comprendo; y tienes mucha razón. Se volvió una fea costumbre en mucha gente el utilizar ese verbo transitivo en situaciones que no lo admiten. Yo tenía ganas de que abordáramos este tema.

– Sí, señor. Ahora quieren que uno regale todo, hasta las cosas personales. Ayer una funcionaria de la Gobernación, donde estaba yo adelantando una diligencia, me pidió que le regalara mi nombre – contó Regalado-. Yo le increpé diciéndole que si se lo regalaba ¡cómo carajo tendría que llamarme en lo sucesivo! Por lo menos fue inteligente y entendió el mensaje; se puso colorada, pero a renglón seguido me dijo que, entonces, le regalara mi cédula de ciudadanía. Volví a la carga y le contesté que si le regalaba la cédula me quedaría sin documento legal para identificarme; que yo sólo estaba dispuesto a proporcionarle, informarle, indicarle o darle el número de ese documento, pero que no se lo regalaría por ninguna razón. Pero la señorita, muy oronda, después de rellenar otros espacios de un formulario que diligenciaba con mis datos, reiteró su solicitud de regalo. Me dijo: «Señor, regáleme su teléfono». Entonces, no aguanté más, Alfabeto. Le dije que qué era ese atrevimiento, por Dios; que ni siquiera yo la conocía y ya me estaba pidiendo que le regalara mi teléfono. ¡Si yo lo necesito para hablar por él con mis amigos y parientes, y para que ellos me llamen! Estoy asustado de ver cómo se volvieron regalones mis conciudadanos.

– A mí también me han hecho esas pasmosas solicitudes, a «quemarropa»- secundó Alfabeto-. Hace no más de diez minutos, estaba conversando con un amigo; al momento de despedirnos me dijo: «Regáleme su celular». Tuve que decirle que por qué razón habría de regalarle mi teléfono móvil. Esta es mi herramienta de trabajo de todos los días. Entonces cayó en la cuenta y replicó que lo que quería era que le regalara el número de mi celular. Entonces volví a corregirle diciéndole que tampoco eso haría. Que cuando menos le podía suministrar el número; porque si se lo regalaba, todas las personas que me llaman a mí a esa línea quedarían despistadas al percatarse de que quien les contesta no soy yo. De ese tenor están las cosas con la semántica del castellano, Regalado.

– El asunto es de tamaña magnitud que se extendió por todas partes. En las tiendas y supermercados; en los buses, en las esquinas, en las iglesias… por doquier abundan los regalones. Todo lo quieren regalado. Desde los huevos hasta la amistad. Y todo cuesta, Alfabeto, ¡tanto los huevos como la amistad!

En ese instante, una viejecita que pasaba junto a los dos, se arrimó para decirles:

-¿Me regalan la hora, señores?

Los dos se miraron al mismo tiempo. Regalado contestó:

-No, señora. No podemos, pero sí le informamos que le cogió la tarde. Tanto para llegar a su casa como para consultar en un diccionario el significado del término regalar. Corra, apúrese.

Y luego de hacer algunos comentarios adicionales sobre ese “vicio verbal” de una inmensa cantidad de colombianos, se marcharon no sin antes haber dado unas monedas, como regalo, a un pordiosero que caminaba por un sendero del parque.

(*) REGALÓN: Que se cría o se trata con mucho regalo.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El lunes 2 marzo, 2009 a las 8:31 pm
Con coma, un mensaje; sin coma, otro

Por Jairo Cala Otero / Editor de EL FRENTE

Centenares de hispanohablantes tienen problemas con la coma. No ese estado moribundo que suele atacar a muchos humanos, sino ese trocito de curva que debe ir acolitando el ritmo que algunas palabras marcan en los escritos. Sospecho dónde y cómo se levantaron esos problemas; pero el caso es que tales enredos con ese minúsculo –pero imprescindible- signo de puntuación, les complican la vida a la hora de escribir un texto, por breve que sea.

Por esa razón uno lee diariamente escritos con la coma metida “donde caiga”, como parece ser el “principio” que esos usuarios del idioma, aplican. Y, claro, por tal desmadre en la aplicación de la coma terminan diciendo lo que nunca imaginaron decir. En ocasiones, parecieran más bien libretistas de algún episodio chistoso. Esas situaciones embarazosas, casi en “estado de coma” para la interpretación de lo escrito, generan distorsiones de los mensajes. Como algunos que he “coleccionado” últimamente. Empiezo por un chiste que alguien me hizo llegar por correo electrónico.

Dice:
«Resulta que a Jaimito y a toda la clase les mandaron a realizar una composición sobre el día de la madre con la expresión: ¡Madre sólo hay una!
Pues bien, al día siguiente todos los muchachitos llevaron su composición y la maestra dice: ‘A ver, Luisito, léame su composición’.

«Luis declama:
-‘Iba yo cabalgando sobre mi potro salvaje, que se desboca; y mi madre me toma sobre sus brazos y me salva, porque ¡madre sólo hay una!’.

«La maestra aprueba, y dice:
-‘María, léame el tema de su composición’.

«A lo que María responde:
-‘Las olas del mar estaban agitadas y me hundí en sus profundidades, de repente la mano salvadora de mi madre me llevó a la superficie, porque ¡madre sólo hay una!’.

«Sigue la maestra en su ronda.
-«A ver, Jaimito, dígame su composición’.

-‘Íbamos mi madre y yo por el seco desierto, cuando atisbamos unas carpas de un campamento árabe. Sedientos, nos acercamos a una de las tiendas y entramos. En ella había una nevera la cual abrí y vi una Coca Cola, que quedaba en el fondo, y dije:
‘¡Te fregaste, madre, sólo hay una!'».

No quiero parrandearme el chiste, por eso no añado comentario alguno; más bien, estos otros ejemplos, con la esperanza de que usted, amigo lector, caiga en la cuenta de lo diferente que es un mensaje cuando la bendita coma no ocupa el lugar que le corresponde:

1. Lucía, moreno tenía el cutis: Esta oración nos advierte que alguien de nombre Lucía, tenía el cutis moreno. Se nota tal afirmación poniendo la coma después del nombre.
1. a. Lucía Moreno tenía el cutis…: Esta otra, con las mismas palabras, pero con la coma después de “moreno” –que ha pasado a ser apellido- ya no nos dice que el cutis de Lucía era moreno, sino que tenía otra cualidad. Los puntos suspensivos nos permiten imaginárnosla.

2. No, son sólo latas: Con esta exclamación alguien advierte que seguramente entre algún montón de objetos, apenas hay latas; nada más. La negación es una advertencia puntual para que no quede duda de que son sólo latas. Por eso lleva coma.
2. a. No son sólo latas: En cambio aquí, con las mismas palabras pero eliminando la coma, lo que se dice es que no se trata solamente de latas; es decir, hay otras cosas en el montón de objetos.

3. Las secretarias que fueron al paseo la pasaron de maravilla: Esta oración señala que sólo las secretarias que estuvieron en el paseo, gozaron de él. Se supone que otras secretarias optaron por no viajar. No hay comas.
3. a. Las secretarias, que fueron al paseo, la pasaron de maravilla: En cambio aquí se dice que todas las secretarias estuvieron de paseo. El artículo femenino “las” involucra a todas las personas con esa profesión en la empresa. Las comas después de “secretarias” y de “paseo”, introducen una oración explicativa. ¿Qué explica? ¡Que ellas fueron al paseo! Si se eliminara tal oración no cambiaría mucho la afirmación; sencillamente diríamos que esas empleadas disfrutaron, pero sin decir dónde: “Las secretarias la pasaron de maravilla”.

4. Para Pedro aquí todo está igual: Dice esta oración que para Pedro todo sigue lo mismo que antes, en un determinado lugar.
4. a. Para, Pedro, aquí todo está igual: En cambio aquí alguien se dirige a Pedro y lo exhorta a detenerse, a parar, porque todo está igual. Seguramente esperaban encontrar alguna novedad.

¿Nota usted, caro lector, las diferencias? ¿Cogió la coma por el rabo y le quedó claro cómo su aplicación fuera de lugar nos hace decir lo que no queríamos decir?
Sin el uso de la coma el bello español entra en “coma”. ¡No lo dejemos morir!

***

Corrección de estilo y gramática en toda clase de textos.
Sin fronteras geográficas, la tecnología nos acerca.
Indague por este servicio en: 315 401 0290 /
jcalaotero@yahoo.es

NO SE DICE: ‘Chuzaron’ a fulano
SE DICE: Interceptaron la línea de fulano; o ‘chuzaron’ la línea…

***********

«El arte de redactar correctamente»
Curso práctico. Clases por Intenet.
Mayor información: http://es.mc247.mail.yahoo.com/mc/compose?to=jcalaotero@yahoo.es / http://es.mc247.mail.yahoo.com/mc/compose?to=mundodepalabras@gmail.com
Celular: 315 401 0290

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El martes 17 febrero, 2009 a las 7:58 pm
¡Eso sí que no!

Por: Jairo Cala Otero / Periodista – Conferenciante

Dos personas discutían. Una desaprobaba algo que la otra había dicho.
-“Eso sí no lo voy a tolerar. ¿Usted qué está pensando?”- replicaba, en tono enérgico.
Transcurrieron varios minutos. La discusión no cesaba. Porque la primera persona, además de lanzar improperios, sapos, ranas, lagartijas y otros bichos verbales, agregaba: -“Pues este es un asunto de honor, gran… Yo sí no le voy a llevar a usted la cuerda en todo lo que pretenda”.

Finalmente, otras personas intervinieron; las calmaron, y ellas se apartaron, cada una por su lado.

Yo, entre tanto, tomé nota de una forma verbal errada que las dos personas discutidoras utilizaron, en distinto momento. Claro, el pleito no hubiese resultado de mejor “calidad” si aquel error no hubiera estado presente en sus acaloradas locuciones. Hubiera sido la misma situación agresiva y de mala crianza, como fue.

¿Qué dijeron mal? Ambas usaron el adverbio afirmativo (sí) y el adverbio de negación (no) seguido uno de otro, lo cual constituye error lingüístico.

“Eso sí no lo voy a tolerar”, dijo uno de los protagonistas. “Yo sí no le voy a llevar a usted la cuerda en todo lo que pretenda”, sostuvo el otro.

Y ambos ni cuenta se dieron que esas formas son equivocadas. Para ser más amplios, en Colombia millones de personas se expresan a diario con esos dos adverbios, por ejemplo, para advertir que no están de acuerdo con algo; o para sentenciar alguna determinación personal.

En verdad, las autoridades lingüísticas lo que señalan sobre el asunto es que los dos adverbios en cita (si y no) deben ir separados por la conjunción “que”, para que el error desaparezca. Es un asunto menudo, pero de enorme valor en cuanto se refiere al uso correcto del idioma.

De tal suerte, quienes discutían pudieron haberlo hecho así:
-“Eso sí que no lo voy a tolerar”.
-“Yo sí que no le voy a llevar a usted la cuerda en todo lo que pretenda”.

Eso es lo correcto. La conjunción “que” debe ir en la mitad del adverbio afirmativo y del adverbio de negación. Porque no se puede afirmar y negar simultáneamente un asunto.

Otros ejemplos pueden ser: “Eso sí que no lo hago”; “Ese viaje sí que no lo repito”; “En aquella oficina sí que no lo atienden bien a uno”, entre muchos otros semejantes.

¿Es la única forma posible?, preguntarán algunos lectores.

No, no es la única. Puede eliminarse la afirmación, y simplemente decir de forma directa lo que se piensa y siente. Lo que ocurre es que en este giro verbal se hace énfasis, se le da mayor hincapié, a lo que se expresa.

Ejemplos sin la afirmación:
* “Eso no lo tolero”
* “Yo no le voy a llevar la cuerda…”
* “Eso no lo hago yo”.
* “Eso no lo repito”
* “En aquella oficina no lo atienden bien a uno”.

Y yo sí que no dejo pasar esas descachadas, porque es el oficio al que me consagré para que el idioma castellano sea puro. O dicho de otro modo: yo sí estoy interesado en que se hable y se escriba bien. También puedo afirmar que yo no tengo otro interés que el de salvaguardar nuestro idioma. Punto.

******

Corrección de estilo y gramática en toda clase de textos.
Sin fronteras geográficas, la tecnología nos acerca.
Indague por este servicio en: 315 401 0290 /
jcalaotero@yahoo.es

NO SE DICE: arrancar
SE DICE: iniciar, comenzar, principiar, empezar

«El arte de redactar correctamente»
Curso práctico. Clases por Intenet.
Mayor información: http://es.mc247.mail.yahoo.com/mc/compose?to=jcalaotero@yahoo.es / http://es.mc247.mail.yahoo.com/mc/compose?to=mundodepalabras@gmail.com
Celular: 315 401 0290

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El viernes 12 diciembre, 2008 a las 8:04 pm
Nueva epidemia en la escritura

Por: Jairo Cala Otero / Periodista – Defensor del castellano

Como una virosis, que cunde por doquier y termina mandando a cama a mucha gente -no precisamente para procrear más gente-, se ha impuesto en nuestro país la costumbre de escribir todas las palabras de una oración gramatical, con mayúsculas iniciales. Y como costumbre es, está creciendo como bola de nieve; ya ha alcanzado dimensiones asombrosas.

Asombrosas digo porque ante tamaña incorrección idiomática los legos alegan que así lo escribe fulano; o que en la empresa equis sus asesores publicitarios lo recomiendan; o que se trata de un nombre «instituido» por la organización zeta. Tales argumentaciones son, en todos los casos, salidas de personas que viven llenas de pereza para investigar cómo funciona el idioma que todos los días emplean para comunicarse con los demás (y para comunicar algo a los demás, en el caso de los periodistas).

Es decir, los necios alegan razones diversas (sin razón, claro) para justificar la errónea manera de escribir titulares de prensa, rótulos, anuncios comerciales, entre otros. «Es que así se llama el evento», dicen –por ejemplo- para justificar la horrenda manera de escribir las denominaciones de un seminario, congreso, foro o asamblea de alguna institución. No porque otros escriban mal ha de seguirse su pésimo ejemplo.

Sorprendente esa teoría maniquea. Sus promotores no se toman el cuidado de leer ningún documento que provenga de autoridad lingüística alguna –lo cual los sacaría de su ignorancia supina- pero sí están prestos a contradecir, refutar y hasta controvertir, aquello que ya es norma para el uso del lenguaje.

A quienes menos se les puede perdonar estos exabruptos es a mis colegas. Aunque se sigan enojando unos pocos (sin duda, los que cometen más barbaridades escribiendo y hablando), es preciso reiterar este tópico. Si trabajan con el idioma para comunicar sus informaciones es inadmisible que no lo sepan emplear. Cada día me convenzo más de que algunas universidades con Facultades de Comunicación y Periodismo cometen estafa. ¿Cómo es que gradúan de periodistas a personas que no saben escribir correctamente? (A esto último dedicaré otro artículo).

Por ahora, he de seguir con el tema de las mayúsculas iniciales en todas las palabras de una oración. Como no pocas personas tienen la equivocada idea de que yo escribo las correcciones idiomáticas por el capricho de atormentarles su vida (!), o con la perversa intencionalidad de dejar sin sustento lo que otros escriben, valga transcribir lo que la Real Academia Española –RAE-, única rectora de nuestro idioma, respondió frente a una consulta que sobre este tema yo le elevara recientemente a sus sabios radicados en España.

Mi consulta dijo:
«Muchos publicistas, en Colombia, han puesto en uso una forma de escritura que a mí se me hace incorrecta y de pésima presentación estética: aplican mayúsculas iniciales en todas las palabras de una oración. Y alegan que, en algunos casos, se trata de un programa que así ha sido bautizado y que esta circunstancia convierte en relevantes todas las palabras allí usadas. Quiero saber si es eso correcto o no.
Ejemplos:
«El Programa Contra La Pobreza De Los Menos Favorecidos».
«El Gobierno Anunció Que Combatirá La Miseria».
«Juegos Olímpicos Se Abren Con Espectacular Ceremonia».
«Camioneros Se Movilizarán Hacia Las Instalaciones Del Ministerio De Transporte».

Nota: Los subrayados son míos para resaltar el esperpento gráfico. Las palabras iniciales en las oraciones del ejemplo no se subrayan porque todo comienzo de oración se escribe siempre con mayúscula.

La RAE respondió:
«El uso de mayúsculas en todas las palabras de un titular de prensa es un anglicismo tipográfico; en español sólo se escriben con mayúscula inicial aquellas palabras que se refieren a nombres propios. Así, debería escribirse: «El programa contra la pobreza de los menos favorecidos». «Gobierno anunció que combatirá la miseria». «Juegos Olímpicos se abren con espectacular ceremonia». «Camioneros se movilizarán hacia las instalaciones del Ministerio de Transporte»».

No creo que haya contestación más clara y contundente. Y antes de culminar esta nota ha de saberse que un anglicismo es un giro propio de la lengua inglesa. ¿Nosotros somos ingleses, acaso? ¡Hispanohablantes! Entonces usemos el español y sus normas.

Bueno fuese que el asunto no pasara inadvertido; que se escribiera con ajuste a la norma lingüística (que no la inventé yo) para que no se siga deteriorando el castellano, y para que aquello que tales personas escriben no ofrezca una presentación horrible. ¡Porque el idioma también tiene estética!

Corrección de estilo y gramática en toda clase de textos.
Sin fronteras geográficas, la tecnología nos acerca.
Indague por este servicio en: 315 401 0290
/ http://es.mc270.mail.yahoo.com/mc/compose?to=jcalaotero@yahoo.es

NO SE DICE: escupitazo
SE DICE: escupitajo

***********

«El arte de redactar correctamente»
Curso práctico. Clases por Intenet.
Mayor información:

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Castellano correcto

El domingo 16 noviembre, 2008 a las 10:58 am

Nueva epidemia en la escritura

Por: Jairo Cala Otero / Periodista – Defensor del castellano

Como una virosis, que cunde por doquier y termina mandando a cama a mucha gente -no precisamente para procrear más gente-, se ha impuesto en nuestro país la costumbre de escribir todas las palabras de una oración gramatical, con mayúsculas iniciales. Y como costumbre es, está creciendo como bola de nieve; ya ha alcanzado dimensiones asombrosas.

Asombrosas digo porque ante tamaña incorrección idiomática los legos alegan que así lo escribe fulano; o que en la empresa equis sus asesores publicitarios lo recomiendan; o que se trata de un nombre «instituido» por la organización zeta. Tales argumentaciones son, en todos los casos, salidas de personas que viven llenas de pereza para investigar cómo funciona el idioma que todos los días emplean para comunicarse con los demás (y para comunicar algo a los demás, en el caso de los periodistas).

Es decir, los necios alegan razones diversas (sin razón, claro) para justificar la errónea manera de escribir titulares de prensa, rótulos, anuncios comerciales, entre otros. «Es que así se llama el evento», dicen –por ejemplo- para justificar la horrenda manera de escribir las denominaciones de un seminario, congreso, foro o asamblea de alguna institución. No porque otros escriban mal ha de seguirse su pésimo ejemplo.

Sorprendente esa teoría maniquea. Sus promotores no se toman el cuidado de leer ningún documento que provenga de autoridad lingüística alguna –lo cual los sacaría de su ignorancia supina- pero sí están prestos a contradecir, refutar y hasta controvertir, aquello que ya es norma para el uso del lenguaje.

A quienes menos se les puede perdonar estos exabruptos es a mis colegas. Aunque se sigan enojando unos pocos (sin duda, los que cometen más barbaridades escribiendo y hablando), es preciso reiterar este tópico. Si trabajan con el idioma para comunicar sus informaciones es inadmisible que no lo sepan emplear. Cada día me convenzo más de que algunas universidades con Facultades de Comunicación y Periodismo cometen estafa. ¿Cómo es que gradúan de periodistas a personas que no saben escribir correctamente? (A esto último dedicaré otro artículo).

Por ahora, he de seguir con el tema de las mayúsculas iniciales en todas las palabras de una oración. Como no pocas personas tienen la equivocada idea de que yo escribo las correcciones idiomáticas por el capricho de atormentarles su vida (!), o con la perversa intencionalidad de dejar sin sustento lo que otros escriben, valga transcribir lo que la Real Academia Española –RAE-, única rectora de nuestro idioma, respondió frente a una consulta que sobre este tema yo le elevara recientemente a sus sabios radicados en España.

Mi consulta dijo:

«Muchos publicistas, en Colombia, han puesto en uso una forma de escritura que a mí se me hace incorrecta y de pésima presentación estética: aplican mayúsculas iniciales en todas las palabras de una oración. Y alegan que, en algunos casos, se trata de un programa que así ha sido bautizado y que esta circunstancia convierte en relevantes todas las palabras allí usadas. Quiero saber si es eso correcto o no.

Ejemplos:

«El Programa Contra La Pobreza De Los Menos Favorecidos».

«El Gobierno Anunció Que Combatirá La Miseria».

«Juegos Olímpicos Se Abren Con Espectacular Ceremonia».

«Camioneros Se Movilizarán Hacia Las Instalaciones Del Ministerio De Transporte».

Nota: Los subrayados son míos para resaltar el esperpento gráfico. Las palabras iniciales en las oraciones del ejemplo no se subrayan porque todo comienzo de oración se escribe siempre con mayúscula.

La RAE respondió:

«El uso de mayúsculas en todas las palabras de un titular de prensa es un anglicismo tipográfico; en español sólo se escriben con mayúscula inicial aquellas palabras que se refieren a nombres propios. Así, debería escribirse: «El programa contra la pobreza de los menos favorecidos». «Gobierno anunció que combatirá la miseria». «Juegos Olímpicos se abren con espectacular ceremonia». «Camioneros se movilizarán hacia las instalaciones del Ministerio de Transporte»».

No creo que haya contestación más clara y contundente. Y antes de culminar esta nota ha de saberse que un anglicismo es un giro propio de la lengua inglesa. ¿Nosotros somos ingleses, acaso? ¡Hispanohablantes! Entonces usemos el español y sus normas.

Bueno fuese que el asunto no pasara inadvertido; que se escribiera con ajuste a la norma lingüística (que no la inventé yo) para que no se siga deteriorando el castellano, y para que aquello que tales personas escriben no ofrezca una presentación horrible. ¡Porque el idioma también tiene estética!

ººººººººººººººº

Corrección de estilo y gramática en toda clase de textos.

Sin fronteras geográficas, la tecnología nos acerca.

Indague por este servicio en: 315 401 0290 / jcalaotero@yahoo.es

NO SE DICE: escupitazo

SE DICE: escupitajo

***********

«El arte de redactar correctamente»

Curso práctico. Clases por Intenet.

Mayor información: jcalaotero@yahoo.es / mundodepalabras@gmail.com

Celular: 315 401 0290

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta

Copyright© 2005 - 2020. Prohibida reproducción total o parcial de este sitio. EL uso de este sitio web implica la aceptación de los terminos y condiciones.
Sitio desarrollado por WebPrex SAS.
Todos los derechos reservados.

Powered By