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Cartas de Jamaica de los Quilichaos, año de gracia 2008

El miércoles 23 enero, 2008 a las 8:22 pm

El Gualanday:
Un Monumento de la Naturaleza

En Barrio Belén tumbaron un árbol de gualanday, y todavía resuena en mi cerebro el chirrido macabro de la motosierra, un instrumento de terror, muy común en nuestros días aciagos. Es el “progreso”, contra el que poco podemos los neorrománticos de otro siglo.

Ese bello monumento de la naturaleza, que no conmovió a nadie para abogar por su vida, estaba condenado a ser talado desde hace varios años por resultar un estorbo para las viviendas cercanas, que construyeron encima de sus raíces.

Sin contar que el casi centenario árbol era la memoria y antecedía los recuerdos de todos, algunos recién llegados del campo para abrirse un espacio en este pueblo, en el implacable asfalto, de cara al karma colectivo del recalentamiento global al que no podremos escapar, con razonamientos egoístas.

Aquí, en Quilichao no existen normas claras de construcción porque entidades como la Oficina de Planeación Municipal autoriza construir encima de las raíces de un árbol casi centenario como el gualanday; tampoco hace respetar a los urbanizadores el espacio que deben dejar para la zona verde, que en el caso de una ciudad como Cali es de ocho metros cuadrados por persona, pero apenas dejan tres. En nuestro medio ni siquiera es un tema de reclamo comunitario, sino que las zonas verdes y los parques obedecen a la buena voluntad del alcalde de turno.

Pero no pasa nada. Aquí nunca pasa nada porque primero es el “progreso” y la seguridad de la comunidad, ya que los árboles se han convertido en seres incómodos y peligrosos que hay que quitar de en medio antes de que nos caigan encima, porque a lo mejor nos lo merecemos por nuestro aberrante desprecio por los seres vivos y la naturaleza.

Quilichao quiere ser una “ciudad” sin árboles o un pueblo desértico, porque por algo se empieza. Me dice un amigo que en días recientes hubo un atentado contra el samán del parque del Libertador de América, Simón Bolívar. Y que se armó hasta un escándalo en algunos sectores de opinión (¿será que hay opinión?), ya que unos obreros (de la motosierra) intentaron cortarle unas raíces al árbol símbolo del pueblo. Entonces unos vecinos “locos” se liaron a puños con los insensatos y los hicieron desistir de este atentado contra el Patrimonio Histórico y Paisajístico de la comunidad quilichagueña. (Lo mismo que el gualanday).

Que va a pasar desapercibido, como todo. Aunque no me propongo incomodar a nadie, sí intento generar conciencia cívica y ecológica en la comunidad para que haya un mejor control de las entidades respectivas y para que se agoten todas las posibilidades técnicas y humanas de dialogo, que se informe y se consulte con los vecinos, porque el paisaje es un bien colectivo que no se puede alterar por intereses particulares (como dice nuestra Carta Política de 1991, si todavía existe), antes de tomar una decisión tan irreversible y radical como talar árboles a la “topa tolondra”.

¿ Santander, igual a Yumbo ?

Hay un run run por ahí, que insiste en afirmar que Quilichao está destinado a ser una ciudad región o a copiarle burdamente este proyecto a Cali, que lo viene trabajando desde hace varios años.

La diferencia radica en que allá cuentan con toda la infraestructura necesaria: la ubicación geopolítica en el continente, el capital, nacional y extranjero, el Aeropuerto Internacional Bonilla Aragón, el Puerto de Buenaventura, las autopistas, las zonas francas, el puerto seco de Buga, la Bolsa de Occidente, la tecnología de punta con servidores propios, una clase dirigente pujante y muy competente, formada en el exterior, y otras cositas que nos distinguen (…).

Claro que soñar no cuesta nada, Quilichao cuenta de carambola con algunas de estas ventajas estratégicas, como su ubicación geográfica, y su liderazgo natural en el Norte del Cauca.

Pero sería ideal, que antes de embarcar a la gente en cantos de sirena, y de ayudar a producir un nuevo desplazamiento hacia la “tierra prometida”, se generara un sano debate de frente a la comunidad para que entre todos construyamos “la ciudad posible” o el pueblo cómodo y tranquilo que siempre hemos deseado. Porque, entre otras cosas, las ciudades no tienen porque ser de mejor familia que los pueblos . ¿O, sí…?

Quilichao: La tranquilidad del campo con las comodidades de la ciudad
Una cosa es la calidad de vida, el confort, el derecho al silencio, la recreación, los servicios públicos, etc., y otra la montonera, el despelote, el ruido ensordecedor (Polideportivo Municipal), la delincuencia común y la inseguridad, la suciedad de las calles, la falta de civismo y todos los males de ciudad que ahora nos agobian y que nos hacen perder la visión al creer que ya habitamos en el futuro, y que ese subdesarrollo es lo que merecemos.

Lo cierto es que antes de pensarnos como “ciudad”, por la cantidad de habitantes, los cuatro semáforos, o la vía Panamericana transformada a la fuerza en avenida, sin mucho éxito, deberíamos recordar que las obras faraónicas que nos transformarían en una urbe tienen 30 años de atraso.

La galería municipal la vienen remodelando o quitando hace muchos años, los proyectos de ampliación del acueducto tienen más de 20 años, la terminal de transporte 25 años, el matadero municipal lo mismo. Todos esos proyectos tienen varias décadas encima.

Ni siquiera han terminado el Polideportivo Municipal, que a la fecha ya es viejo, mal hecho y con un uso inadecuado (mucha rumba y poco deporte). Ahora tienen el embeleco de ponernos gas domiliciario, que si es bien administrado sería un alivio para la economía de los usuarios, pero implicaría desbaratar todas las calles del pueblo, y si somos optimistas, podríamos montar de una vez un metro, o unas estaciones de Quilimío, para el transporte masivo.

A estas alturas la nueva Administración Municipal, no ha acabado de sellar las calles que abrieron aceleradamente en las vísperas de las elecciones, ni tampoco ha recogido la iluminación de Navidad, ni los “arreglos” del año viejo y ya tenemos la cuaresma y la Semana Santa encima.

Es cierto que Santander de Quilichao está de cara al reto de transformarse en un espacio mejor, de convivencia, pero esto no es sólo un asunto de algunos tecnócratas de Planeación (¿?) sino de toda la comunidad que debe empezar a pensarse y observarse con una nueva sensibilidad por su espacio urbano, por preservar y ser celosa por su entorno verde. Que en otras circunstancias, se vendería como un enclave de turismo rural, de relax, de ubicación de urbanizaciones campestres, y sobre todo, como memoria para las nuevas generaciones.

De todas formas, nos toca abrirnos a los avances tecnológicos que sean respetuosos con el medio ambiente, y aprovechar la infraestructura productiva que ya está instalada en nuestro medio sin dejar de avizorar la meta de un desarrollo sostenible y sustentable, a escala humana, que sea semilla de la civilización del futuro.

Email : Sandungerock@yahoo.es

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