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Carta Abierta a Ingrid Betancourt

El domingo 27 enero, 2008 a las 4:55 pm

Por Hernando Ardila González [Cónsul de poetas del Mundo]*
No salgo de mi asombro y dolor al ver sus imágenes en las pruebas de supervivencia, dadas a conocer, al país. Le conocí personalmente hace unos años en Floridablanca – Santander, cuando con su aguerrido discurso, nos convocaba a construir una nueva Colombia, dándole Oxígeno Verde a nuestra maltrecha democracia. Su verbo, su energía, su mirada profunda y llena de radiante esperanza, nos contagiaron de sueños posibles y ante todo de compromiso.
En la finca Ecosocial – Floridablanca, contertulianos con usted y aunque con postura reposada, noté su inquebrantable convicción política, que me hizo pensar que con sus banderas y liderazgo, otra Colombia se vería venir. Por eso me conmueve verle mustia, paralizada y con la tristeza infinita que resume el dolor de millones de Colombianos que como usted, estamos secuestrados en el retazo de tierra que nos tocó por patria. Estamos secuestrados por el hambre, la pobreza, la ausencia de oportunidades, por la violencia de todo género y secuestrados por intereses mezquinos, por la mentira y la exclusión. Todo eso usted lo quiso cambiar y su vida arriesgó al servicio de Colombia, cuando como candidata presidencial, se fue a las montañas a proponer la suma de voluntades a favor de la patria.
Me duele su tristeza, su abatimiento, su amargura, su involuntaria impotencia, me duele su dolor de Colombiana, me duele los vaivenes de la política de seguridad que parece indolente alejarse de un alto y sagrado bien, la vida, anteponiendo intereses de grupos y políticas allende las fronteras que ejercen presiones sobre el presidente Uribe, todo eso duele, pero no tanto como ME DUELE LA INDIFERENCIA DE LOS COLOMBIANOS, a quienes usted con su lucha irreductible, ha querido, quiere y querrá defender. ME DUELE LA INDOLENCIA DE COLOMBIA HACIA UNA DE SUS MAS HEROÍCAS LUCHADORAS, INDOLENCIA QUE CASI YA RAYA EN EL OLVIDO.
Se que hay razones para esa indiferencia. Los que se han visto libres de su seria rival en los proyectos políticos que son demagógicos… qué les puede importar, los señores del poder económico que le miraban como amenaza de su tradicional proyecto expoliador y egoísta de acumulación de riqueza… qué les puede importar, el imperio transnacional, que le ponía la mira por su postura nacionalista en defensa de nuestros recursos y ecosistema, en una resumida defensa de soberanía… qué les puede importar, si ni siquiera le importa los suyos.
Pero se igual, que hay indiferencias inducidas por la peor de todas las circunstancias humanas, ¡el miedo! Miedo a perder el empleo, a perder los amigos que advierten peligros y consideran irresponsable atreverse a ser diferentes, a perder espacios de temporales o falsos privilegios, a perder la Familia, la libertad, la seguridad…a perder incluso la vida, A NADA DE ESO TEMIÓ USTED CUANDO FUÉ A LA MONTAÑA, SIEMPRE PENSANDO EN NOSOTROS LOS COLOMBIANOS.
Qué triste todo Dra. Ingrid, qué triste la razón de su tristeza y que triste razón de nuestro dolor. Bolívar cuando estuvo en esa soledad y tristeza pensó que había arado en el mar, hoy en Colombia, es un montón de chatarra o un montón de empolvados cuadros, pues su ideario, su proyecto, su pensamiento y causa fundamental, parecieren condenadas al destino físico del Libertador.
Qué triste entonces todo Dra. Ingrid.
Se que en muchos rincones de la geografía trémula y nostálgica, hay corazones colombianos que le aman y le lloran por su desesperanzador mensaje mudo, mensaje con ausencia de esas consignas de lucha digna, que aún resuenan en nuestra memoria construyendo conciencia, se que el profesor Moncayo y la Senadora Piedad, son los más aguerridos de esos corazones, por lo que han hecho y seguirán haciendo. Yo por mi parte, reconociendo y apreciando esa gesta, creo con absoluta convicción que la única forma de lograr el Acuerdo Humanitario y la única forma de romper el silencio para liberar ese grito afectuoso y solidario represado en el corazón de los Colombianos, es la convocatoria a un evento nacional, donde se permita el pronunciamiento del pueblo , para que mediante el voto libre y garantizado, ORDENE EL ACUERDO HUMANITARIO, para que el mismo desinstitucionalizado y alejado del vaivén de los perversos vientos de diferentes latitudes, SEA UN MANDATO SOBERANO, ¡sin más!.
Por eso, consecuente con mi convicción, me paré tres días frente a la histórica Casa del Florero y recorrí la calle entre el Capitolio Nacional y la Avenida Jiménez, con un pendón y distribuyendo una tarjetitas convocando al Quinto Voto, por el Acuerdo Humanitario, en lo que llamé “La Otra Campaña”, de impronta Zapatista. Por eso escribí al Señor Presidente Uribe y al Congreso de la República, recibiendo la siempre respuesta, hemos tomado atenta nota. Por eso escribí al Consejo Nacional Electoral y hable con amable atención del Magistrado José Joaquín Plata, quien manifestó su comprensión pero imposibilidad de acción por falta de competencia, la misiva allí radicada, nunca recibió la formal respuesta al menos ese hemos tomado atenta nota.
Por eso escribí al Sr. Presidente de la RB de Venezuela Hugo Chávez, a quien he agradecido su afán de tenderle una mano amiga y sincera a nuestro país, en procura del Intercambio Humanitario. Por eso escribí al ELN y a las FARC, sin remitir las misivas, pues NO SE COMO ALLEGARLAS, pero que coloqué con las otras en el sitio: http://www.freewebs.com/quintovoto/
Suspendí el inicio de la ruta comunera, porque veía los avances de la mediación del Presidente Chávez y la Senadora Piedad, nadie como ella tan comprometida por Colombia, sin importarle incluso como usted, hasta la vida misma. Ello amerita seguirle pidiendo al Presidente Uribe, UN NUEVO BESO A PIEDAD, SINCERO E IRREVERSIBLE, no uno que luego la lleve a las fauces depredadoras de la libertad de pensar diferente o a los estrados judiciales.
Ver la angustia de los familiares de los secuestrados que tan dolorosamente personifica la Sra. Yolanda Pulecio y de los secuestrados que igual usted simboliza, presentir el temor de los familiares de los rebeldes privados de la libertad y de ellos mismos, me impone la obligación de seguir socializando la idea de la convocatoria al Constituyente Primario a que se pronuncie frente al Acuerdo Humanitario y todo cuanto se hizo en ésta última fase de mediación Chávez-Córdoba.
He de buscar a la Senadora Piedad, a la Sra. Yolanda y al profesor Moncayo, para ponerles el tema y seguir siendo militante en la causa humanitaria y desde ya Dra. Ingrid, por usted, por los demás secuestrados, por los detenidos políticos, ME OFREZCO COMO CORREO HUMANITARIO, SI ES QUE ELLO SIRVE DE ALGO, ASUMIENDO LOS RIESGOS QUE DE SUYO ENTRAÑA LA MISION. Es de alguna forma, pretender servir a Colombia en momentos aciagos, como lo hiciere mi tatarabuela ANA DE JESUS GONZALEZ, estafeta o correo de las filas liberales a las órdenes del heroico y legendario general RAFAEL URIBE URIBE. Desde mi soledad en la que entiendo su profunda pero remediable nostalgia, es mi nostalgia, en la que entiendo la frustración y el llanto del Profesor Moncayo y la Senadora Piedad, es mi llanto, y en la que entiendo el sufrimiento silencioso del pueblo de Colombia, es mi sufrimiento y soy de ese pueblo, reciba mi abrazo extensivo a todos.
Convoco a Colombia a romper el silencio y a la Senadora Piedad a comandar la cruzada por la dignidad, la soberanía y la libertad que no tiene mejor manera de ser gesta que cuando sea consultado el pueblo colombiano en torno del Acuerdo Humanitario, que comienza con la legitimación de lo logrado hasta el rompimiento unilateral del gobierno colombiano, vale decir, que comienza con el intercambio humanitario.
Bucaramanga, 1 de Diciembre de 2007
HERNANDO ARDILA GONZALEZ
*Vicepresidente Nacional del Colegio de Abogados de Colombia.
Cónsul de Poetas del Mundo en Bucaramanga, Colombia:
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