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Carta a Paloma: por un Cauca pluralista

El martes 24 marzo, 2015 a las 12:10 pm
Guido German Vera Hurtado

Por: Guido Germán Hurtado Vera*

Estimada Paloma.

La Constitución de 1991 declaró a Colombia como una nación pluralista.

Si bien es cierto que la Corte Constitucional en muchas de sus sentencias ha legislado sobre el asunto, los fallos están todavía lejos de expresar un consenso. Por ello, el enunciado inicial no está lo suficientemente claro. Un problema radica en que en muchos de los ciudadanos de este país existe una profunda discusión sobre hasta dónde hay que llevar el reconocimiento del carácter pluralista.

Para ilustrar lo expresado, relato, lacónicamente, un caso que ha sido objeto de tal polémica. Tiene que ver con que los miembros de la comunidad LGTBI puedan legítimamente contraer matrimonio o adoptar hijos. Tal ejemplo me sirve para mostrar que aunque esta minoría sexual haya sido reconocida en la Constitución de 1991, los avances en materia legal son insuficientes. Lo anterior ha llevado a que la sociedad colombiana esté divida. Los más temerosos se preguntan hasta dónde se puede permitir a esta minoría desarrollarse cómo quiera.

Recientemente Usted, en una declaración al periodista Alfonso Luna, director de Proclama del Cauca, afirmó que ante los hechos sucedidos en Corinto y La Agustina, se requería dividir el departamento del Cauca en dos: “Uno indígena, para que ellos hagan sus paros, sus manifestaciones y sus invasiones, y uno con vocación de desarrollo donde podamos tener vías, se promueva la inversión y donde haya empleos dignos para los caucanos”.

Paloma Valencia 2w

Como quilichagueño y caucano, intentaré comprender sus palabras. La idea es que en caso de dividirse el Departamento poder tomar la decisión, junto con mi familia, de dónde nos quedamos a vivir.

En uno vivirán los indígenas para que hagan sus paros, manifestaciones e invasiones. Es decir, un territorio en permanente conflicto. Y sí se me permite, glosando al filósofo inglés Tomas Hobbes, lo que sucederá allí será una guerra de todos contra todos.

En el otro vivirán los demás, algo así como un variopinto étnico: mestizos, mulatos, negros, campesinos, comerciantes, industriales, profesionales, burócratas, políticos y, claro está, las blancas familias emblemáticas de la capital. Allí se llevará a cabo un pleno desarrollo económico y humano. No habrá conflicto. En palabras del filósofo antioqueño Estanislao Zuleta, una sociedad de mermelada.

Paloma, lo cierto es que el asunto no es así de simple. Este no es un problema étnico como usted lo quiere hacer ver. El Cauca no son los Balcanes.

Una gran parte de los conflictos que vive el departamento que afectan la gobernabilidad, están ligados al resultado de una injusticia causada por un proceso, sin contemplación, de modernización sin modernidad, que impusieron las élites políticas y económicas sobre la gran mayoría de sus habitantes.

A los indígenas la Constitución de 1991 les entregó un reconocimiento político cuando llevaban siglos gritando a voz en cuello y tratando de expresar que no eran ni animales ni menores de edad y que tenían derecho a preservar su autonomía como pueblo. Hoy esta comunidad está luchando por tierras que en otra época fueron de ellos y que fueron despojados a sangre y fuego. La tierra es el centro de su vida. Tal vez esa idea para nosotros suene un poco extravagante. Pero esa es su cosmovisión, su cultura.

A los negros, la misma Constitución de 1991, los reconoció como minoría y aunque legalmente se han dado algunos avances no se puede negar la exclusión que aún viven muchos. Para la muestra un botón: Suárez, es un municipio de ciudadanos negros. Paradójicamente un municipio rico en oro pero con una comunidad pobre. Allá no hay paros y tomas de tierras. Y si los hubiese poco o nada a usted le importaría, primero, porque esas tierras no son de los terratenientes que usted defiende y, segundo, porque esos títulos mineros están concesionados a la Anglo Ashanti, y esos sí tienen quien los defienda. Muchos de los líderes que luchan por su territorio y su cultura están amenazados de muerte.

Y los otros (blancos y mulatos, campesinos y jornaleros, obreros y comerciantes) ni hablar. Están en un limbo: ser y no ser. Pero al igual que indios y negros, estos también han sido despojados de una vida digna y plena. Las élites que han gobernado el Cauca lo han hecho. Con sus políticas de exclusión y miseria. Un Cauca que nunca ha tenido políticas sociales, culturales y económicas de inclusión. Los políticos han gobernado solo para ellos y sus redes de poder.

Paloma habla usted “uno con vocación de desarrollo donde podamos tener vías, se promueva la inversión y donde haya empleos dignos para los caucanos”.

¿Vocación de desarrollo? Le pregunto: qué es para usted desarrollo y cuál es el desarrollo que hoy tiene un departamento como el nuestro, que ocupa los últimos puestos en la lista de necesidades básicas insatisfechas.

Agrega, ‘donde se promueva la inversión’. De cuál inversión estamos hablando. Le propongo en ejercicio de cartografía, tome un mapa y señala dónde, por fuera de la ciudad blanca, ha invertido la clase política. Es más, me atrevería a afirmar que en ese mapa quedaría por fuera Popayán. El dinero de la inversión social se lo han robado las élites que nos han gobernado por siglos.

Habla de empleos dignos. Los únicos empleos dignos a que tienen derecho los caucanos son los que hemos conseguido por mérito propio. No se ha dado cuenta del grado tan alto de politización y clientelismo que hay para lograr un empleo en la administración del Estado. Pero más, no se ha dado cuenta que muchos de esos empleos los tienen los familiares de los que nos gobernaron y hoy gobiernan, y muchos de ellos sin mérito alguno.

Es por ello que la dificultad para solucionar este gran problema depende en buena medida de entender la idea de que las minorías no solo tienen que ser reconocidas en las cartas constitucionales y legislaciones, sino y además en las reflexiones sobre el fundamento del poder político.

La invito a reflexionar sobre los derechos de los grupos marginados a fin de pensar más nuestro futuro común. El problema de llevar adelante una mayor justicia social y política con la sociedad caucana no está sólo en la resistencia que opone la cultura dominante, una cultura hecha de exclusiones, sino en los retos de pensar los derechos en términos de colectividades.

Mi estimada Paloma le confieso que no estoy de acuerdo con su idea de división y resta. Le propongo más bien sumar y multiplicar.

En el Cauca aún falta mucho por hacer y aunque no esté muy claro cómo debe hacerse, me quedo en Santander de Quilichao. Desde allí intentaré seguir dando la lucha por construir una sociedad más justa, más equitativa y más pluralista.

Santander de Quilichao, 23 de marzo de 2015.

*Historiador y Politólogo.

Profesor Asociado de la Universidades Autónoma de Occidente e ICESI. Cali.

Twitter @gghvera

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