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Martes, 18 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

CARLOS ARANGO, PERIODISTA DE VERDAD.

El martes 6 enero, 2015 a las 10:48 am

La abuela contaba cómo fue la infancia de mi padre, evocando cómo de niño llevaba los almuerzos, descalzo, a los obreros del Ferrocarril de Antioquia.

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Carlos Arango Z, mi padre, del cual llevo su nombre, se inició a lo seis años en el trabajo para ayudar al sustento familiar. De Tuluá, en el Valle del Cauca, al occidente de Colombia, a los pocos días de nacido, se trasladó la familia por el Eje Cafetero hasta Génova, la población, que había sido cuna de Manuel Marulanda Vélez, creador de las Farc. Carlos estuvo siempre orgulloso de su vínculo con esta población donde había sido bautizado.

Muchos años después al volver siendo periodista y escritor, le hicieron un homenaje. Cuando miraba hacia atrás recordaba, que sólo hasta los 9 años tuvo zapatos. Con tristeza evocaba los días que iba por los cafés de Armenia, en busca del papel de aluminio de los cigarrillos Pielroja, para venderlo.

En la adolescencia aprendió el oficio de la zapatería. Trabajo que le permitió conocer la región del Quindío en bicicleta. Refería que allí entró a la Juventud Comunista – JUCO – la organización que le cambió la vida, porque le dio educación y formación política. Luego conoció la URSS, y algunos otros países europeos. Carlos mencionaba lo difícil que le fue entender el Capital de Marx, hasta el día que se atrevió a lanzarlo contra la pared perdiéndole el miedo.

Al llegar a Bogotá a inicios de los sesentas, abandonó el antiguo oficio para dedicarse a la política. A través del personaje “El zapatero de Armenia”, creado por él, narraba anécdotas relacionadas con el oficio. Los recuerdos lo hacían llorar. Decía que aprendió a leer, leyendo papeles en la calle.

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La familia quedó sin nada cuando Carlos murió, tocándome a mí abandonar los estudios, y él desde la conciencia, yo sentía que siempre me decía: “Sí yo pude hacer algo partiendo de cero, ¿por qué no tú?”

Carlos, mi padre, se enorgullecía de haber escrito reportajes y crónicas de utilidad para entender la historia actual del país. Mostrando no la cara oficial, sino la que los medios nunca muestran.

Manuel Cepeda Vargas, padre del actual senador Iván Cepeda Castro, fue quien lo vinculó al oficio, laborando durante catorce años en el semanario Voz, que él dirigía. Carlos escribió y publicó libros como ‘Crónicas de la vivienda en Colombia’. En los ochentas hizo reportajes al Estado Mayor de las Farc, cuando el gobierno realizaba un proceso de paz con esta organización revolucionaria.

Entre los primeros títulos publicados por Carlos Arango Z, un periodista de verdad, y ya fallecido, que nadie recuerda, como ocurre siempre en Colombia, están: “Yo vi morir a Camilo”. “Tres décadas de luchas unitarias”. “Agradezco a Dios y al comandante Uno”. “Crucifijos sotanas y fusiles”. “Con Jacobo, guerrero y amante”, con el que comenzó a dar sus primeros pasos literarios, diciendo: “Ahora comenzaré a escribir como me dé la gana”.

Alegría de Pío /1/5/2015/ 7:30.P.M

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