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En el Café La Romana

El sábado 23 julio, 2016 a las 10:42 am
Jorge Muñoz Fernández - Mateo Malahora

Mateo Malahora jorgemunozefe@hotmail.com

“Se dice que los fracasos de los estados y las guerras civiles y étnicas que a menudo los han seguido son inevitables… Las dificultades ocasionalmente enfrentadas por las intervenciones internacionales confirman precisamente lo difícil que es tratar estos problemas… Deseo proponer una visión distinta. Ella es que estos fracasos, estas guerras y estos problemas son problemas políticos y problemas económicos con soluciones políticas y económicas. Los conflictos en una parte del mundo o la tiranía en otra no son inevitables”.
“La libertad y los derechos humanos son conceptos tan universales como son políticos, aplicables a todo ser humano de cualquier credo o color. La carta de las naciones unidas fue escrita en el nombre de nosotros, los pueblos de las naciones unidas…”.
Kofi Annan.

Cafe La Romana - Bogotá

Durante mis habituales viajes a Bogotá me encontré ocasionalmente con Carlos Alfonso Negret Mosquera, con quien tuve la grata oportunidad de conversar un tinto en el afamado “Café La Romana”, intercambiar opiniones sobre la situación del país y preguntarle en torno a su aspiración a la Defensoría del Pueblo, elección que debe pasar por la por la presentación de una terna presidencial a la Cámara de Representantes, donde los miembros de la Corporación ya conocen su solvencia para liderar la entidad que el país exige en el posconflicto.

Negret Mosquera es un profesional que puede llegar a demostrar con solvencia y dignidad el tratamiento los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario; pertenece a una familia que ha mantenido una trayectoria independiente y autónoma en los quehaceres de la política, lo que le otorga confianza moral y credibilidad para ejecutar los puntos acordados en la Habana, relacionados con la Defensoría, como guardiana de la convivencia y, fundamentalmente, con el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, que deben ser llevados a la categoría de políticas públicas, para vivir en paz en todos los espacios y rincones del territorio colombiano, puesto que, además, constituyen obligaciones internacionales que trascienden los compromisos para superar el conflicto armado interno, que llegará a su fin con la con la integración de un nuevo al acuerdo del E.L.N.

Hoy se trata terminar la guerra, como lo dije en una de mis columnas:

“… conducta salvaje, se presenta como si fuese necesaria para la humanidad, y hasta el concepto de nación, del que se lucran las minorías falaces tramposas, es utilizado para contener todo intento de bienestar colectivo mediante astutas estrategias que mantienen y prolongan el desorden social”.

Fueron unos minutos donde intercambiamos anécdotas, reafirme la convicción de estar frente a un payanés y un colombiano dispuesto a participar de manera destacada en una época decisiva de reconciliación.

Se observa también en sus pláticas la preocupación por la Región del Cauca, víctima de todas las violencias, donde el foco de la guerra extendió su mano criminal por largos años, al amparo de su geografía inhóspita y la incuria y abandono de todos los gobiernos.

Tiene el interés supremo de servirle decididamente a Colombia, poniendo la pulcritud política al servicio de los Derechos Humanos, que tengan la impronta de ser un servicio institucional, como ha sido la Defensoría en la misión individual y colectiva que le ha conferido la Constitución del diálogo se desprende que asumiría el reto, el compromiso y la obligación de ser el porta estandarte de una institución irreemplazable en la implantación de la paz, como se percibe de sus palabras; lo que representa, en un país politizado como el nuestro, que esa magistratura moral no estará al servicio del acomodo burocrático, de liviandades convertidas en potestades indignas, sino al servicio pleno de la sociedad colombiana y del fortalecimiento democrático y participativo del Estado.

La Defensoría del Pueblo, como alta autoridad moral del Estado e hija de la Constitución del 91, debe ser independiente y desde luego debe ser libre de la indebida injerencia gubernamental.

Las funciones defensoriales no deben ser objeto de intereses creados, ni espacio para las lisonjas y alabanzas del poder constituido.

Protegida, únicamente por la Constitución, debe actuar sin contar con elogios, su misión es proteger y salvaguardar los Derechos, que comienzan con el derecho a la vida y deben llegar a la realización de condiciones dignas y justas.

Negret Mosquera tiene el perfil personal, el talante jurídico, la experticia social y el reconocimiento hasta de los críticos de nuestra institucionalidad, para poner la política al decidido servicio de la defensa y promoción institucional de los Derechos Humanos para vivir en Paz y no al revés como ha ocurrido en Colombia.

Como bien lo expreso Kofi Annan:

“La libertad y los derechos humanos son conceptos tan universales como son políticos, aplicables a todo ser humano de cualquier credo o color. La carta de las naciones unidas fue escrita en el nombre de nosotros, los pueblos de las naciones unidas…”.

En esa prelación puso Kofi Annan los Derechos Humanos y en esa preferencia tiene que marchar en Colombia. Hasta pronto.

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