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CARAS DETRÁS DE LA POESÍA

El domingo 11 septiembre, 2016 a las 11:11 am
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.

caras-detras-de-la-poesia

https://es.wikipedia.org/wiki/Emily_Dickinson

Cuando las abejas
y las mariposas-
agobiadas, ebrias-
vuelen de las pomas-
aún libaré yo mi vaso
de extraño licor-
Hasta que los ángeles
me agiten su níveo penacho-
y a los ventanales
celestes se asomen los santos-
para contemplarme
borracha de azul y de sol.

Emily Dickinson
Versión de Carlos López Narváez

La poesía tiene una cara de luz, transparente: a veces fulgura, otras es oscura, ora juega, luego se duele, aparece en la noche y en la tormenta, ruge como viento hinchado o llora como hojas cortadas. Su faz es de señora digna, severa a veces, maestra siempre, nunca de bruja ni es chismosa. Camina como reina y habita sobre el Olimpo pero también aparece cubierta de lluvia o fuego sobre los montes o entre los antros junto a minotauros.

Es amiga de mínimos hombres y de animales fieros, luce sobre corceles y conversa con lobos, odia los lujos y los palacios. Su riqueza es el lenguaje a secas sin volteretas ni exageraciones. Ama convertirse en hada de los niños, en meterse a los espejos y montar sobre las ondas del piélago magno.

Sin embargo, para que aparezca ante los humanos necesita que una cara la invoque y lance una bengala que la llame desde encima de un arco iris o a través de una herida con sangre.

Tantos se han aventurado a llamarla y se han creído que acude sobre sus cuartillas. Mas Ella los mira de lejos, toca su frente y los invita a seguir buscando la senda por donde han ido pocos y muchos se han perdido.

La cara de la poesía es multifacética. Se deja ver de los santos y santas, de malditos y suicidas, de hombres callados y mujeres heridas, de académicos y heroínas, de satíricos y místicas, de enamorados y perseguidas.

Porque el reino de la Poesía es ancho y no tiene fronteras. Puede aparecer junto a donde nace el Sol o descansa la Mar, al amanecer o entre la bruma de la borrasca en medio de la ebriedad del vino o en la celda de la cárcel, junto al nido de una sencilla tórtola o al pie de una congelada cascada.

Porque la Poesía puede cantarle al mediodía, al gato o al cervatillo, al agua que muge, a la sangre que hierve, a la verde rana del estanque o a la catedral del universo. Así tendrá todas las caras posibles, creadas y existentes, inventadas o recreadas por un poeta de cara nueva.

¿Qué cara será mejor, qué timbre sonará distinto, qué cencerro llevará el becerro que lo delate y alerte? Tantas caras podrá tener el verso cuantas veces lo quieran los poetas con su canto de línea y color.

¿Cuántas caras pintó Homero en su viaje, cuantas caras Safo besó, de cuantas caras se burló Quevedo además de la de torva nariz, cómo sería la cara que vió Teresa que luego se desmayó, o cómo verían los santos a Emily con cara borracha de azul y de sol?

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