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Capricho

El jueves 20 junio, 2019 a las 11:02 am
El Capricho de Gaudí, en Comillas, España
OROS Y TIERRAS

Capricho

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Lindo, capricho, capricho de verdad, dice la canción con cierta ironía. Cualquiera se queda con sus caprichos. Los caprichos siempre fueron buenos. Objetos inocuos, modos de comportamiento, pueden convertirse en chocantes caprichos para otros. Menos para quien los actúa y sostiene.

Capricho viene de cabro, cabra, caper, capri o capra, caprae y la palabra lo sugiere por la semejanza en el comportamiento. No es en la figura, por supuesto. El animalito lo recuerda. El dicho se complementa con este otro: La cabra siempre tira al monte. No se acomoda en el lugar donde está, en casa o en la sociedad en donde habita o no se somete a los tratamientos, comidas, empleo actual o que le critiquen su modo de ser.

Qué rico, qué cómodo, qué libertad poder obrar, hablar, proceder como a uno le nace y acostumbra en su modus vivendi. Claro que poder hacerlo, tener la tranquilidad de decir, de obrar, de comportarse es ser libre. Incluso, poder hacer cosas banales sin que nadie le pregunte la razón que lo impulsa a obrar como lo hace siempre.

Muchos dirán que alguien obra de tal manera por capricho, por oponerse a como es la costumbre en el medio o la familia. Y es señalado, tachado de odioso o raro o amanerado.

Sin embargo, aunque lo fuera, cada quien tiene derecho a expresar su yo , su modo de ser como persona como le nace y acostumbra. Para otros pudiera ser una excepción a las reglas de urbanidad o al modo como se acostumbra en su casa, en la exclusiva sociedad en que vive o con los detalles necesarios de la etiqueta para tal situación.

Comportamientos diferentes a los usuales son rechazados sin razón muchas veces. Podrán ser signo de ignorancia, de rechazo a las normas en tal sociedad o momento. Y puede dar lugar a que alguien sea amonestado y conminado a que respete y obre como lo pide la pequeña sociedad. So pena de ser mal mirado o rechazado y obligado a retirarse por no acomodarse a las costumbres del lugar. Puede asimilarse a rebeldía o capricho a normas aceptadas por el resto de tal comunidad.

Lo anterior puede ocurrir en clubes exclusivos, establecimientos de diversión, iglesias, salas mortuorias en donde hasta reírse puede tomarse como una burla y falta de respeto al lugar o al difunto.

El capricho, sí, es cosa parecida al comportamiento de las cabras o cabros. No son muchos lugares ni personas en donde caben personajes con sus caprichos. A ellas los soportarán sus familiares, amigotes en determinados casos. Porque el capricho es como una camisa de fuerza o de escena que apenas sirve para calmar los ímpetus de quien lo tiene. Apenas lo tolerará quien lo acepte y lo conozca.

Cuesta mucho ser caprichoso. Ser exclusivo, portarse de modo diferente al común de los mortales, poder mostrar con pataletas sus preferencias y opiniones. Siempre será más fácil ser un ser normal, mortal, sobrio y sonriente.

20-06-19 – 9:35 a.m.

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