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Candidatos, candidotes y candiductos

El viernes 25 agosto, 2023 a las 3:57 pm
Candidatos, candidotes y candiductos
Candidatos, candidotes y candiductos.

Candidatos, candidotes y candiductos.

Felipe Solarte Nates

De nuevo los tarjetones para las elecciones de octubre se llenaron de fotos y las listas se hicieron tan largas como las del Niño Dios o remesa de cuartel, para ver si los ciudadanos nos animamos a acompañar en las urnas a algún amigo o una propuesta, que por lo menos, en el papel o en el discurso, parezca atractiva.

Sin embargo, cada vez más las elecciones se asemejan a un gran bazar en donde muchos ciudadanos mal acostumbrados, además del almuerzo y el pasaje, esperan algún ingreso extra o promesa de beneficio particular o de grupo a cambio de su voto. O a un reinado, con gran inversión de dinero por parte de los interesados financiadores, en medio de la sobreoferta de aspirantes por cada vez más partidos y movimientos que, para reemplazar a partidos como el Liberal y Conservador, la ANAPO, al partido Comunista y alianzas temporales de la izquierda como firmes, brotaron después de la Constitución del 91.

Estos rebrotaron en más cantidad hace dos años, cuando el Consejo Nacional Electoral, revivió a la Unión Patriótica y el Nuevo Liberalismo, con sus candidatos presidenciales asesinados víctimas de la violencia parapolítica de los años 80 y 90, y a la ley se pegaron otros grupos como Oxígeno Verde de Ingrid Betancur, el Movimiento de Salvación Nacional, que en su tiempo de auge dirigió el también inmolado Álvaro Gómez Hurtado, la Nueva Fuerza Democrática del expresidente conservador Andrés Pastrana, y otros nuevos como los encabezados por los exsenadores Roy Barreras y Juan Fernando Cristo, que respectivamente se retiraron del partido de la U y del Liberal, sin olvidar la profusión de movimientos que desde hace más de veinte años se especializaron en vender cada vez más caros los avales, y la gran cantidad de candidatos inscritos por firmas declarándose “empresarios apolíticos”.

A estas variopintas barajas de aspirantes a alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas departamentales, podemos clasificarlas en conformadas por: candidatos, candidotes y candiductos.

Para alcaldías y gobernaciones, donde hay mayor interés, poder político y económico por alcanzar, es donde más se ajusta esta personal clasificación.

Entre los candidato(a)s podemos ubicar a quienes por su trayectoria administrativa y política realmente tienen experiencia, están capacitados y, por lo menos en el papel, cuentan con un fuerte respaldo electoral del partido en que militan y de otros que se sumaron a su campaña.

Entre los candidote(a)s, que en este medio de viejos zorros suelen ser los menos, podemos incluir a los idealistas que no conocen los entretelones y sucios engranajes de la politiquería y administración pública. Donde al honrado es al que meten preso cuando descubre o se niega a ser cómplice de un torcido, y sueñan con convertir a sus municipios y departamentos en los lugares más prósperos y felices surcados de ríos de leche y miel.

Los candiducto(a)s son los más abundantes. Van desde aquellos que les encanta salir en todas las fotos y no se pierden la oportunidad de la propaganda gratis en el tarjetón, hasta aquellos que desde hace años convirtieron la política en un negocio mejor que el narcotráfico. Son hábiles camaleones y por cuenta propia o representando a un esposo(a), otros familiares o amigos y contratistas interesados, haciendo las veces de un ducto o tubería, buscan conectarse con los candidatos que realmente tienen mayores posibilidades de ganar, cañándolos con algunos votos que dicen tener, u ofreciendo millonarios aportes a las campañas, a cambio de algunos millones, una Secretaría o dependencia municipal y departamental que tenga buen presupuesto, o de pulpos contratos de obras o suministros, en donde esperan multiplicar sus inversiones, y con porcentajes generosos llevar en su prosperidad a quienes resulten elegidos (el famoso CVY).

Esa es la realidad de nuestra “democracia” a la que el poeta y novelista Víctor Paz Otero, llama “delitocracia”, que mientras el país no experimente una verdadera reforma Política y Electoral, acompañada de profundas transformaciones socioeconómicas, políticas, espirituales y morales, no dejará de ser un gran mercado donde todo se compra, se vende, y se rapiña, en medio de colegios y hospitales convertidos en elefantes blancos, alimentación escolar que se roban y puentes que se caen, gracias a la corrupción imperante.

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