ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Lunes, 21 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

Campaña electoral en recta final…

El domingo 5 enero, 2014 a las 7:46 pm
Luis Alberto Barrera

Por: Luís Barrera / Editor Proclama del Cauca

Quienes aspiran a una curul en el Congreso de la República no debieron tener reposo ni tregua en su intensa campaña electoral en época navideña y año nuevo, pues el tiempo apremia y la competencia es ardua.

Causa indignación que en el fragor de las rivalidades por una falta de cultura política e intolerancia las agresiones se conviertan en armas de bajeza asombrosa ante la falta de argumentos serios y convincentes que lleguen al electorado.

Condenamos desde PROCLAMA la falta de respeto a las ideas de los otros porque desafortunadamente hay quienes no se detienen frente al secreto de cada conciencia y que no entienden antes de discutir y se atreven a debatir civilizadamente antes de condenar con el prurito de un fanatismo político que es detestable a toda costa.

Una valla del candidato y actual representante a la Cámara por el liberalismo caucano, Carlos Julio Bonilla Soto, intentó ser quemada o dañada por vándalos que muy seguramente actuaron por mandato perverso de algunos oscuros intereses proselitistas y eso es condenable y reprochable, pues la política siempre debe ser el ejercicio de la inteligencia y el respeto a las ideas ajenas.

Desde estas páginas abogamos para que todos los intereses que se juegan en la próximas elecciones legislativas dejen a un lado el fanatismo político, porque el fanático no admite más que la verdad suya, por lo cual renuncia a la comunicación y a la convivencia con quien considera -por cualquier razón- un ser diferente, un contrincante en potencia.

Para el fanático cancelar la existencia de la diversidad es el único camino para enfrentar el conflicto social o el debate sin ideas y propuestas. Cuando el fanatismo de nuestra democracia se basa en prácticas políticas que encuentran su sustento en la intolerancia, se convierten en una prolongación de los métodos de la guerra, ya que “la afirmación de uno supone la derrota electoral o la muerte política del otro”.

De esta manera, la política se presenta como una extensión de la guerra que renuncia a concebir la vida como un sistema formado por una pluralidad de sujetos y pensamientos. Los regímenes democráticos se establecen y consolidan como una alternativa concreta frente a la lucha de todos contra todos.

Alejemos del Cauca la concepción intolerante de la política que considera que el adversario debe ser suprimido por todos los medios con el fin de salvaguardar la propia identidad por la ambición del poder. De este modo, los enemigos de un grupo se convierten en los enemigos de la propia sociedad o comunidad que respalda un aspirante o defienden un proyecto político de cara a las elecciones.

Éste es el clásico uso instrumental de la intolerancia política en épocas recientes, como cuando se eliminó a tantos integrantes de la Unión Patriótica UP. Pasó esto con cierta complicidad del Estado, ya que la política tiene dos dimensiones: la primera hace referencia a una búsqueda del consenso y de la inclusión, mientras que la segunda plantea su ejercicio como una lucha intensa y apasionada, una pura y simple manifestación del poder como exclusión.

Dentro de esta última concepción, la guerra y la política expresan el carácter originario del antagonismo entre los individuos. Esta concepción muestra el lado oscuro y pesimista del ser humano, su tendencia fanática y dogmática, su sed de poder y su natural inclinación a la lucha de todos contra todos.

La invitación es a ser coherentes en el debate electoral, a ganarse el afecto del elector con resultados, trabajo serio, propuestas e iniciativas que puedan desarrollarse desde el Congreso en favor de los pueblos y las comunidades. A dejar a un lado la intolerancia y la falta de respeto ante las ideas de los demás, a entender por el contrario, que la tolerancia política representa un nuevo equilibrio entre los discursos y las prácticas cotidianas.

Ahora que el año comienza, es buen momento para reflexionar sobre la tolerancia como un ejercicio de apertura mental que es fundamental para entender las razones de los demás y que tiene que ver con una virtud cívica de carácter democrático. A respetar las reglas de juego, que si son verdaderamente democráticas, deben relativizar los valores políticos y sustituir la violencia por el voto y el debate.

lualbamo@hotmail.com

También te puede interesar
Deja Una Respuesta