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CALI: SOBRE UN AMOR JAPONÉS

El domingo 9 junio, 2024 a las 8:12 pm
CALI: SOBRE UN AMOR JAPONÉS
CALI: SOBRE UN AMOR JAPONÉS
Tomoko Ogawa, llamada en Cali: Akaina Akamoto
Imagen: http://music-calendar.jp/
Carlos Fajardo Fajardo
Por Carlos Fajardo Fajardo
Poeta y ensayista colombiano

Cali, 1970. En la emisora Radio Uno de Todelar de pronto escuchamos una bella y sensual voz, cantando en un extraño idioma. Nadie le entiende, pero seduce; nadie la reconoce pero hechiza; nadie sabe quién es la dueña de tan exquisita ternura. Tal vez provenga de un exótico y lejano país, pensamos. Entonces alguien llama a la emisora, quiere saber y pregunta. Varias llamadas se acumulan, pero no obtienen respuesta. Intérprete y nombre de la canción son para todos un gran misterio. De pronto, al concluir la canción, el locutor de turno descifra el enigma: se trata de Akaina Akamoto cantando Amor Japonés, y todos quedamos tranquilos. Desde ahora en las complacencias del programa “Música a la Carta”, con su mascota Pompín, solicitaremos la canción “Amor Japonés” en la voz sensual de Akaina Akamoto, eso decíamos.

Pero al interior de la emisora, el locutor y sus compañeros en la consola saben que aquel extraño bautizo de cantante y canción está cargado de una piadosa mentira, con un origen de mares, regalos, viajes, provincianismo y humor. Jaime Echeverry Loaiza es el protagonista; es el que guarda y sabe la verdad de esta leyenda. Un cierto domingo, desde la emisora Radio Uno, él había saludado a los marineros de la Flota Mercante Grancolombiana, deleitándolos con sentidas baladas. Dos meses después uno de esos marineros llegó a la emisora con un cassette de regalo para el locutor que los acompañaba desde la tierra del sol con sus mensajes de complicidad, haciéndolos llorar en la soledad de los mares. El regalo, le dijo el marino, lo había comprado en Japón como un obsequio único y exclusivo para tan musical emisora. Jaime Echeverry y sus compañeros escucharon la primera canción quedando seducidos.

Fue cuando decidieron darla a conocer al público caleño. Entonces comenzaron las llamadas. Al ver tanta acogida, y sin poder dar respuesta de inmediato, pues canción e intérprete venían en ideogramas japoneses kanji, no les quedó más remedio que inventarse los nombres. Fue un golpe de rapidez mental: ¿qué es lo que más fabrican y venden los japoneses? preguntó Jaime. Pues motos. Así que la llamaremos Akaina Akamoto. Sonaba convincente. ¿Y qué hacemos con el título de la canción?  Es una melodía dulce, romántica, seductora, concluyeron. Ya está: le pondremos “Amor japonés”. De allí en adelante todo es leyenda. Los caleños comenzamos a escuchar esta balada como «cortina» musical de un programa de radio en las tardes, la bailamos en las discotecas y los balnearios, en Juanchito, en el Séptimo Cielo, en el Cabo Rojeño, El Escondite, en el Honka-Monka, en el Aretama, y la oíamos sin cansarnos en los buses multicolores de transporte urbano de la ciudad.

Lo más  asombroso es que los viejos caleños seguimos identificándola de esa manera, sin saber que en realidad el verdadero nombre de tan hermosa canción es “Secretos de la noche”, grabada en 1968 por la famosa cantante japonesa Tomoko Ogawa, quien tal vez no se haya enterado aún que en un lugar de Suramérica, en aquella década de furor romántico, de rebeldía juvenil y revoluciones sociales, y en una emisora local que deleitaba a sus oyentes con sentidas baladas, su canción y su nombre, totalmente cambiados, fueron hacia esos años, los más famosos de su isla nipona encantada.

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