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Colombia bajó su polo a tierra

El miércoles 27 marzo, 2013 a las 12:54 pm

Bulevar de los dias

Falcao

 Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Loco-mbiano

El juego de ayer noche en Puerto Ordaz, Venezuela, nos ha puesto los pies en la tierra. La selección no ha conseguido aún la madurez de la fruta adulta. Estuvimos como novios primerizos muy emocionados por los triunfos recientes. Y ahora, ante el coco, el fucú de siempre, las ilusiones se han visto en suspenso. Todo se lo llevó la mala suerte.

Mucho bla, bla, bla en los medios, muchas felicitaciones, predicciones, cuentas alegres y parecía que el cielo había bajado a Locombia.

Cierto. Los muchachos han puesto su cuota de interés, cosa que no se veía hace bastante tiempo. Pékerman ha llegado a hablar bajito, a hacer pensar, a poner en blanco y negro la bola en la cancha. Hay una camada de jugadores que se ha ido formando, a quienes el entrenador ha visto con ojos de buen cubero.

Casi todos los integrantes de la Selección tienen puestos de honor en sus equipos y la mayoría están jugando en el exterior en excelentes equipos. Han ido adquiriendo formatos diferentes y estilos rápidos, han perfeccionado sus cualidades innatas. La brillantez, la finta suramericana, el movimiento esquivo, el sombrerito, el taco, el lucimiento han ido adaptándose a los requerimientos del técnico y a la necesidad del momento.

Sin embargo, con el paso de los días, una sensación de que las cosas ya están perfectas y que solo hay que salir a la cancha a vestir la camiseta, comienza a corroer la disciplina, el temple y la técnica que se necesita en los movimientos tácticos y de conjunto. Comienza a haber una tranquilidad sospechosa, una suficiencia emocional que puede falsear la realidad que siempre debe haber en todo deporte.

La opinión nacionalista de los comentaristas de prensa y TV, los resultados de las tres fechas anteriores subieron a los jugadores a una cima de espumas que desdibujaron al equipo. Perdieron cohesión, frescura de mente y desapareció el entendimiento de hombre a hombre. Por momentos se vio que todos volvían sus ojos y sus pases a Falcao, como chacho salvador.

Mientras tanto, Venezuela tenía su sangre en alto, su nacionalismo a flote. Sabía a viento, a pase preciso, a cuerpo ágil y fuerza en las piernas. No hubo desorden. No creyeron que Colombia los iba a amilanar. No creyeron en una suerte loca o en una inmejorable posición en la tabla. Creían en las capacidades y en el poder de cada una de las individualidades al servicio de una causa: poner la emoción, el esfuerzo de igual a igual, con el convencimiento de que podían ganar. Solo creyeron en lo que había dentro de la cancha. Eran ellos mismos que creían con sus sentimientos, su pasión, su energía, en lo que habían entrenado.

Y Colombia se sintió cansada. Su gracia y convencimiento, su técnica, su orden no aparecieron. De nada valieron sus triunfos anteriores. No había magia en su juego. Solo hubo algunos destellos por momentos. Los cambios no dieron el fruto. De nuevo aparecieron las improvisaciones.

¿Qué nos pasa que el orgullo se nos cae del andamio? ¿A dónde se fueron la defensa en el área, el pase preciso, la elegancia de su juego, los túneles, la profundidad en la delantera, la definición ante la portería, todo aquello que parecía habían aprendido nuestros seleccionados?

27-03-13 / 10:05 a.m.

Foto: http://www.eltiempo.com/deportes/futbol 

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