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Domingo, 9 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

Bolívar, Comodín de Chávez

El domingo 20 enero, 2008 a las 9:49 am

Por Alfonso J. Luna Geller

Con el reconocimiento de beligerancia a las Farc, Chávez pisó terreno colombiano con su bota chafarote, reforzando simultáneamente el alistamiento militar en los 2.216 kilómetros de frontera colombo-venezolana, con disculpas distractoras del verdadero objetivo. Es simplemente la ejecución de otra etapa de su alocado proyecto bolivariano imperialista sobre Sur América. A Chávez nada le importa. Tampoco Venezuela como país autónomo con miles de problemas internos. Su ambición es el mundo. Mejor dicho, no le importa nada que no sea estimular, a cualquier precio, las condiciones que alimenten su instinto de creerse un ser superior a todos los que tenemos la fatalidad de ocupar, a pesar de él, un imperceptible sitio sobre la faz de la tierra. Y sólo esto explica sus incomprensibles actitudes ante el mundo, no obstante Colombia. Siempre a la sombra de un retrato del Libertador.

El autócrata venezolano se ha convertido en promotor del «Imperio del Mal» (como lo ven los gringos) y en generador de un supuesto «socialismo del siglo XXI» que nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste. Su intención es no retirarse del campo de juego, hasta 2020. Como muy pronto.


Chávez está convencido de que sus puntos de vista son los correctos y neutrales, y su ignorancia en asuntos de diplomacia, administración y gobierno, derecho público e internacional, derecho humanitario, etc. (sólo tuvo una menguada formación académica como cadete de la Academia Militar de Venezuela), lo hace arrogante hasta el punto de conducirlo a la creencia asociada de que es el salvador del mundo, y que por lo tanto tiene una autoridad especial para dictar cómo deberíamos vivir los seres humanos.

Chávez cree que está actuando de buena fe, aunque asume al mismo tiempo que quienes le rodean actúan de mala fe. Cree que las referencias unánimes de los expertos son equivocadas y que es él el portador de la verdad. Cree que las políticas están mal cuando los demás las citan para confrontar sus afirmaciones y acusa a todos de formar una camarilla o de conspirar en contra suya.

La naturaleza del gobierno de Chávez es imperialista, precisamente lo que no quiere aceptar en públlico para no parecerse a quienes critica por serlo, desde el ángulo donde se le mire, se mete en los procesos electorales de los demás países, compra conciencias con los fondos inmensos del petróleo, gana adeptos con regalos que bien servirían a las crisis de su propia nación, se maquilla una imagen internacional de demócrata luchador y crea un enfrentamiento con la mayor potencia del mundo, que más que enfrentamiento es una seguidilla de ridiculeces que nada dicen de la seriedad de este estadista de pacotilla.

Tal como lo afirmaron el año pasado muchos analistas y dirigentes políticos de la oposición venezolana, el presidente Hugo Chávez no dejó caer en saco roto su propuesta de incluir la «reelección indefinida» presidencial en la Constitución, a pesar de que este y otros 68 cambios fueron rechazados por los venezolanos en el referéndum constitucional del pasado 2 de diciembre. Ahora lo intenta con una enmienda constitucional.

Para completar, su nuevo antojo es demostrar que los colombianos mataron a Bolívar. Así como lo ven. En el acto de conmemoración de los 177 años de la muerte de Bolívar, dijo Chávez que las autoridades venezolanas procederán a «abrir ahora sí ese sacrosanto ataúd y revisar con los adelantos científicos del siglo XXI y del XX, los restos que están allí».

El extravagante gobernante afirmó que tenía dudas sobre si Bolívar falleció a consecuencia de una tuberculosis o fue asesinado, o si los restos que envió Colombia a Caracas son los del Libertador. “¿Quién sabe si hasta los huesos de Bolívar los desaparecieron?”, acotó. Asimismo, el mandatario destacó que no se ha podido conseguir el cráneo del libertador. “Estamos tras la pista de ese cráneo. Por eso es que ésta es una investigación hasta policial e histórica. Obligante para nosotros”. Culpó además a los norteamericanos de “pretender acusar a Bolívar de coronarse rey”. Acusó no sólo a las oligarquías, sino a los historiadores oficiales de haber engañado al pueblo, ya que “distorsionaron y falsificaron” la verdad. Además, el mandatario acusó de su fallecimiento a Estados Unidos y a sus aliados en Sudamérica, particularmente la que llama oligarquía venezolana y colombiana.

Lo más excéntrico es que las dudas sobre la identidad de los restos, depositados en un sarcófago de mármol en la otrora Iglesia de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad de Caracas, han surgido en momentos que los gobiernos de Venezuela y Colombia atraviesan por una grave crisis.

Con este supuesto descubrimiento Chávez sería el único facultado para hablar con propiedad de Historia Patria justificando su enredado “proyecto bolivariano” para América.


Todo hace prever que Chávez busca fundamentos históricos para su demonización de Estados Unidos, Colombia y porqué no España. Chávez pasa del intento de convertir Venezuela en una parodia cubana a la brujería política. Es curioso, siempre recurriendo al pasado para “tener al pueblo entretenido” así no ve los desmanes que se cometen a diario en sus propios predios… A los déspotas les atrae mucho eso de escudarse detrás de los próceres y no me extrañaría que se inventara una excusa histórica para invadir Colombia.

Pero bueno, en medio de la guerra de comunicados y declaraciones a la que asistimos en los últimos días, lo fundamental para Colombia es una posición erguida y clara, a través de los canales institucionales establecidos por el Derecho Internacional Público, como protestas formales o similares, y sobre todo haciendo énfasis, en la beligerancia otorgada por el presidente Hugo Chávez a las FARC ante la Asamblea Nacional venezolana, que produjo una salva de aplausos.

Poco se ha conocido de gestiones internas en Venezuela que nos describen exactamente quien es nuestro interlocutor: el Ministerio de Salud ha enviado una comunicación a los psiquiatras venezolanos, firmada por los encargados de salud mental en ese ministerio, doctores Muñoz Coll y Sánchez Vera, advirtiéndoles que no pueden dar dictámenes científicos sobre la condición mental de Chávez -es irrespetuoso su trabajo médico-científico-, y que no pueden “usar sus conocimientos a través de medios de comunicación para irrespetar y lesionar la majestad del presidente o de miembros del gobierno”. Anuncian sanciones para quienes hagan un uso “irrespetuoso y anti-ético” de su saber adquirido en el área de la salud mental”.

Pero es que pelearse con la Comunidad Andina de Naciones porque lo que deseaba era irse para el Mercosur fue un acto insensato y ahora, pelearse ahora con el Mercosur, atribuyéndole los mismos defectos de la CAN, eso raya en la locura. Ahora probablemente lo veremos tratando de entrar de nuevo a la Comunidad Andina.

Quien duda que ir a Irán, a rezar a la tumba del Ayatollah Khomeini para pedirle la destrucción de los Estados Unidos, ¿no constituye una señal de locura? Ese señor Khomeini presidió una dictadura teocrática en la cual murieron millón y medio de personas. Sólo a Chávez puede ocurrírsele ir a rezar a esa tumba, nada menos que a pedir la destrucción de la nación que le da de comer a su régimen.

Cuando los venezolanos dicen que gastar seis mil millones de dólares en armas cuando el país no tiene infraestructura o la gente pasa hambre, es una locura, están haciendo un diagnóstico sin ser psiquiatras, porque ello es literalmente correcto. Nadie en su sano juicio gastaría miles de millones de dólares en instrumentos de muerte cuando las evidentes necesidades del pueblo son muy diferentes.

Esto es Chávez, que utiliza a Bolívar de comodín para ejecutar un peligroso proyecto político militar que va a involucrar al mundo entero. Ojalá me equivoque.

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