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Bolívar a oscuras

El jueves 8 agosto, 2019 a las 8:46 am
Bolívar a oscuras
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Bolívar a oscuras

Siempre es noble conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inocua. Bolívar

Bolívar se dejó perder por la magia de la Gran Colombia; por el país que vibraba en la piel erotizada de Manuelita Sáenz, mujer de aromas celestiales para el libertador; se dejó enamorar por la decisión y valentía excesiva de Ricaurte en San Mateo; por la fidelidad desorbitante de Manuela Beltrán, La Pola y los comuneros; se dejó fascinar por los escritos de Nariño y Celestino Mutis; se dejó encantar por los relatos del sabio Caldas y por los consejos legales de Camilo Torres; se dejó orientar por los sueños de poder y el orden de Santander; se dejó ilustrar por la capacidad organizativa y por el discurso de José Acevedo y Gómez.

Quizás por eso se enamoró de esta tierra y de sus próceres. Próceres que hoy a oscuras nos censuran por no tener la capacidad de luchar por una educación de calidad que nos garantice la paz y la equidad. A través del tiempo hemos podido evidenciar que el espíritu de Bolívar se hizo carne suave y digerible; se hizo sentimiento capaz de retar a dioses y demonios; se hizo fuerza letal para osar profanar la inocencia de los niños y la belleza de las mujeres, se hizo consigna para que muchos bajo la fuerza del fusil mancillaran su legado, se hizo retórica de presidentes que aún desconocen la fuerza declarativa del gran libertador.

Hoy, 200 años después, muchos han olvidado que Bolívar amó a Colombia en la sabiduría del Congreso de Angostura y en la piel de cientos de doncellas que le sonreían placidas y complacientes; sin embargo, después de mil desagravios y traiciones de propios y extraños la siguió amando en el vacío del camino a Popayán tras la muerte de su amigo Sucre y en la soledad de la Quinta de San Pedro Alejandrino en las horas que preparaban su partida a un reino sin nombre y sin rey.

Debemos recordar que Indalecio Liévano y Álvaro Mutis escriben muy sabiamente que debemos de recordar que Eros y Tánatos se peleaban por su sonrisa; vida y muerte se aclararon ante la arremetida feroz de sus ideas en la pluma certera del Gabo y Eduardo Caballero Calderón; verdad y mentira se evidenciaron ante su letra impecable y fecunda en el sentir de William Ospina; lejanía y cercanía sintió el universo en la oscura noche de su fe, de su traición septembrina y de su legado según Fermín Goñi y Fernando Gonzales; santidad y lujuria se mezclaba en sus frases, comportamientos y gestos según Eduardo Lozano y Evelio Rosero, sus recuerdos perduran en los trazos perfectos de Jorge Caro Copete y en la exactitud de los conceptos expuestos por Raúl Piamonte Peña.

Además, hoy es válido recordar que, según la BBC, el mundo moderno se debe estremecer al saber que Bolívar comando un ejército que nunca conquistó ni subyugó a un pueblo; sino que su tropa india, negra y mestiza fue la única en la historia de la humanidad que se creó para liberar.

En el conjunto de estos hechos históricos concomitantes, resulta oportuno tratar de refrescar el hecho de haber llegado a los doscientos años y seguir igual o peor. Es imperativo recordar que ante el paso de las huestes libertarias se estremecieron los llanos venezolanos, las nieves perpetuas de los Andes, los musgos trémulos de los páramos colombianos, las poderosas montañas peruanas, los riscos verdes y ocres de Bolivia y los antiguos caminos de los Incas desde el próspero Chile hasta el frío y fiero Ecuador.

También que Bolívar solo con 47 años de edad peleó 472 batallas siendo derrotado solo 6 veces; participó en 79 grandes batallas, con el riesgo de morir en 25 de ellas; liberó 6 naciones, cabalgo 123 mil kilómetros más de lo navegado por Colón y Vasco de Gama juntos, fue jefe de 5 naciones, cabalgó con la antorcha de la libertad la distancia lineal de 6.500 kilómetros, que es aproximadamente media vuelta al mundo; recorrió 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón, y el doble de Alejandro Magno; sus ideas de libertad fueron escritas en 92 proclamas, 2.632 cartas y lo maravilloso de su genio creador fue dictarlas casi en forma simultánea y en diferentes idiomas y a distintos secretarios.

Sin embargo, al final de su extraordinaria épica y en sus horas postrimeras lo que le extraño y causo una gran decepción fueron las iras, rencores e hipocresías en su amada Colombia. Iras, rencores e hipocresías que aún persisten en corroer nuestra amada patria desde la silla presidencial hasta la más humilde choza.

Bolívar nunca vio en Colombia una tierra propicia para la santidad del pecador asustado y una oportunidad para la del malevo traficante, pero, ambos aún después de 200 años nos han obligado a debatir entre extremos, donde toda clase de ilusionistas, mequetrefes, leguleyos de derecha y de izquierda, traficantes de salvación, saltimbanquis, modernos alquimistas, nuevos señores del opio, y santos de mitra y bastón nos dejan sin luz y alejados de toda opción de ser felices, al punto que han prostituido la patria, vendido la idea de ser felices y han traficado con la educación, la salud, la vivienda, el deporte, la vías, la cultura y la paz.

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Un comentario en "Bolívar a oscuras"

  1. Se olvida cómo terminó Bolívar, derrotado, arruinado, camino del exilio, diciendo » Aré en el mar, y edifiqué en el viento». Es que convertir uno de los más extraordinarios Imperios, en una manotada de republiquetas, ha sido un error colosal, al desorganizar la sociedad, dio pie a crímenes como el de Sucre, o Anzoategui, jefes de Estado incompetentes o tiranos, y que después de haber sido España la que descubrió América, hoy ciertos anglosajones felices en estas tierras se atrevan a calificar a los latinoamericanos (lo que es igual a Blanco más Amarillo, y Negro) como una peste que hay que matar. Solamente uniendo lo que nunca debió desunirse, ocuparemos el lugar que nos corresponde, en el concierto de las naciones.

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