ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Lunes, 24 de enero de 2022. Última actualización: Hoy

BOFETADAS A LA DEMOCRACIA

El martes 25 marzo, 2014 a las 8:56 am

Crepitaciones

El miércoles 19 de marzo del presente año, siendo las 6 en punto de la tarde, el señor presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, algo nervioso, angustiado y trascendental, como si no quisiera decir lo que iba a decir, ante las cámaras de televisión, expresó en 5 minutos eternos su decisión acerca de la no aceptación de las medidas cautelares, aconsejadas por la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), a favor de Gustavo Petro y el nombramiento ipso facto del ministro de trabajo, Rafael Pardo, como alcalde encargado para Bogotá. El país se sintió sorprendido en su buena fe, incrédulo en grado extremo y admirado por lo que estaba escuchando. El pavor del presidente por sus propias palabras fue tal, que al final de esos 5 minutos, de inmediato le pasó el balón a su ministra de relaciones exteriores, María Ángela Holguín Cuéllar, para que explicara los motivos jurídicos de la decisión. Ella, un poco titubeante al principio, pero después más segura y aplomada que su jefe y armada de su bella sonrisa así lo hizo y la tragedia nacional siguió su marcha. Parecía nada más, ni nada menos, como un guión de realismo mágico macondiano, de nuestro Nobel de Literatura (y es que así es, pues como dijo alguna vez Gabo, Colombia es Macondo).

Ese nefasto día, pasará a la historia, como el día “D” de la confabulación de los poderes mal llamados “democráticos”, de la hipocresía oficial regentada por el propio presidente de la República y de la ausencia total de la mal llamada democracia colombiana, la cual está más que demostrado, que no existe, ni existirá, mientras subsistan las desigualdades sociales, los abusos del poder, la corrupción generalizada, y los privilegios de unos cuántos avivatos en contra de la mayoría de colombianos, hombres y mujeres de bien, trabajadores que se ganan el pan con el sudor de la frente, con la “gota fría” y con la “gota gorda”.

Veamos porqué: la confabulación existe, por la persecución insidiosa y taimada del “señor” todopoderoso Alejandro Ordoñez, quien en su calidad de procurador general de la Nación, sancionó muy drásticamente al exalcalde de Bogotá por 15 años, sólo por querer cambiar de propietarios en la recolección de las basuras capitalinas, que eran empresas privadas, a públicas. Como Petro era de la oposición y no era del agrado del procurador, se la aplicó toda (¿será esto democracia, cuando en el artículo 1º de nuestra Constitución Nacional se menciona el pluralismo?). La hipocresía presidencial, sucedió por el ofrecimiento de Santos, el año pasado de respetar las medidas cautelares del CIDH, en caso de que se dieran, como en efecto se dieron, pero Santos, mondo y lirondo, no cumplió su palabra, le mintió a Petro y lo peor, al país (y con esa forma de ser, ¿quiere buscar la reelección?, muy cínico, ¡caramba!).

El caso Petro, demuestra hasta la saciedad, que la democracia colombiana está herida de muerte, que sólo priman los interés personales y partidistas, que los derechos humanos no existen (incluidos los políticos), que a nuestra endiosada y manoseada Constitución Nacional se la pasan por la faja en cualquier momento (de acuerdo a las conveniencias). Ya lo expresó muy bien Nelson Mandela: “SI NO SE RESPETAN  LOS DERECHOS ELEMENTALES DE LAS PERSONAS, LA DEMOCRACIA ES UNA CÁSCARA VACÍA, AUNQUE LOS CIUDADANOS VOTEN Y TENGAN PARLAMENTO”. El procurador y el presidente, a su modo, están acabando con nuestra democracia. La historia les pedirá cuentas.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?