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Viernes, 24 de septiembre de 2021. Última actualización: Hoy

AZULI Y EL MANDALA

El lunes 30 julio, 2018 a las 5:07 pm
AZULI Y EL MANDALA

(Dibujo de RVQ, 1976)

AZULI Y EL MANDALA

AZULI Y EL MANDALA

Azuli estaba absorto contemplando un mandala sencillo, «Las bocas», dispuestas simétricamente en cruz y en cuya estructura intuía la presencia metafísica del Vacío, y de repente apareció el Maestro ante él; Azuli se ofuscó un tanto y bajó la cabeza.

«Dime», le dijo el Maestro.

«Estoy agobiado por interminables preguntas», contestó Azuli, levantando la mirada con cierta vergüenza.

«Todas las preguntas debes reducirlas a una sola. Puedes seguir inquiriendo en las cosas del mundo, y seguro descubrirás todas las ecuaciones que guarda el universo; pero poco a poco esas cosas se tornarán más y más complejas, se multiplicarán al infinito en el tiempo y el espacio, y las preguntas y respuestas crecerán en la misma medida», le respondió el Maestro.

«No soy nada ni nadie ante tanta infinitud», dijo Azuli.

«Por lo menos existes, y entonces eres el Ser; si no, no existirías. ‘Lo que Es no puede dejar de existir, y lo que no es, nunca puede llegar a existir’, dice un antiguo libro sagrado. Esta evidencia la entienden quienes reflexionan acerca de cosas sutiles.»

«Lo sé, Maestro; sin embargo, el tiempo acosa, vence mi resistencia; sé que no alcanzaré la meta», respondió Azuli.

«Ya te he dicho que el tiempo, el espacio y todo cuanto hay son formas de tu propia Conciencia, están en ti mismo; si no, no podrías conocerlas, no tendrías conciencia de ellas; por eso, mira en ti mismo, no en otro lugar», dijo el Maestro, colocando la mano sobre el hombro de Azuli, tratando de tranquilizarlo.

«Es el tiempo lo que me preocupa; pasan los años, la vida se escurre como agua entre los dedos. Si hubiera forma de parar el tiempo…», dijo Azuli con cierto desdén.

«Un sabio de los vuestros conjeturó que si uno lograra viajar a la velocidad de la luz, el tiempo no pasaría para uno; al menos creo que eso afirmó», contestó el Maestro mirando hacia arriba.

«Eso es imposible, Maestro; nadie puede hacer eso», reclamó Azuli con desesperanza.

«La luz es una forma de la Conciencia, de modo que tú eres la luz; si la encuentras en ti mismo y te identificas con ella, ¿qué necesidad hay de viajar a la velocidad de la luz?», reclamó enfáticamente el Maestro, resaltando cada una de las palabras.

«Fácil de oír, difícil de entender, problemático de poner en práctica», contestó Azuli con evidente mal genio, y entonces el Maestro le pidió calma, y ensayó despedirse.

«Por lo menos oye el pequeño caracol que te enseñé; está en tu oído, escucha el sonido que transmite; es el sonido astral, el sonido absoluto, el sonido del Éter, la música de las esferas. Es una forma de tu propia Conciencia; si te concentras en él en forma ininterrumpida, con atención total, pararás el tiempo, así los demás vean aumentar las transformaciones y arrugas de tu cuerpo bajo el sol».

Entonces el Maestro desapareció, pero era evidente que mientras estuvo allí, el tiempo tenía un perfume distinto, especial, y cierto sabor de Eternidad.

            ******RVQ

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/rodrigo-valencia-quijano/

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