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Aún no hemos tenido tiempo para extrañarte: Crónica de Llano Verde

El martes 1 septiembre, 2020 a las 11:16 am
Crónica de Llano Verde: "Aún no hemos tenido tiempo para extrañarte".

Aún no hemos tenido tiempo para extrañarte: Crónica de Llano Verde

Jair Mina Cortez, uno de los niños víctima de la masacre en Llano Verde, Cali
Por: Johana Andrea Vergara Velasco // Foto: Jair Mina Cortez, uno de los niños víctima de la masacre en Llano Verde, Cali, junto a su hermana.

Su nombre es Eliza Mina Cortez, es una mujer de 27 años y de estatura mediana, piel canela. Físicamente es una doctora juguetes pero con su cabello rizado, en su mirada refleja la paz y la dulzura a pesar de la tragedia de haber perdido a su hermano menor de 14 años de edad.

Al verme por primera vez, sonríe como si me conociera; como si en su alma no habitara el dolor de la partida de aquel ser querido que le arrebataron la vida siendo un adolescente; me pregunta cómo estoy, me hace saber que en esa casa donde yo había llegado, era su casa materna y como no imaginarlo si en la acera de ésta parecía estar todo el personal de la alcaldía, porque horas antes, las 5 familias se habían reunido con el señor presidente de la República como se había pactado anteriormente, teniendo en cuenta la petición de los dolientes para el día Sábado 22 de agosto de 2020, a las 9 a.m; con el único fin de solicitar que se hiciera justicia y que estos cinco asesinatos no fueran parte de la impunidad.

Aún no hemos tenido tiempo para extrañarte: Crónica de Llano Verde

Ella me invita a su casa la cual estaba a pocos minutos, en el camino nos encontramos niños y niñas afrodescendientes que se detenían a saludar a Eliza, con una sonrisa como que entendiera que esta joven que parece estar blindada por el dolor, necesitaba cariño de quienes la rodean, ellos se marchan jugando con sus burbujas de jabón que atrapan en el aire. Estos niños al preguntarles que si no tienen otro juguete contestó riendo, que no lo tienen pero que brincando, atrapando las burbujas por el barrio se aburren menos que quedándose en casa. Lo que llama la atención es que no portan ningún tipo de elemento de bioseguridad en tiempos de pandemia.

Eliza y yo continuamos el camino y en segundos la detiene una mujer abrazándola fuertemente, la cual se presenta como Mónica Lucumí, su jefe de trabajo y nos invita a pasar a su residencia.

Todo el tiempo nos colma de atenciones lo que causa que ésta joven se sienta más tranquila; yo le pregunto quién era su hermano y ella con su voz quebrada me contesta Jaircito, era un niño tranquilo era el menor de nosotros sus hermanos, le gustaba la música. Cuando era más niño le apasionaban las fotografías y ya en la adolescencia parecía en ocasiones huir de ellas; por su timidez era sencillo, estaba cursando séptimo grado, no lo teníamos acostumbrado a lujos y no porque no sintiéramos amor, por el contrario, él era nuestro corazón y nuestras arterias y quien enternecía cada instante, pero nuestra situación socio económica nos lo impedía, pues somos una de muchas familias que hacemos parte de la reubicación que hizo el estado a nosotros los desplazados en este barrio Llano verde.

Todo esto es por causa de una guerra que a nadie parece importarle, mi hermano se entretenía jugando con mi celular, nunca se molestó por no tener un dron como los otros niños de la ciudad, ni mucho menos porque no le compramos ropa de marca, trabajaba conmigo etiquetando y empacando las esponjas de teflón.

Aún no hemos tenido tiempo para extrañarte: Crónica de Llano Verde

El día que lo perdimos no fue porque nosotros su familia lo descuidamos como lo dice parte de la sociedad, ése día el salió a las 12:30 de la tarde de la casa de mi madre y el último audio que yo escuché de él fue a las 12 en punto. La confusión se dio porque mi madre pensó que él estaba en mi casa y yo pensé que él estaba con ella; pero esa tarde mi madre tuvo una cita odontológica y yo estaba asistiendo a mi hijo de 6 años de edad que tenía un examen final y cuando nos dimos cuenta que nuestro niño no estaba, eran las 7 de la noche.

Uno de sus amigos lo vino a buscar a mi casa, preguntándome ¿Jaircito ya llegó? Yo le pregunté ¿de dónde? a lo que él me contestó que ellos habían ido a elevar cometas al cañaduzal, pero que él se había devuelto y que Jaircito y los otros niños habían seguido el camino, en ese momento solo sentí ganas de salir corriendo en busca de ellos.

Salimos todos los padres de familia y algunos vecinos en búsqueda de los niños, llegamos a “Casa Blanca” la cual está cerca del cañaduzal, las luces estaban prendidas y cuando tocamos y preguntamos por los niños las apagaron y ya no se escuchaba ningún tipo de ruido. Nosotros seguíamos tocando la puerta desesperadamente, yo tenía confianza en Dios de que los niños ya hubiesen llegado a casa y le pedí a mi mamá que nos fuéramos, pero ella me decía yo sé que mi hijo está allí y empezamos a gritar vamos a llamar a la policía y en instantes prendieron las luces y salió un señor con una mirada hostil negándose y con dos perros furiosos. Mi mamá estaba desconsolada, todos salimos a buscar ayuda. En el camino nos encontramos una patrulla de policía y les comunicamos lo sucedido, suplicándoles que nos ayudaran a encontrar los niños y la única respuesta que recibimos de su parte fue “no estamos aquí por ellos, estamos por otros desaparecidos”. Nos dijeron espérennos aquí y se dirigieron a casa blanca, nosotros corrimos tras de ellos con la intención de alcanzarlos y estando en el cañal buscando a nuestros niños, una voz decía amá!!amá!! en ese momento alcance a tener una luz de esperanza y di un paso hacia delante y mi mamá grito ¡No!, es una trampa y corrimos y más adelante encontramos los cuerpos sin vida de nuestros niños.

Todos sentíamos que se nos desgarraba el alma, es que fue tan fuerte… Parecía una escena de película de terror donde veíamos a los niños y no precisamente frente a la pantalla de un televisor, sino frente a nuestros ojos, con heridas de bala; uno de ellos degollado por causa de un machete, lo paradójico es que en ese lugar la tierra no estaba teñida de sangre y sus cuerpos estaban totalmente húmedos; mi hermano se inclinó hacia Jaircito poniéndole las manos en el pecho, tratando de revivirlo pero era demasiado tarde, Jaircito y sus amigos de infancia nos los habían arrebatado de la forma más cruel y despiadada. Sus cuerpos dejaban ver signos de tortura; allí se encontraban los vigilantes y la policía.

Dos de estos cuidadores del cañal tenían sangre en su ropa, en sus rostros y en sus machetes, yo no sé en ese momento como era el clima ni mucho menos si el cielo vestía estrellas, solo sabía que mi ángel no estaba. Desde su partida no hemos parado de marchar y pedir por los medios de comunicación que este crimen no quede impune.

De él lo conservo todo, en especial su camisa que aún conserva su aroma.

Jair Mina Cortez, uno de los ninos victima de la masacre en Llano Verde, Cali.

Para quienes no lo conocían, a Jaircito le gustaba bailar y jugar microfútbol, ya la vida le había regalado su primer trofeo, pero hoy mi niño de piel negra y de alma limpia, no está, no solo por la maldad de unas manos criminales sino también por el estado, que haciéndonos parte de su experimento social de los que hoy hacemos parte como desplazados, con el argumento de que a nosotros se nos aseguran garantías de reparación y derecho a la verdad y a la no repetición, a Jaircito no lo mató el conflicto que nos desplazó, sino el estigma de ser del barrio Llano Verde. En este sector se reubica a personas de los sectores más vulnerables de Cali y esto ha sido el atractivo de las pandillas, policías corruptos, delincuencia común.

En realidad el estado no brinda garantías y hoy nos encontramos siendo víctimas de unos hombres que se creen dueños y señores de la vida. A nosotros nos duele que Jaircito ya no estará para pedirle la bendición a mamá, ni mucho menos para brindarnos su amor. Gracias hermanito por esos 14 años que nos llenaste de ti, siendo nuestro orgullo.

Jair Mina Cortez, uno de los ninos victima de la masacre en Llano Verde, Cali.
Aún no hemos tenido tiempo para extrañarte: Crónica de Llano Verde.

Hoy, a pesar que este dolor que pareciera no abandonarnos como familia, puedo decir que el pasado viernes 28 de agosto, logré conciliar el sueño, pero no puedo negar esa sensación que sentí en la audiencia al tener a esos hombres frente a mis ojos, la piel se me erizaba y la respiración se me aceleró, cuando esos hombres me miraron sentí tanta rabia por lo que nos hicieron a las cinco familias, pero lo peor fue escuchar en la audiencia el testimonio de Jairo Antonio Mesa Rojas, un joven de 19 años de edad que da a conocer que ese día se encontraba laborando en el cañal, porque su padrastro no quiso ir a trabajar y le ofreció 50.000 pesos para que le hiciera el turno y por medio de radio teléfono, escuchó a estos individuos decir “Ya cogí a uno ahí va el otro, falta otro”, “Ya lo vamos a coger”: y los persiguieron en moto y a pie hasta lograr tenerlos acorralados y según el dictamen que hasta ahora ha revelado criminalística; que los cinco niños por la posición de los cuerpos, antes de morir estaban arrodillados y murieron por causa de los impactos de bala y que mi hermano en sus manos mostró que murió con una posición de defensa.

Hoy tengo muchos interrogantes como hermana; en realidad ¿dónde mataron a los niños? ¿Por qué sus cuerpos estaban húmedos, al igual que su ropa? ¿Por qué nadie habla de tortura cuando uno de los niños lo encontraron sin nariz? ¿Por qué uno de los niños tenía un raspón en la espalda? ¿Qué descubrieron los niños en ese cañal? ¿Por qué han muerto más niños en este cañal? ¿Por qué Jeferson Angulo Quiñones, Juan Carlos Loaiza Ocampo y Gabriel Alejandro Bejarano, trabajadores de este cañal no regresaron a sus puestos de trabajo después de los hechos, si son inocentes? y lo que más me indigna es ¿Por qué estos dos capturados Juan Carlos Loaiza Ocampo y Jeferson Angulo Quiñones, se escudan asegurando que son inocentes y que el actor intelectual y material es Gabriel Alejandro Bejarano?, cuando Jairo Antonio Mesa asegura que los escucho por el radio teléfono andando en moto y a pie…

¿Por qué la Fiscalía al realizar un allanamiento en el barrio Villa Mercedes y al encontrar un arma de fuego calibre 38 y 23 balas, algunas como calibre 38 y otras 765 marca Águila, entre otras… Por qué no se capturó a Bernardo Antonio Vanegas?, quien aseguró que era el tenedor de la casa. Este material se encontró en el segundo piso de la residencia, el allanamiento se realizó gracias a la recompensa que se está ofreciendo por Gabriel Alejandro Bejarano.

La comunidad realizó muchas llamadas y una de ellas aseguro que ahí en esa dirección estaba el prófugo, otras de las cosas que cuestiono es ¿Por qué cuando estábamos buscando a los niños en el cañal, nos alumbraron con una linterna y fingían una voz de niño diciendo “Amá, Amá, aquí estoy”, que nos pretendían hacer?

A pesar de lo que estamos viviendo las cinco familias, solo puedo decir gracias a quienes han marchado con nosotros en Pro de la verdad, a la Fundación Afrodes, a la Casa del Chontaduro y demás fundaciones, al personal de la ONU que han estado ahí dándonos su apoyo. Prefiero pensar que mi hermano y sus amigos de infancia, que se les privó de la vida, están volando entre las nubes como mariposas sin sentir miedo, ni dolor alguno.

Tasa de desplazamiento en Colombia

El 2019 cerró con 8.953.000 víctimas del conflicto armado colombiano, una cifra que podría superar los 9.000.000 de colombianos afectados por la violencia al finalizar el 2020, si se tiene en cuenta el desplazamiento forzado y las afectaciones por minas antipersonal.

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