Viernes, 23 de abril de 2021. Última actualización: Hoy

Atentados contra el patrimonio cultural

El miércoles 7 abril, 2021 a las 10:37 am
Atentados contra el patrimonio cultural
Imagen: Referencia.

Atentados contra el patrimonio cultural.

Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas

Las reivindicaciones de las víctimas del esclavismo y la barbarie colonial no deben convertirse en una batalla por la memoria colectiva para justificar atentados contra el patrimonio cultural de la ciudad. Los agresores creen poseer la verdad y ser los guardianes de la virtud, abordando como nuevos censores actividades iconoclastas antiesclavista, como una mala imitación del universalismo francés.

Los agresores con sus acciones, obligan a escrutar más de cerca a quienes son honrados por estos monumentos, y esto permite que la historia se vuelva a contar desde el punto de vista de la necesidad de construir una unidad nacional como proyecto político incluyente y participativo. Pero no podemos purificar el pasado. Y lo que quiero decir con eso es que no puedes volver atrás y simplemente hacer del pasado algo que sea más aceptable y que se ajuste mejor a nuestros deseos de hoy.

Al derribar, destruir, grafitear nuestros monumentos y ocupar las haciendas históricas, surge una contradicción para definir la visión de la memoria colectiva, con una simbiosis que contrasta el derecho de unas minorías raizales estigmatizadas y una sociedad mestiza que ha ejercido por siglos la autoridad política para embellecer la ciudad y conforma el entorno urbano de ciudad colonial, patrimonio inmaterial de la humanidad.

La furia iconoclasta de los agresores, afecta el paisaje urbano de una sociedad multiétnica y pluricultural, cosa que nunca demandaron sus antepasados. Es urgente  un proceso deliberativo, no podemos simplemente dejar que las turbas derriben monumentos, es urgente implementar nuevas reglas de tolerancia y coexistencia, dado que cuando una ciudad es clasificada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como «patrimonio de la humanidad», tiene la obligación moral de cuidar sus monumentos y no tolerar que los «bárbaros» que derriban estatuas protesten implícitamente contra los símbolos, bajo el pretexto del rechazo a la esclavitud y el colonialismo, que con un nuevo enfoque de urbanismo histórico, destaca el rostro deslumbrante del capitalismo inmobiliario.

Las ciudades son cuerpos vivos que cambian de acuerdo con las necesidades, valores y deseos de sus habitantes, y estas transformaciones son el resultado de una culturización social. Derribar monumentos protestando contra una dimensión histórica de racismo y la opresión, es legitima pero injustificada, incluso me atrevería asegurar que es algo más que eso, al incorporar una forma de  apostarle a la gentrificación de nuestra ciudad, que supone la metamorfosis del sector histórico, para degradar la ciudad a un villorrio rescoldo de su pasado glorioso.

La intervención de los nuevos magnates de la especulación, que rechazan la barbería policial, la corrupción, la contaminación ambiental, la pobreza, el desempleo y la injusticia social, para deslegitimar a la autoridad pública; respaldados por ONG., como la Open Society Fundations, que apoya y financia las acciones de partidos progresistas que le apuestan a la legalización de las drogas, el aborto y la ideología de género, entidades que motivan y estimulan la iconoclastia con el argumento sofisticado y perverso de protestar contra el racismo, esclavitud, colonialismo y genocidios, sin considerar que la historia no se puede cambiar, lejos de entender que rememorar  el pasado no implica celebrarlo.

A los magnates de los fondos de especulación, no les interesan los monumentos históricos, les interesa es el poder de la economía y los negocios de especulación. De no fortalecerse la unidad nacional y dejarnos dividir con argumentos de raza, género o de lucha de clases, bajo el influjo de movimientos iconoclastas contra el antiguo esclavismo, impondrá un nuevo orden mundial, aprovechando el descontento y la anarquía por la ausencia de un verdadero liderazgo para combatir la influencia nefasta de los intereses económicos de los fondos de especulación financiera, que sin escrúpulo alguno, usan hasta guerras biológicas, pandemias y vacunas para gobernar el mundo.

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