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Sábado, 21 de julio de 2018. Última actualización: Hoy

ATARDECER EN DOMINGO

El lunes 8 enero, 2018 a las 12:14 pm

ATARDECER EN DOMINGO

No solo hay saudade en Río o en Bahía. También en Cali al caer la tarde. Caer la tarde, llena de sol, cansada de traer y llevar gente a pasear y disfrutar. La tarde es buena compañera de viaje. Especial para domingo después de Reyes. Lleva uno en los ojos lo más obvio. Las ilusiones.

Con mis ilusiones salí de mi refugio, que es mi misma torre de marfil en mi apartamento. Ha sido un día de esos que podían durar todo el año. Sin mucho sol ni calor, brillante y apacible, como un lobo que acompaña de día, igual que un perro. A veces va adelante y se va quedando atrás. Se acerca la noche y el sol, rey, -ya sin corona- se esconde en el horizonte como un polizón de barrio. Hasta el Sol tiene su ocaso y lo padece todos los días.

En verdad, ¿qué tuvo de especial este domingo, vestido de luz y ahora con sombras? Los domingos son señores que amanecen con vestido de fiesta. Van a la fiesta del descanso, de estar con la familia, de hacer locha y ponerse uno a escribir cuando mueren los quehaceres, los trabajos y los afanes. No hay que esperar una llamada. Tal vez de la novia y no más. De resto no hay preocupación. Oh, qué banalidades he dicho, pero ya están escritas.

La escritura que estoy haciendo se llama automática. Escribo lo que salga. Apenas se me ocurrió el título me gustó y le seguí el instinto al atardecer que cada vez se va oscureciendo más.

Las luces de La 14 al lado parpadean de azul, verde, rojizo. Unas mujeres me miran fijamente por los vidrios del gran almacén. Una es zarca y la otra de ojos negros está de lado y me mira curiosa. Se ampara detrás de una palmera que baila de noche en plena calle aprovechando las luces de colores.

El clima está tibio, casi frío. Ideal para empezar serena la noche y esperar que llegue el cenit, punto preciso para dormir la noche entera. Hoy me iré a la cama hacia las 9. Temprano, para mí. Otras veces escribo o miro de nuevo los periódicos a ver qué de nuevo ha ocurrido en el mundo. Una vez, hace muchos años, me asombró un señor de la calle que me creía un doctor y me preguntó si yo leía el periódico todos los días. Lo miré de arriba abajo y lo admiré. Él sí lo leía ¡y le interesaban las noticias internacionales! Me dejó atónito. Cómo no se me había ocurrido pensar que a un simple ciudadano le interesa saber qué ocurre allá, en Corea del Sur o en Nueva Zelanda o en Cabo de Hornos. En el día a día.

Qué domingo tan distinto y tan parecido a cualquier otro. No hubo mercado en la plaza como en Choachí o Villa Gómez o Susa o Sasaima. No. Pero en Cali atardeció y me cogió la noche del gaznate.

07-01-18                                           6:51 p.m.

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