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Asamblea Nacional Popular

El miércoles 2 junio, 2021 a las 1:09 pm
Asamblea Nacional Popular - Gobierno Duque - Uribe

Asamblea Nacional Popular.

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Una vez constatado el talante ultra conservador y corporativista del gobierno nacional de Colombia, esta vez, en el cuerpo ajeno de Iván Duque, empezaron a aflorar en la opinión pública, toda una serie de reparos, inconformidades, rechazos y exigencias, acumulados desde siempre pero exacerbados recientemente, por la inoperancia e irresponsabilidad del titular, así solo sea de nombre, de la Presidencia de la República de Colombia, a la hora de manejar la crisis sanitaria ocasionada por la peste del COVID 19 y la económica, resultado del acumulado de inequidades producidas por el modelo económico asumido por Colombia, desde el gobierno de César Gaviria.

Si bien es cierto que las torpes medidas económicas, laborales y sanitarias adoptadas por Duque durante la pandemia, fueron los ingredientes finales del postergado estallido social, que desde 2018 se venía gestando al interior de la sociedad colombiana, liderado por los jóvenes, equivocadamente etiquetados como la “Generación de Cristal”; también lo es, que este descontento generalizado se ha traducido en la férrea posición de desafío planteada por los protestantes de 1ª, 2ª, 3ª y n líneas, al statu quo del uribismo, cuya respuestas han sido; la intransigencia, el irrespeto y la violencia.

Aunque la convocatoria a las jornadas de paro que se iniciaron el pasado 28 de abril, estuvo a cargo de las organizaciones sindicales de Colombia, su posterior desarrollo y liderazgo, rápidamente se fueron descentralizando. Al petitorio compilado en el llamado Pliego Nacional de Emergencia, presentado al gobierno nacional, en medio de la pandemia, se le fueron sumando, las mil y una exigencias, de cada uno de los actores y actrices sociales desde distintos territorios de la geografía colombiana y que le plantearon, desde el principio, un nuevo reto, no sólo al pusilánime gobierno de Duque, sino al llamado Comité Nacional de Paro, al constatarse la ausencia de una unidad de coordinación de las distintas expresiones de descontento reunidas alrededor del Paro Nacional.

Este escenario de movilización social compartimentada, en principio, le sirvió a las intenciones del establecimiento gremial y estatal, para intentar, tanto la desestabilización del movimiento, como para lavarse las manos, descargando en las administraciones departamentales y municipales, la responsabilidad de resolución del conflicto social. Sin embargo, ante la exitosa convocatoria a movilización que han alcanzado las coordinaciones regionales y la nacional del Paro, la respuesta de los sectores de ultra derecha no se hizo esperar.

La impresentable injerencia que, sobre las decisiones del gobierno nacional, vía Twitter, ha ejercido el sub judice ex senador Uribe Vélez, le sirvió de justificación a sectores de las FF.MM., de la Policía Nacional y de auto defensas urbanas, para perpetrar ataques armados en contra de protestantes, campesinos, indígenas o jóvenes, a lo largo y ancho del país, los cuales, lejos de haber obtenido el efecto terrorista de amedrantamiento que buscaban, solo ha servido para radicalizar las posiciones de los convocantes y participantes de las jornadas de protesta.

Este proceso de endurecimiento de las posiciones, paradójicamente, le ha servido al gobierno Duque, para llevar a cabo toda una estrategia de propaganda, desplegada en los medios del uribismo, para propagar verdades a medias sobre las mal llamadas consecuencias del paro y de paso; lavar la sangre que sobre armas y manos de algunos miembros de las fuerzas del orden y de civiles, aún no se seca, luego de un mes de represión violenta de la protesta social.

Si bien es cierto que, según los recientes sondeos de opinión, el paro nacional y sus protagonistas, los jóvenes, aún mantienen altísimos niveles de reconocimiento y respaldo, también lo es, el progresivo surgimiento y avance de una tendencia de opinión pública de base que reclama, principalmente del gobierno nacional, una salida pronta a la actual situación de conflictividad social. Es precisamente sobre esta tendencia, sobre la cual, la ultra derecha colombiana, ha empezado a ejercer vulgar manipulación, intentando, de un lado, romantizar el accionar de las autodefensas urbanas de Cali y otras ciudades colombianas, así como de culpar del empobrecimiento paulatino de los colombianos, no a las políticas del uribismo durante los últimos veinte años, sino a los muchachos y muchachas de las primeras líneas por el paro de un mes.

Como respuesta política al intento de engaño que pretenden Uribe y sus aliados, por medio de la distorsión de la verdad a través de sus medios de comunicación y su dirigencia política aliada (Cambio Radical, la U, Conservador, Mira, Col. Justa Libre, Liberal, Manguito, etc.), varias organizaciones sociales, entre ellas la Minga Sur occidente, le han planteado a la nación colombiana, la conformación de la llamada Asamblea Nacional Popular, como espacio y/o entidad alternativa de deliberación, decisión y acción, para enfrentar la inoperancia de Duque y diseñar una plataforma capaz de recoger los múltiples sentires y sueños de toda la nación, como fundamento de una propuesta de transformación del país o Plan de Vida para el pueblo colombiano.

Esperemos que ahora si amanezca y cese esta horrible noche uribista.

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