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Arquitectura rural y patrimonio

El jueves 16 mayo, 2019 a las 8:42 am

Arquitectura rural y patrimonio

El fin semana pasado abrieron al público la Hacienda Cañasgordas luego de una inversión importante en su restauración.

Este esfuerzo se debe tomar como ejemplo para conservar otras obras de arquitectura rural en Colombia.

La conservación del patrimonio arquitectónico contribuye a la memoria y a la reflexión histórica de nuestra sociedad.

Desde hace varios años he venido investigando y visitando en diferentes bibliotecas y viajes por el mundo la arquitectura rural. Recorrer la arquitectura rural e imaginar las sociedades de otra época es una experiencia mágica. Recuerdo, por ejemplo, imaginar la época romana conociendo los trullos. Los trullos son unas construcciones campesinas en piedra que se desmontaban rápidamente para esconderse y no pagar impuestos.

También me sorprendieron los castillos de los reyes franceses. Su ostentosa arquitectura es un testimonio del enorme poder que concentraban los Estados absolutistas. O las casas de los granjeros de Nueva Inglaterra muestran el trabajo y la austeridad de la vida rural protestante norteamericana.

Las casas de hacienda colonial, como la de Cañasgordas, replican la hacienda española combinando estilos mudéjares con materiales locales. Pero también, replican algo del sistema socio económico y político.

La hacienda colonial se estructuró en latifundios que fijaron la mano de obra para poder producir. Era muy importante abastecer de alimentos a la población de españoles y esclavos africanos e indios trabajando en las minas de oro.

La conservación arquitectónica resultar ser pues el resultado de la sumatoria de muchos esfuerzos pasados y presentes que le dan sentido a una construcción. Esto lo observamos claramente en las civilizaciones más avanzadas dónde el valor del patrimonio es muy alto.

Por lo general estas iniciativas son privadas o públicas apoyadas por el Estado parcial o totalmente para beneficio de todo el mundo. Como el Museo del Luvre en Francia o el Parque Arqueológico de San Agustín en Colombia declarado patrimonio de la humanidad.

Y es que con el paso del tiempo es muy difícil que alguien viva en castillos o haciendas por su elevado costo de sostenimiento. Por esta razón es común encontrar que muchas casas de haciendas coloniales se abandonan y se caen.

Por lo general se debe a que la familia propietaria no tiene los recursos suficientes y por lo tanto tiene intereses diferentes a los de su conservación.

En otras ocasiones las construcciones se vuelven un negocio de hotelería o se convierten en fundaciones creadas para administrar centros culturales.

Estas son ideas que han resultado exitosas en particular con entidades que no improvisan en el manejo administrativo. Por ejemplo, la Fundación Carvajal, el Banco de la Republica o algunas universidades como la del Cauca han tenido experiencias maravillosas.

La historia nos enseña que los esfuerzos individuales canalizados en torno a valores y propósitos colectivos y desprovistos de intereses personales o envidias pueden desembocar más fácilmente en la conservación del patrimonio, la memoria y la cultura.

La inauguración de la hacienda Cañasgordas y su apertura al público es por lo tanto un esfuerzo de admirar y valorar para otras construcciones arquitectónicas rurales del país.

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*Alejandro Guzmán Maldonado. Profesor de Economía. Universidad del Valle y Javeriana Cali.

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