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APAGAR EL CELULAR NO ES APAGAR EL PREPAGO

El martes 29 enero, 2008 a las 9:25 am
Cuando uno pregunta a los muchachos de los colegios si en su plantel hay venta de drogas ilegales o que si es verdad que algunas de las niñas que ahí estudian están de “prepago”, es improbable que asienten, así sea esa su realidad y la conozcan.

La raíz de muchos males está en la negación. Aceptar los errores es comenzar a crecer. Aceptar que en nuestras instituciones educativas este tipo de situaciones son hoy frecuentes, es el paso inmediatamente anterior a tomar medidas pertinentes, desde lo humano y lo pedagógico.

Un día comentando el tema con una estudiante de secundaria, supe que en su colegio los docentes eran conscientes del problema de prostitución (infantil y juvenil) que tan de moda está en las aulas de todo el mundo, y que debido a que gran parte de los arreglos que las jovencitas hacen con sus clientes son vía teléfono celular, habían decretado que todos los estudiantes debían mantener apagado este aparatito. Me pregunto qué tan eficaz habrá resultado este bloqueo tecnológico como antídoto contra el moderno tráfico sexual que ya es preocupante. Claro, esta medida es tan colombiana como decir que si no quiere que lo roben pues no salga de su casa.

Es triste ver cómo para nuestra juventud la trata de personas ya no es un tema de revistas, de medios informativos y latitudes ajenas, pues hoy se vive aquí como una enfermedad que tiene todas las posibilidades de convertirse en epidemia. Verlo en su dimensión más amplia nos pone a pensar si tiene que ver con la autoestima, con la unidad familiar o con los apuros económicos, quizás hay casos en los que alquilar el cuerpo es producto de estas tres razones.

En una visión muy oscura de la vida, el personaje de un filme le dice a su compañero que lo mejor de tocar fondo es que ya no se puede caer más bajo, y no tienes más remedio que comenzar a ascender de nuevo. ¿Qué quieren nuestros(as) jóvenes tocar fondo? Y… ¿Cuál es el fondo? ¿Cómo lo reconoces? Tal vez no tenga la respuesta porque es tan pronosticable como un terremoto, pero sí puedo resumir en pocas palabras la historia de muchas jovencitas de quienes estoy seguro cambiarían su crónica si pudieran: tienes 13… 15 años, notas que tu cuerpo se ha desarrollado más que el de otras peladas de tu edad, lo que equivale a más y más miradas de los hombres. Crees que los “mejores” son los que tienen carros y motos, y los que más prometen en la vida son los que manejan el billete… (salto en el tiempo) … te enredas con el traquetico al que le aceptaste regalos y salidas a los sitios más “chimba” de Cali, que quizás te hizo sentir que montar jet-ski en Calima es una experiencia mucho más excitante que un paseo familiar… (salto en el tiempo) … quedas en embarazo – conflicto personal y familiar, pero finalmente como hay plata ¿de que nos preocupamos? … (salto en el tiempo)… es un guache y un mujeriego… (salto en el tiempo) … lo asesinan… (salto en el tiempo) … quedas mal económicamente y regresas a tu casa materna sin las posibilidades de construir los sueños que dejaste atrás … o … quedas con plata y sin embargo sientes pudiste haberte procurado un mejor destino (vacíos que no se llenan).

Creer que tu vida no tiene sentido es una de las peores sensaciones humanas que existen. Fin de la fábula.

El caótico mundo moderno, con su consumismo desmesurado, con la desintegración familiar, con el endeble sistema de valores, las crisis sociales y todo lo desmoralizante que puede en su faz crecer, es un mundo que no necesita más promesas, que esta saturado de discursos, proyectos y mesas de trabajo. Vivimos en un mundo imperfecto lleno de textos perfectos, de planes de desarrollo perfectos, de PEI perfectos, de leyes perfectas… vivimos en un mundo pretencioso que raya en lo ridículo muy a menudo, o si no ¿a quién se le ocurre que apagar el celular es apagar la prostitución? ¡Vaya fórmulas!

Esta protesta anti-demagógica es un llamado a la acción, a construir desde lo más pequeño y lo más íntimo. Quién creyera que una sonrisa o un abrazo pueden cambiar la vida de una persona, o que eso de la pedagogía del amor que profesamos hoy día los docentes sí funciona, pero me atrevo a pensar que quizás tenemos miedo, que aún con toda nuestra preparación y nuestra “experiencia en la vida” no sabemos como intimar con los niños y las niñas a un nivel tal que marquemos sus vidas positivamente. Tal vez así (solo tal vez porque la vida es compleja) les procuremos puntos de apoyo sobre los cuales construyan su autoestima, su confianza y su fe en la vida.

Tal vez no sea el camino perfecto, de eso estoy seguro, pero es mejor que pedirle a un joven que apague el teléfono, el televisor o el computador.

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