Domingo, 23 de febrero de 2020. Última actualización: Hoy

EL ANSIA DE ESCRIBIR EMPIEZA CON RISA

El martes 25 abril, 2017 a las 10:29 am
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.

En la gradería semicircular de Comfandi, Palmira

En la gradería semicircular de Comfandi, Palmira.

Ayer lunes no fue de zapatero, ni de locha, como dice el vulgo. Fue un comienzo de semana muy productivo. Teníamos cita con un centenar de jóvenes en el Colegio de Comfandi en la pujante ciudad de Palmira para celebrar con ellos el Día del Idioma. Nos estaban esperando su coordinador y el director cultural Libardo Díaz con las gestoras Luz Marina Arredondo y Luz Stella Vargas.

A mi lado estaba el compañero de juglarías y poeta Luis Carlos Bermeo que estaba invitado a hablar sobre la obra poética de Jorge Isaacs en el aniversario 150 de la aparición de su novela María.

Me correspondió empezar la reunión literaria recordando mis primeros pasos en la vida con las letras e imágenes. Llega uno a edad madura y sirve a los demás saber cómo empezó la tarea de escritor y los tropiezos para ser remedo de poeta. Qué sabroso volver los ojos de niño sobre el periódico extendido en el suelo para leer las aventuras de El Fantasma, Educando a Papá, El Hermano Rabito, El Llanero Solitario, Rip Kirby. Allí aprendimos muchos a voltear las páginas y meternos en el mundo de la ficción, similar a los mundos nuevos de la poesía.

Oyéndome los estudiantes no lo creían. Tal vez ellos recorren hoy los mismos caminos que yo. Somos de la misma madera. Abrían sus ojos y se veían retratados. Llegar a ser escritor no tiene misterios. Se llega por fáciles caminos y sin que uno se dé cuenta. ¿Cuántos serán poetas mañana de este centenar de jóvenes sentados en estas gradas?, pregunté. Y sentí que varios lo tomaron en serio. Jorge Isaacs, de niño, en el terruño lleno de samanes, chiminangos y palmas y cielo azul tampoco lo pensaría.

Entró en el tema de fondo el poeta Bermeo Gamboa abriendo el libro ficciones y amores, de montañas y nubes de Isaacs. Habló de los simbolismos que utilizó, como el de la ave negra que acompañó varios pasajes de la vida los personajes de María como lo hiciera también Allan Poe con otro nombre. Algún joven preguntó cuál era la enfermedad que había tenido el personaje central de la novela -que es toda un poema-. Poco a poco los jóvenes se fueron apropiando del tema. Ellos podían escribir también. Aunque fuera por la casualidad de un zancudo o el doblar la esquina de una cuadra. Cosas tan cotidianas.

Quién hubiera podido penetrar en la mente y la imaginación de estos muchachos… ¿En cuántos caería verde la semilla y mañana fructificará? Vi ojos brillantes y miradas de ilusión. Al final debí autografiar algunos cuadernos y libretas.

Bermeo y yo quedamos con la sensación que el «tiempo no fue perdido» ante este grupo tan receptivo. Ya no soy maestro en colegio ni universidad pero sigo cultivando flores en cuanta oportunidad se me presenta. La experiencia que nos brindó Comfandi ha sido un baño de rosas y regodeo con la literatura, con adultos anteayer en la tertulia y con jóvenes hoy.

Deja Una Respuesta