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«ÁNIMA»

El lunes 2 agosto, 2021 a las 4:37 pm
"ÁNIMA"
(Texto e ilustración: RVQ)

«ÁNIMA»

Rodrigo Valencia Q

   Hace un tiempo saqué de mi biblioteca «El retrato de Dorian Gray«, del escritor Óscar Wilde, uno de los primeros libros que compré, por allá en 1965, con la idea de volverlo a leer y cambiarle el forro de plástico que le había puesto desde aquella época, que ya estaba bastante feo. Lo dejé listo para hacer esta tarea al día siguiente, pero desapareció inexplicablemente de la faz de la tierra. «Debe haber sido un espíritu, un duende burlón», habría dicho mi papá. Y, bueno, nadie vive sin adorar o alimentar una fantasiosa, preciosa o absurda leyenda.

   Las palabras «ánima», «espíritu» y semejantes son términos que la gente emplea muy coloquialmente, sin saber qué son. La metafísica exagera y está llena de esos términos que, a ciencia cierta, ni la misma filosofía ha desentrañado.

   El espiritismo, por ejemplo, cae en el absurdo de creer que los «espíritus», después de «desencarnar», permanecen en «el espacio» hasta la siguiente reencarnación; lo cual no deja de ser una descabellada idea, porque no podemos confinar al espíritu, cuyas dimensiones no son ni forma ni tiempo ni espacio, a un lugar definido por coordenadas físico-espacio-temporales.

   El filósofo René Descartes no hace distinción entre alma y espíritu; «el alma es más fácil de conocer que el cuerpo», dice en sus Meditaciones, deliciosa lectura que aconsejo. Y el gran Inmanuel Kant puso en la picota la validez de todas las teorías «metafísicas» en su «Crítica de la razón pura«, la obra más difícil, quizá, que he leído, junto con la «Fenomenología del espíritu» de Hegel y «El concepto de la angustia» de Kierkegaard.

   En el filósofo alemán Hegel, el término Espíritu hace más bien relación a la experiencia y transformación del conocimiento, la Conciencia, a través de la historia. «El Absoluto es el espíritu que se conoce a sí mismo como espíritu», dice en su Fenomenología (las citas pueden adolecer de alguna inexactitud, porque las traigo puramente de la memoria).

   El esoterismo se acerca de una manera más vivencial, presencial y mística al significado de estas cosas, toda vez que lo que busca es desentrañar el nudo del misterio de uno mismo, con la muy dudosa «objetividad» que pueda implicar cualquier «profunda» experiencia subjetiva.

   Para mí, los términos ánima (ánimo), «animus» (de la alquimia, por ejemplo, en el antiguo texto chino «El secreto de la flor de oro«, en versión de Gustav Jung y Richard Wilhelm), y «espíritu», denotan no lo que la imaginación ingenua religiosa, exagerada y popular cree (las «ánimas del purgatorio», por ejemplo, algo ultramundano, imaginario), sino fuerzas espirituales presentes en la psiquis y el cuerpo de uno mismo, cosas que nadie puede negar como existentes, como lo sugiere el filósofo inglés Francés Bacon en su obra «Novum Organum» que, como las anteriormente citadas, he leído de cabo a rabo, como dicen. Se refieren a los dinamismos internos que mueven, de múltiples, muy complejas y desconcertantes maneras, nuestras vidas, el destino, durante este tiempo y espacio presentes que todos tenemos a la mano.

   **RVQ**

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