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Anecdotario del “cucho”

El lunes 28 enero, 2019 a las 5:32 pm

Anecdotario del “cucho”

Anecdotario del “cucho”

HORACIO DORADO GÓMEZ / horaciodorado@hotmail.com

No es fácil hacer tránsito de una larga vida laboral al disfrute de la pensión cuando ésta no es suficiente para jubilarse en razón de la vejez. En ese trajín, un “cucho” no se detiene, porque después de educar a sus hijos, debe ayudar a los nietos. Sigue “camellando” porque aún no termina de pagar las deudas de la casa y del carro. Por eso no puede dedicarse a la “locha”. Sin embargo, no le tiene “bronca” a la vida, pese a que sufre de la presión alta y de la pensión baja.

Una vez probó la vejez pero no le quedó gustando. No se sienta en la banca de las palomas caídas del parque, aunque ensaya en la mecedora de su casa. No siente el otoño, cuando la naturaleza parece desprenderse de lo que no es esencial. No sigue esos pasos porque vive en primavera permanente que es tiempo de renovación y de verano a plenitud. En China, desde tiempos de Confucio, la vejez es considerada como la etapa suprema de la vida, donde más sabiduría se acumula.

El mayor privilegio de vivir luengos años es “ennietecer” (no existe en el DRAE). Es el más dulce y amoroso papel de abuelo frente a sus nietos: disfrutarlos, ser guía y apoyo en la crianza. Suficiente para no pasar una mañana con un tinto, “gorreándose” El Liberal en una cafetería. Preferible ser parte del paisaje para pronosticar como el ideam, la lluvia por el dolor del codo o tormentas por la dolencia maximizada de la prótesis metálica. Es atractivo el papel de retirado para el ministro Carrasquilla, a quien se le vuelve agua la boca pensando en la devaluada mesada. Pero no son agradables las largas filas para cobrarla o pagar los servicios, porque en Popayán no existen cajas preferenciales ante la creencia de que todos somos viejos. No hay respeto para atravesar la cebra. No hay obituarios en el periódico sobre entierros como parte de programas matinales, que en la tarde son placeres que rayan con lo orgásmico. No hay eventos para los largos días a partir de las cuatro de la mañana cuando aparece la primera micción. Tediosos porque mañana, pasado mañana, y todas las mañanas madrugan sin saber a qué. Largos, porque son más los insomnios que los sueños; más amnesias que recuerdos. Lo tutean las enfermeras del control de hipertensos. Busca afanosamente al proctólogo, urólogo, cardiólogo, neumólogo, neurólogo, traumatólogo en la democrática vejez para que le extirpen lo que le estorba o para cambiar piezas originales por prótesis. Sin embargo, con todos estos achaques, prefiere tener una centuria de años, ser correcto toda la vida y tener buenos y selectos amigos. No se pierdan la vejez, aunque a Dios no le haya salido del todo bien por su falta de experiencia, pues murió a los 33 años. Envejecer es la prueba reina de haber vivido bien muchos años. Ni el pate gallina, ni las arrugas son muestra de la vejez, ¡nunca!

No conozco el tal alemán, Alzhéimer. No pertenezco a ninguna gallada de la Nueva EPS. No entablo conversaciones en droguerías, ni en salas de velación sobre sonidos modernos, eróticos, ni gusticos raros de la gente de ahora sobre la forma estrambótica de escribir en las redes sociales o modas del vestir. Pero, llegó el momento de dar esos consejos que jamás habría seguido, porque envejecer es tener más ganas de vivir y menos tiempo para demostrarlo.

Civilidad: En el embeleso de la edad acumulada, la meta es vivir de tal forma que lo lamenten hasta los dueños de las funerarias.

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Otras publicaciones de este autor, enhttps://www.proclamadelcauca.com/?s=horacio+dorado

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