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Sábado, 3 de diciembre de 2022. Última actualización: Hoy

Andanzas de Francisco en la Cueva del Lobo -II-

El viernes 21 junio, 2013 a las 6:11 pm
Cabezote Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Francisco en la cueva del lobo

http://archivomisionero.blogspot.com/2008/11/francisco-de-asis-ternura-y-vigor-iii.html

… Francisco no pudo contradecir al lobo. Su salud, su esfuerzo por conseguir comida, su vida en medio de la sociedad eran utopías. El trato que recibía no correspondía a su condición  de animal manso y agachado. 

Tantos siglos que habían vivido los pueblos, tantos convenios comerciales, tantos recursos malgastados, tantos adelantos tecnológicos y el lobo no sentía que el lenguaje y el panorama cambiaran. 

La selva, donde vivió siempre, ya estaba próxima a acabarse. Los árboles se habían talado. La tierra inocente que sostuvo caseríos, sembrados, ríos había sido socavada por maquinarias brutales para explorar minas y riquezas ocultas. Los manantiales y riachuelos en donde calmaba su sed, habían ido desapareciendo. 

¿Quién los había acabado, – se preguntó Francisco que había salido de su convento por un llamado de urgencia. ¿Sería una jauría de lobos o serían los hacendados y ciudadanos respetables con su fuerza y sus influencias? ¿Por qué, entonces, se quejaba el lobo fiero? ¿Quiénes habían causado tal desbarajuste en campos y ciudades? Un lobo, aún con hambre y sed de venganza no podía haber conmocionado la tranquilidad de campos, selvas, poblados alejados con desaparición de ganado, niños y mujeres indefensas. 

El lobo habló en dos ocasiones con Francisco y planteó que la situación no la podría  cambiar solo él. Él podría cerrar su boca y ordenar a sus dientes no volver a herir personas, volvería a la ciudad con el rabo levantado, lamería los pies a quienes hubiere molestado, pero el gran Comisionado tendría que garantizar que hablaría a los gobernantes de la ciudad para que cesaran también de arrasar las tierras, de secar los ríos, de azuzar a los habitantes contra él y de amenazarlo con armas, emboscadas y con perseguir a los que lo protegieran. 

Según afirmó el lobo había personas que por la noche se vestían de lobo y hacían creer que era él el autor de robos, muertes, incendios y envenenamiento de ríos. Aunque él estuviera escondido en su madriguera y no se dejara ver, cuanto suceso malo y masacre hubiera, se lo achacaban y lo mal-decían con insultos. Gastaban el dinero para hacer escuelas, hospitales, acueductos, en avivar la guerra contra él y comprar aviones fantasmas para perseguirlo. 

A todas luces el lobo ya estaba viejo y cansado de tanto bregar. Francisco oía al que todo el mundo llamaba torvo animal y no decía nada. En Asís llegó el otoño y se acercaba el invierno. Días fríos esperaban que la Paz llegara de boca del Alto Comisionado. El lobo solo pedía que la tierra se lo tragara o que la gente lo recibiera en su gran Teatro donde mandan el Gran Khan, el cruel Coronel y el fiel Caifás. La gente, allá en la capital, dudaba que la conversación de Francisco y lobo sentado tuviera buenos resultados. 

Calima-Darién.

19-06-13/ 4:27 p.m.

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