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EL AMOR POR LOS DEMAGOGOS

El miércoles 1 febrero, 2017 a las 3:38 pm

Marco Antonio Valencia

Por todo el continente se escucha a la gente pidiendo políticos para gobernar de otro talante porque los que hemos tenido, nos han defraudado. Pero cuando llega uno distinto al politiquero y demagogo tradicional, se asustan. Y si llega al poder, es peor, lo ven como el anuncio del fin del mundo.

En el decir de muchos (y de boca para afuera), se necesitan candidatos a cargos de elección popular sinceros y sin miedos para decir las cosas; candidatos con pantalones para no dejarse mangonear por la prensa y sin rabo de paja frente a la clase política. Y cuando aparece uno así, se asustan y comienzan a burlarse de él y a combatirlo por no ser ni politiquero, ni mentiroso, ni populista, ni corrupto.

Y peor, cuando ese tipo diferente llega a la presidencia sin miedo y actuando de manera auténtica, enseguida comienza una campaña mediática para deslucirlo moral y físicamente tachándolo de loco, y otras sandeces.

Es muy raro ver que un presidente comience a hacer lo que prometió en campaña. Pero para muchos, acostumbrados a los discursos bonitos, baratos y mentirosos… un hombre que dice y hace lo que prometió en campaña política es el mismo diablo, un loco, el anticristo mismo, el acabose del mundo.

Por todos partes la gente se queja igualmente de los políticos y burócratas de carrera que han convertido sus agendas diarias en actos de latrocinio secuencial, en autores ágiles de las triquiñuelas para enriquecerse amangualados con contratistas de conducta dudosa. Y piden a gritos que les quiten el poder, que los saquen de sus puestos que son como nidos de ratas y tal y tal.

Por eso no entiendo que, justo cuando aparece un presidente excluyendo a politiqueros mañosos en puestos de poder, y nombrando en cargos públicos a empresarios exitosos y ricos (que en teoría no tienen necesidad de robar en su paso por gobierno), muchos comiencen a llorar tachando al presidente de loco.

Piden presidentes sinceros, llega uno sin pelos en la lengua y la gente se asusta. Piden que no nos gobiernen los politiqueros de la burocracia tradicional y mañosa, pero cuando los reemplaza un tipo distinto, hacen un escándalo mediático con eso. Piden que el presidente diga las cosas por su nombre y cuando lo hace, comienzan a pedirle que sea disimulado, diplomático (es decir mentiroso) como los que hemos tenido toda la vida.

Alguna vez pregunté por qué las revistas de vanidad se vendían tanto. Esas donde salen artistas del cine y la televisión, donde se ven modelos exhibiendo joyas, autos y en paraísos hechos a la medida del lujo más exquisito. Y la respuesta fue que a la gente le gusta comprar eso porque de alguna manera ese es el sueño del estilo de vida que esperaría tener, ese es el nombre y la fama que le gustaría tener, ese es el yate y la mujer con la que sueña, y por eso a las modelos y actores los endiosan, y cuando ven un famoso se arrancan las entrañas y enloquecen de felicidad y quieren fotos y autógrafos y besos y sexo con ellos.

Me da por pensar que algo así pasa con el tema de los políticos pero al revés. Que la gente los quiere y necesita para elevarlos al cielo y luego, una vez electos, les gusta verlos caer sufriendo hasta el infierno. Que los coronan con un voto, pero una vez elegidos comienzan a desdeñarlos señalándolos -con razón o sin razón- de todas sus falencias humanas, errores y delitos que se les ocurre imaginar en sus propias vidas.

Casi todos los políticos, en boca del populacho, son hijos de madres casquivanas, ladrones, mentirosos, déspotas, flojos, holgazanes, corruptos. Pero los votan, o peor, dejan que otros, que una minoría, los elija, para luego comenzar a juzgarlos de todo lo que se les ocurre.

Pareciera que mucha gente necesita desahogar sus frustraciones y su miseria señalando a los políticos de todo lo malo que ocurre en la tierra y en el cielo por que sí; pero cuando aparece uno con ideas claras, principios personales fuertes, apoyado en valores y pesos no convencionales, es como si le quitaran la piñata en mitad de su fiesta.

¿Quién entiende el elector primario? ¿Será que primario significa básico, y básico analfabeta de doble moral?

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