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AMBICIONES APLASTANTES

El viernes 22 julio, 2011 a las 1:34 pm
JOSE LOPEZ HURTADO*
Son 63 las causales gravísimas que contempla el Código Disciplinario Unico (Ley 734 de 2022), por lo que debe resultar para el juzgador disciplinario, bastante fácil encuadrar la conducta de los disciplinados en una cualquiera de ellas.
Somos de los que piensan que el articulado merece una discusión a fondo, que resulte en una reducción lo bastante práctica, pues resulta ridículo que si un funcionario asiste a su trabajo en estado de embriaguez más de tres veces o bajo el efecto de drogas psicoactivas, está incurriendo en una de las conductas taxativas del artículo 48, si apenas una vez, su conducta apenas es sólo grave. Pero eso es tema de otro debate.
Centrándonos en el asunto, el Procurador General de la Nación, no debió de haberse devanado los sesos, suponemos, en la maraña de las causales indicadas por la norma para condenar al exministro Arias por lo de AIS, y simplemente le bastó acudir a aquella que establece que para destituir (¡) -sanción inocua de nuestro ordenamiento-, y para inhabilitar, como lo hizo en este caso por 16 años, basta con “realizar objetivamente una descripción típica consagrada en la ley como delito sancionable a título de dolo, cuando se cometa en razón, con ocasión o como consecuencia de la función o cargo, o abusando del mismo”.
Se nos insiste a quienes somos legos en estas materias que para entender el proceso, se debe tener en cuenta que el dolo y la culpa, son elementos de la voluntad de una importancia fundamental para determinar el grado de las faltas disciplinarias y la misma responsabilidad personal del funcionario público. El primer elemento como la unión de la intención con la voluntad, y el segundo, como el acaecimiento de la conducta que se habría podido precaver y no se hizo por parte del agente.
Todo indica que el jefe supremo del Ministerio Público -como técnicamente dicen los abogados-, logró determinar que el “joven emprendedor” Arias, en su desmesurada ambición por suceder al señor Uribe Vélez, colocó todo el dinero destinado a los agricultores pobres del país, a favor de su campaña presidencial, irrigándolo en sus amistades influyentes y poderosas, sobre todo de la Costa Caribe, que hacían votos para que el sueño del entrañable amigo tuviera feliz realización.
Dicen los órganos de control, que fue tanta la podredumbre en la que se desenvolvió el proceso, que incluso el ILLCA, organismo internacional que debía realizar la auditoría y control de los dineros, era manejado por los mismos funcionarios del Ministerio de Agricultura, que se turnaban en sus funciones. Como cualquier “puerta giratoria”, de la que tanto se ha hablado por estos días y por la que han pasado tantos funcionarios del anterior gobierno.
Aún cuando los elementos de la investigación disciplinaria, son totalmente diferentes a los de la penal, no significa que a veces no se toquen, como en este caso.Eso se observa con la Resolución de Acusación que la Fiscalía General de la Nación, al solicitar la condena al locuaz exfuncionario por los delitos de Peculado por apropiación de terceros (Art.397 C.P) y Celebración de Contratos sin el cumplimiento de los requisitos de ley (Art.410 ibídem).
Ambiciones patológicas, soberbia y pedantería sin límite, que acabó aplastando, a quien se creía la reencarnación mesiánica del otro elegido por el más allá.

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