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AMAZONAS SOBRE LAS AGUAS DEL RÍO CALI

El martes 14 abril, 2015 a las 12:41 pm
Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

AMAZONAS SOBRE LAS AGUAS EL RÍO CALI

http://www.xataka.com/musica/la-cabalgata-de-las-valkirias-de-wagner-la-musica-mas-peligrosa-para-escuchar-en-el-coche

Vestidas de amarillo amanecieron hoy las aguas del Río Cali. Briosas y teñidas de la greda que arrastran de las canteras de aguas arriba venía su caudal después de una noche de lluvia.

Hacía muchos días no se veía crecido y con sonido fragoroso el río tutelar que atraviesa la ciudad y le da frescor con su humedad y sus arboledas.

Parecía una jauría de lobos sobre un mar de arena que aullaba en la mañana. O un coro diseminado por el camino que cantaba la ópera de Wagner a las Valquirias. O una carrera de cuadrigas de ruedas brillantes con sirenas que azuzaran los caballos semivestidas con mallas amarillas con sus encajes al viento.

Pocas veces se ha visto al río batir sus ondas con tanto gusto golpeando con sus mil lenguas las piedras y rodar por las riberas sin ninguna traba. Hoy las piedras grandes y chicas sintieron sobre su lomo las piernas largas de las aguas. Saltaban encima de ellas, galopaban libres, sin temor a caerse las ondinas y soltaban los frenos de su garganta para que se dieran más prisa. Era una carrera azogada de aguas y espumas.

Las vimos con los ojos fijos y no lo creíamos. Iban en sus carruajes amazonas libres de ropaje, con lianas sobre su espalda y movían sus brazos con gracia para animar los animales de agua que cabalgaban. ¿Eran caballos árabes, eran dromedarios, eran gacelas las que volaban por el río llevando sobre su dorso el dulce peso de unas ninfas del agua?

El Río Cali estaba hoy de fiesta. Se sentía como hace 70 años. Vigoroso, lleno, ancho, rumoroso. Como si se mirara en su propio espejo lamió ansioso las axilas de sus orillas. Sabían a algas, a papiro. Sintió que su cuerpo se enervaba con los olores que la penetraban y la fuerza que le imprimía la corriente a su espalda. Toda la noche se la pasó con la garganta abierta sorbiendo el agua que caía. Ya estaba harto, satisfecho y corría sobre las piedras como sobre una mujer caliente. No había aparecido sol hasta esa hora pero en la carrera ebria el río sudaba y tenía la frente muy mojada.

Fue una mañana de ilusión, un paseo de película y poesía, tomados de la mano, con río y paisaje a lado y lado. Allá al frente, los canarios, las mirlas, los garrapateros, los petirrojos. Entre las ramas la iguana Belly. Cinco garzas negras volaron y una blanca nos miró de pie desde la orilla. El búho Cirilo ahora pudo oír cómo la canción del dragón de escamas amarillas y ojos de vidrio lo despertaban sobre la rama y vio de lejos dormida a su Sybille en el árbol cercano.

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