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Martes, 23 de julio de 2019. Última actualización: Hoy

Amar la guerra

El miércoles 6 marzo, 2019 a las 8:48 am
La ortografía entra por las venas

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Imagen cortesía de Revista Elarcondeclio
Imagen cortesía de Revista Elarcondeclio

«Se puede amar la guerra y los valses de Strauss.
Mi arreglo para los Cuentos de Los Bosques de Viena,
tiene un preludio con solo de pistola».
Pedro Elías Martínez

Amar no es necesario; lo es, si hay a quién amar. El amor solo se da entre humanos. La primera parte de la primera afirmación se me pareció a «vivir no es necesario, navegar sí», una frase de Plutarco. Y, hoy, el poeta Pedro Elías me vuelve a hacer leer su verso del epígrafe.

Sí. Qué belleza de música hay en los valses de Strauss y qué feracidad y ferocidad se encuentran en los Bosques de Viena. Porque tienen un preludio con solo de pistola. Qué contraste y desilusión de un escalón de un verso al siguiente. Cómo es de potente el idioma que solo tres versos desencadenen admiración, belleza y escalofrío.

Las palabras tienen cada una su articulación, su tono, su secuencia a medida que se van pronunciando. El poeta como que daba traspiés a medida que escribía su idea. Pero, sí. De una guerra, aunque suenen en una alcoba los valses de Strauss solo podrán terminar con un lamentable preludio al entrar en Los Bosques de Viena.

Amar la guerra es de enfermos o agonizantes que ya están en el último trance. Solo la pueden amar los locos, quienes no saben qué son los ruidos de los desfiles, las marchas al compás de las trompetas, los golpes de tambor de quienes preceden a quienes van en el frente. Solo la aman los guerreros que han estudiado para usar las armas y desarmar el fusil y envenenar el cañón con la bala.

La guerra no es para los inocentes, para quienes tienen un hogar y un amor, para quien  tiene quien lo espere. La guerra se hizo para quien sabe manejar armas y no le tiene miedo al fuego ni al tass, tass de las ametralladoras. Hay que teñirse la cara, cerrar los oídos y los ojos y disparar el obús o el cañón. Tiene que saber cantar a Mambrú y saltar la cerca y los vallados. Quienes aman la guerra saben a qué huele la pólvora y a qué distancia llega la bala.   

En la guerra habrá ruido, humo, sonarán las trompetas, montará el general en su jeep con su kepis de mando y el sabor de cigarro en sus labios. Habrá fuego, traqueteo de las ametralladoras y saltos en las trincheras. Los vigías estarán a lado y lado esperando las señas de avanzar o de la retirada.

La guerra es impía y no da tregua, no distingue qué es un ser humano si es un enemigo, solo sabrá que si no da en el blanco nunca podrá ser el héroe el día después de la batalla final. No importará la herida, ni el hambre ni la familia, el buen soldado es quien tenga más alta la cuenta a la hora de enumerar los caídos que reportará a su jefe.

05-03-19 – 8:46 p.m.

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