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Álvaro Garzón López: la sublimación en el arte y la cultura

El jueves 22 diciembre, 2016 a las 12:32 pm

“Lo que mueve a los hombres de genio, lo que inspira su trabajo, no son las ideas nuevas, sino la idea obsesiva de que todo lo que han hecho, no es suficiente”.

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Por José Dueñas

El Artista

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Maestro Álvaro Garzón López y su obra, el arzobispo de Popayan. Foto Diego Tobar

El pintor francés, Eugène Delacroix, recordado por su obra maestra “La Libertad guiando el Pueblo”, afirmaba: «Lo que mueve a los hombres de genio, lo que inspira su trabajo, no son las ideas nuevas, sino la idea obsesiva de que todo lo que han hecho, no es suficiente”. Y es que la inspiración, el ingenio insistente, nunca será suficiente para los dos artistas, de quienes disertaremos hoy.

Hacen falta adjetivos y epítetos para describir éstos dos personajes de la historia, separados en el tiempo, pero unidos con el hilo invisible del arte, la sensibilidad y la prolijidad. Ligados en lo preciso, lo minucioso, lo exacto, lo justo y lo esmerado en su equilibrio.

El primero, uno de los más excepcionales pintores del Siglo de Oro Neerlandés, el pintor Johannes Vermeer Van Delft, y el relevante artista Álvaro Garzón López. Lo excepcional y lo exquisito se mezclan en los lienzos de éstos dos selectos artistas; la vida cotidiana intimista de tipo poética, lienzos misteriosamente iluminados y sutilmente ejecutados con magistrales trazos de precisión, nos dejan entrar en la intimidad de la obra del pintor holandés Vermeer. Además Vermeer solo pintó por encargo y para mecenas, lo cual explica por qué sólo se han autenticado 35 de sus cuadros. En la obra del maestro Álvaro Garzón se destacan su perfeccionismo, el detalle, la fina atmósfera creada, la maestría en el uso y tratamiento de la luz. Lo minucioso, el detalle, el doblete, los calculados espacios geométricos, el misterio de sus atmósferas, la presencia del simbolismo y el “voyeur”, ése género tan presente en la época de Vermeer en Holanda, pero a su vez tan íntimamente ligado a las costumbres de la tierra natal de Álvaro Garzón.

Álvaro Garzón estudió Bellas Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Colombia. Mientras Vermeer tiene un período de formación de seis años, con el pintor Carel Fabritius, como se exigía en la época en Holanda para poder ingresar luego en la prestigiosa Cofradía de Pintores de San Lucas en Delf. Una beca lleva a estudiar Álvaro Garzón en I´ Académie Julien de París y de allí a la Academia Bellas Artes de París, más los estudios de Grabado con el maestro William Whyter.

Vermer y Garzón no pintaron para el mercado del arte, lo que conlleva a una colección reducidamente exquisita. Ambos muestran un claro dominio de la luz y su género coincide en lo doméstico con tono poético, idílico e inspirador, donde las texturas dan la ilusión de realidad. Los dos artistas encontraron sus mecenas, Vermeer al millonario cervecero Pieter Van Ruijven y Álvaro Garzón al maestro Luis Ángel Rengifo y el diplomático Gabriel Betancourt Mejía.

Igualmente los dos pintores chocaron abruptamente con un conflicto; en el caso de Vermeer la Invasión Francesa a Holanda, que hizo caer a su país en una gran crisis económica que sumió al artista en una desesperación. Por el lado de Álvaro Garzón, el reinado del Arte Abstracto, en su época en Paris, que excluía y descartaba su vocación artística y su pensamiento renacentista; ésta decepción fue el detonante que lo llevó a tomar la determinación de ingresar en el Instituto Internacional de Relaciones Internacionales e Investigaciones de la Universidad Sorbona de Paris.

Por el lado de Vermeer su talento le mereció ser reconocido por sus contemporáneos, como lo demuestran los altos cargos ocupados en el selecto Gremio de Pintores en Delf. Por el lado de Álvaro Garzón, su talento lo llevó a ser secretario general de la Comisión Colombiana de la UNESCO y secretario general del CERLALC, entre otros.

En su bello estudio, el maestro Álvaro Garzón nos recibe para la presente entrevista.

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Fernando Botero, Alvaro Garzon y Sophia Vari, en el Principado de Mónaco

José Dueñas: Maestro Álvaro Garzón, háblenos de su niñez y juventud.

Álvaro Garzón: Nací en Popayán hace setenta y siete años (1939); mi niñez la viví en el bello municipio de La Vega, Cauca, de donde era oriunda mi madre Otilia, pueblito lleno de paz y vida natural, que nunca encontré en otra parte del mundo. De la cocina de mi madre recuerdo el sango, las arepas de maíz y de trigo y las carnes estofadas, cocinadas en olla de barro, con finas hierbas y al fogón con leña. Mi abuelo Laureano López fue un hacendado conservador de La Vega, un hombre generoso, dulce y de gran autoridad, vestido de traje de paño. De mi madre recuerdo que era luz, un ángel, con sabiduría en la casa y de un amor infinito a mi padre. Mi padre, Miguel Garzón, de Sotará, Cauca, y de afiliación política liberal, pareja que por obvias razones, debió casarse a escondidas. Yo inicié estudios en el Seminario de Popayán, del cual me retiro, quizá por temor a que me vistieran de sotana; pero mi abuelo Laureano me daría una inolvidable lección en una finca cafetera de La Vega.

J.D.: Maestro Álvaro, recuérdenos su época de universitario y profesor.

A.G.: Terminado el bachillerato decidí estudiar Bellas Artes; le escribí una carta al pintor y grabador Luis Ángel Rengifo, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, año 1963, con la grata sorpresa que me respondió prontamente. ¡Viaje de inmediato porque ya se iniciaron los estudios y su cupo está asegurado!. Con las dificultades cotidianas en la capital, el maestro Rengifo me consigue una beca para estudiar Bellas Artes; yo fui además su asistente y alumno avanzado. También recuerdo la llegada de Paris de la crítica de arte Marta Traba Taín, quien revolucionó la crítica artística en Colombia. La noche de mi graduación el profesor José Restrepo me entregó un sobre cerrado que incluía un valioso contenido: el nombramiento como profesor de la Universidad Javeriana. Yo resolví tomar la decisión de aplazar por un año mi beca para estudiar en Italia, iniciando entonces, mis labores como profesor de la Javeriana.

J.D.: Maestro Álvaro, evóquenos de su vida en Europa.

A.G.: Al año siguiente fui a reclamar mi beca para Italia, pues había estudiado fuerte el idioma italiano; con tal extraño destino, que ése año las becas estaban destinadas solo para Francia, así que debí viajar a la Ciudad Luz. Resuelvo entonces estudiar en la Académie Julián, por insatisfecho me cambio a la Academia de Artes de París, luego estudio en el Taller del grabador inglés William Whyter. Yo había hecho amistad con Alberto Castaño, y él me relacionó con el asesor de la UNESCO, Gabriel Betancourt Mejía, y por su consejo me fui a estudiar en el Instituto de Relaciones Internacionales e Investigaciones Diplomáticas, en la Universidad La Sorbona de Paris. Ya con la beca finalizada, debí rebuscarme la vida tocando guitarra y cantando con un trío, donde la canción cubana preferida por la audiencia, fue siempre “Guantanamera”, cantándola decenas de veces la misma noche, esta molestia solo la redimía la buena paga de $200 francos por noche.

Es en el Club Universitario Franco Latinoamericano, donde un funcionario del Consejo Económico de la Presidencia de Francia, me contrata como traductor para unos alcaldes de Galicia, España; luego, por mi buen desempeño, el señor Diomel, me nombró en un cargo en el Consejo Económico.

Después de mi graduación le escribí una carta de agradecimiento al ministro de educación de la época, Gabriel Betancourt Mejía (creador del Icetex, Colciencias, Coldeportes, Icfes), por la orientación y apoyo recibido. Pero la respuesta del ministro fue un tiquete de regreso a Colombia, para trabajar en la Fundación de la Oficina de Relaciones Exteriores del Ministerio de Educación, para reorganizar la Comisión Colombiana de la Unesco. Años después, en una reunión de ministros de educación en Toledo, España, conozco a Luis Carlos Galán Sarmiento, en calidad de ministro de educación, con solo 26 años; recuerdo su gran calidad humana y gratas anécdotas.

J.D.: ¿Como funcionario de la sede de la UNESCO en Paris, que nos puede compartir?

A.G.: Es en 1985, recibo un contratado como consultor para la UNESCO, en Paris. Donde debo acoplarme tanto al multiculturalismo de los funcionarios, como a los diplomáticos de todo el mundo. Recuerda, con una gran sonrisa, a su secretaria chilena Loreto, a su colega ruso Hergueny, con la anécdota de “los 10 litros de Vodka”; a su compañera congoleña Mariyo y el suceso del rito de la “gallina viva”, a su colega japonés que resultó espía, en fin, decenas de hechos recuerdo con gran claridad. Fui también secretario general de la Comisión Colombiana de la UNESCO, en Bogotá, después secretario general del CERLALC en Bogotá y consultor de la UNESCO.

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Alvaro Garzon y Milagros del Corral. Foto Diego Tobar

J.D.: ¿Menciónenos de su gran actividad, como Senior Consultant?:

A.G.: Si, trabajé en Paris con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID); en Argelia y Senegal, en la formulación de políticas nacionales del libro; con el CERLALC, en las políticas nacionales del libro para países latinoamericanos; en el Ministerio de Cultura de Colombia, como asesor del Despacho del Ministro, entre otros.

J.D.: ¿Cuándo, dónde y en qué circunstancia conoce a la madrileña Milagros del Corral Beltrán, filósofa de la Universidad Complutense de Madrid, exdirectora de la Biblioteca Nacional de España, que ha desempeñado altos cargos en la UNESCO que van desde directora de ediciones UNESCO a subdirectora general adjunta para la Cultura de la UNESCO?

A.G.: Es en un trabajo sobre piratería editorial en la ciudad de Paris. Ya que España es una potencia editorial, debí conformar un equipo de alto nivel para América Latina, y la primera en invitar fue a Milagros del Corral. Pero sería en Bogotá, mientras realizaba un informe para la UNESCO que invite a Milagros del Corral dizque «…a que me ayude a hacer un informe que estaba muy complejo». (¡Risas, y más risas!). Con una gran sonrisa Álvaro Garzón, expresa: «…Y ésta es la hora, que no hemos terminado el informe!

J.D.: ¿Cuáles son sus principales logros para con la ciudad de Popayán?

A.G.: Considero que la donación masiva de libros para las bibliotecas públicas del departamento del Cauca; también lograr el reconocimiento “Popayán, Ciudad Gastronómica de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO” y la “Declaratoria UNESCO de las Procesiones de Popayán como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, serían los más representativos.

J.D.: ¡El que hace lo sublime, crea sin esperar nada, cumple su obra pero no reclama su mérito; es precisamente porque no reclama su mérito, que éste nunca le abandona! Maestro Álvaro Garzón un payanes Inminente!

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La Condecoración con la «Cruz de Belalcázar»: El miércoles 21 de diciembre, a las 9:30 am, en el recinto del Concejo Municipal de Popayán, se entregó muy merecidamente, la “Cruz de Belalcázar” en la Orden Payanés Inminente, al maestro Álvaro Garzón López. Fotografía tomada de El Nuevo Liberal.

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