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ALHARACA

El miércoles 23 marzo, 2016 a las 10:55 am

phanor teran proclama

Phánor Terán.
Tunía, patrimonio cultural del Cauca.

En un alarde de “democracia incluyente”, como aquella cuando te invitan a tomar sopa, un día, mientras en los 364 restantes te tienes que conformar con las manos vacías, se celebrará, este 28 en Piendamó, una de las tantas reuniones pecuecas para que los llamados gestores culturales mejoren sus herramientas de participación e inclusión en los planes de desarrollo locales.

Desde 2010, una resolución (la 1510) ordenó (qué risa), que todos los coordinadores, secretarías de cultura y demás denominaciones deberían realizar un censo de los artistas de cada localidad e inscribirlos en programas de salud y empezar a hacer efectivo el rimbombante Fondo de Seguridad Social del Artista (que lleva ya su tiempo amontonando centavos, 12, si no estoy mal).

Los coordinadores, secretarios de cultura y demás “expertos” del Cauca, cada vez que alguien les inquiere sobre el particular tienen la soberana excusa de manifestar que no se ha podido realizar dicho censo ni dicha ejecución porque el Ministerio de Cultura no ha hecho la reglamentación respectiva. Y van, al menos, tres planes de desarrollo municipal incluyentes. Y seis años de promulgada la orden.

Los alcaldes, tesoreros y demás reyezuelos, con presentar papeles en los cuales se hace constar la existencia de las reservas presupuestales, no dan cuenta exacta: dónde se encuentran esos dineros, qué rendimientos han ocasionado y por qué razón se incumple la tal resolución.

Otro tanto, suele suceder con el llamado de la Ley de Cultura para que la política cultural municipal se haga de consuno con las organizaciones culturales de la región. Pues no: el magro presupuesto cultural, hace parte del caspete orgiástico y discrecional del reyezuelo de ocasión. Y van por los menos 19 años de promulgada la ley de participación cultural.

Como si fuera poco a nombre de la “infraestructura cultural” se construyen salones comunales arrendados para las iglesias de garaje. Mientras las representaciones artísticas cuando las hay deben acomodarse en el polvorín de los poblados, las veredas o en las improvisados escenarios cerrando la cuadra en los barrios.

Si algo es menester y antes de ponerse a pendejear con sueños del municipio que “amamos y queremos” y demás cantinflescas fraseologías vacuas, es ordenar la casa y cumplir la ley.

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