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Algunas lecciones sobre la barbarie parisina

El martes 17 noviembre, 2015 a las 5:18 pm
Jaír Villano

Por Jaír Villano / @VillanoJair

El escabroso atentado contra los parisinos es tan solo una expresión del poder sanguinario que corroe las mentes de los yihadistas. Algunos observadores (quizá bajo el apremio coyuntural) se aventuran a hablar de una tercera guerra mundial no convencional; otros reclaman no hacer eco del aciago acontecimiento, toda vez con ello se estaría cayendo en la trampa de los perpetradores del crimen. Las interpretaciones sobre lo acaecido abundan, por eso vale la pena hacer un listado sobre algunas lecciones que dejan la noticia que ocupa la atención de todos los medios.

En primer lugar, con lo ocurrido se demuestra que la política internacional de algunas potencias mundiales, como Estados Unidos y Rusia, solo sirve para agravar el ya acalorado ambiente en Medio Oriente. La nueva guerra fría que desde hace algún tiempo despliegan estos países está menoscabando la seguridad de territorios que muy pocas veces han gozado de una independencia que les permita edificar un proyecto de Estado-nación.

Los antecedentes históricos, es decir, la colonización de estas tierras, por parte de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Rusia, en aras de sacarle provecho a las riquezas naturales, es una de las razones por las cuales los radicales manifiestan su furor de manera despiadada. Desde luego, que lo anterior no busca justificar la barbarie, sino dar insumos para ver el hecho en amplia perspectiva.

En suma, la penetración de estos países en conflictos ajenos, ha estimulado lo que hoy constituye una amenaza para los países europeos. El ejemplo más llano es el de Estados Unidos, país que, según la BBC, contribuyó en la creación del Estado Islámico[1].

Por supuesto, ya es muy tarde para considerar que aumentando el pie de fuerza no se soluciona los múltiples conflictos que bañan a estas sociedades; lo ideal sería que estos países, que hoy son víctimas, pero que desde antes se han erigido como tal, reconozcan su mea culpa, y consientan que el temor que hoy caldea la atmósfera es un daño que se hubiera podido evitar si se hubiera tenido un poco de respeto con territorios que cambiaban de “dueño”, como si se tratara de un objeto, y no de un territorio con ciudadanos.

Los medios de comunicación también deberían dar su aporte, es irónico que cuando los crímenes se presentan en (por decir algo) Cisjordania, los media no hagan alarde del “excelso” cubrimiento con que se ha desarrollado la tragedia en una ciudad de Occidente.

Ni siquiera los atentados contra los patrimonios de la humanidad, como el templo Baalshamin, ubicado en Palmira, acaparan la atención mediática que en cambio sí lo hace el terror que hoy rodea a la ciudad de la Torre Eiffel. Es feo hacer equiparaciones en medio de la desventura, pero en aras de la justicia informativa se hace preciso decirlo.

Ahora bien, por otro lado, otros puntos que valen la pena destacar son los relacionados a la política de seguridad de Francia y el drama que deberán enfrentar los refugiados.

Como recuerda Rojas Castro desde antes del atentado las autoridades francesas sabían que el país estaba bajo el blanco de los extremistas, de hecho, desde algunas semanas atrás Bernard Cazeneuve, ministro del interior,  había declarado –al semanario l’Express– que “los servicios de policía e inteligencia desmontaban todos los días tentativas de ataques[2]”.

Algunas personas que hilan delgado se atreven a decir que Francia necesitaba justificar la guerra. Una conjetura con la cual no estoy totalmente de acuerdo, ya que ello implicaría que el Frente Nacional de Mariana Le Pen tuviera más argumentos para venderle a los franceses su política xenofóbica; o en suma, su fascismo.

Pero ciertamente esa burla a la seguridad en un país que, cuenta con altos estándares de protección, resulta sospechosa.

Inverosímil, si no fuera porque los más de cien muertos evidencian que es una tristísima verdad.

Y así, por último, es importante no dejar de aludir la situación de cientos de personas que no tienen nada que ver con el accionar de los protervos. Centenares de familias que encontraban en otros países la salida al averno engendrado en su lugar de origen, ahora la tendrá más difícil. Tanto más cuanto que si antes de lo ocurrido las medidas en pro de los refugiados eran lánguidas, el futuro que les espera no es nada alentador. Tan es así, que ya hay más de 20 estados de Estados Unidos que se niegan tajantemente a recibir personas provenientes de Siria[3].

En lo que va corrido del año, van más de un millón de personas que han accedido a Europa de manera irregular. La guerra que se desata en diversos territorios hace que las personas arriesguen su vida y la de los suyos con tal de salir del apocalipsis en el que sobreviven.

El panorama que se avecina no es el mejor, el poder de maniobra de ISIS es fuerte, sus mecanismos físicos y simbólicos con que enfundan el terror también.

Europa y el mundo necesitan unidad y, sobre todo, una reflexión que permita replantear lo nocivo que puede resultar el abuso de territorios vírgenes en cultural democrática.

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