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Algo sobre la libertad

El lunes 24 enero, 2022 a las 12:08 am

Algo sobre la libertad

Escribí un libro de poemas. Terminé con el alma conjurada, la mente estropeada, famélico de espíritu.

Mi esposa, médica ella, después de tratar a un paciente de males extraños, le curó y ese hombre ahora es sano, feliz. Su familia es feliz. La ciencia justifica la existencia de los médicos en las manos pródigas de mi esposa.

El cura de la comuna anunció que ya tiene doscientos millones de pesos para comprar un lote de dos mil millones para su nueva iglesia. Es el resultado de gestionar la caridad con feligreses y creyentes.

Mientras la medicina salva vidas, yo escribo poemas.

El arquitecto hace planos y presupuesto para una iglesia con jardines, y yo hago poemas.

Un amigo hace campaña para senador y cambiar el mundo, yo escribo poemas.

Dios agoniza, según Nietzsche, yo escribo poemas.

Ante mi preocupación, mi padre, en su tumba de flores marchitas, me plantea conversar sobre la utilidad del arte frente a los propósitos de la existencia.

­–El cura, el médico, el arquitecto, todos ellos tienen respuestas y ganancias plausibles. En cambio, la labor del poeta está poblada de incertidumbres transparentes. De cosas ininteligibles que no niego, me hacen palpitar y dan alegrías en la intimidad–, le digo.

–La medicina, la ingeniería, la religión, la política… son creaciones del hombre–, responde mi padre, desde su tumba de flores marchitas–. Ocupaciones del intelecto para justificar la existencia, la vida, el trabajo. Para ganar la moneda y asombrarnos con la vanidad de la belleza y el tamaño de lo que somos capaces de hacer.

Le respondo que filosofa, y vuelve a sonreír, porque recuerda, sin decirme, que un día se llevó un libro de Nietzsche de mi biblioteca y se murió sin devolverlo. Entonces, yo sonrío también, frente a su tumba de flores marchitas.

Y continua mi viejo:

– La música, el poema, no son meras lisonjas a Dionisio, que lo son, sino manifestaciones artísticas para conectar el espíritu entre la gente. La verdad, diría Nietzsche, está poblada de metáforas y no hay hechos de verdad, sino interpretaciones, y el arte ayuda en eso.

–En la poesía (y en la música) hay algo de libertad, una pluma de ala que me hace flanear sobre un charco de preguntas felices y respuestas con sombras, – me justifico angustiado ante mi padre, que es en últimas, ante la única persona que vale justificarse. Me trajo al mundo y llevó a la escuela de su mano por años.

–Escribe tus putos poemas como te dé la gana–, me dice el viejo, desde su tumba de flores marchitas. – Cada persona tiene derecho a decidir cómo quiere gastar la vida mientras llega la muerte y el olvido: ya sea dando limosna, construyendo iglesias, sanando gente, prometiendo mentiras. O como tú, construyendo alas con versos, para que otros hagan lo mismo… y se atrevan a vivir su íntima libertad.

–Sigue– enfatiza-, sigue escribiendo tus putos poemas… como te de la real gana y vive la libertad.

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