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Domingo, 7 de agosto de 2022. Última actualización: Hoy

Algo sobre la democracia.

El lunes 14 marzo, 2022 a las 9:51 am
Algo sobre la democracia

Algo sobre la democracia.

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

A los sesenta y nueve años mi papá ingresó a la Universidad Cooperativa de Colombia a estudiar la carrera de Derecho. Quería saber más de política, un tema que le apasionaba. Incluso soñaba con escribir un panfleto sobre la democracia y, al mismo tiempo, quería animar y dar ejemplo a sus nietos para que estudiaran y cumplieran con los compromisos exigentes de leer, aprender y progresar intelectualmente.

—Estudiar es un esfuerzo que vale la pena —predicaba—. Si un viejo de setenta años lo intenta, un muchacho siempre será capaz, si quiere. Y la historia de esta familia será distinta cuando las nuevas generaciones vayan a la universidad —era su perorata idealista.

No fue fácil para él, debió estudiar más que los demás, pero se empeñó en ello con alma, vida y sombrero. A veces, agobiado, con humildad nos pedía ayuda. Recuerdo una tarde que lo acompañamos a preparar una exposición sobre la democracia.

—Decir que la democracia es el poder del pueblo no explica mucho y tal vez sea una mentira. Por ejemplo, hubo épocas en que las mujeres o los negros no podían votar en países que pregonaban ser gobiernos democráticos ­—manifestó mi mamá.

—Una familia o una empresa es imposible gestionarla desde la democracia, porque al final solo uno o algunos toman las decisiones. Por lo tanto, un país tampoco se puede gobernar así, aunque el pueblo necesita creerlo —intervino mi hermano, ya coronel del Ejército.

—El problema que yo veo es que en una sociedad cada uno quiere algo, tiene un deseo personal o no quiere nada, y para resolver eso el tema se somete a votación donde se termina imponiendo la voluntad de una aparente mayoría —añadí.

—Cada individuo tiene una manera de ser, actuar y pensar. Y es en la democracia donde parece que esos derechos se pueden ejercer con libertad. Pero ¿en realidad somos libres o reproducimos ideas y conductas impuestas a la mayoría por la televisión y otros medios? —cuestionó mi hermana, quien es psicóloga.

—Los profesores dicen que lo bueno de la democracia es que mi voto vale igual que el del presidente o el del rico más rico del país. Y citan a Heródoto: “La democracia es el sueño de tener igualdad”. Sin embargo, yo no estoy muy convencido —respondió mi papá.

—¡Esa es la palabra clave! —intervino con entusiasmo mi hermana—: La democracia es “un sueño” y por lo tanto una mentira, porque en la realidad, como dice mi hermano, siempre el poder político termina en un grupo social y concentrado en los que tienen poder económico. ¡Esa es la verdad!

—En la academia militar leímos al filósofo español Gustavo Bueno —agregó mi hermano—, quien afirma que la democracia es el régimen político que las élites le dan al pueblo para que se convierta en verdugo de sí mismo. De esta manera, lo responsabilizan de los errores políticos que se cometen, puesto que fue el propio pueblo el que eligió a sus representantes. Incluso, el filósofo dice que los comicios donde la gente cree elegir con libertad son una ilusión metafísica.

—A ver, si en cada fecha electoral hablamos de cambiar a los políticos tradicionales por incapaces, vagos o corruptos, siendo el voto secreto, ¿por qué en la urna no traicionamos la promesa de votar por esos candidatos? —se preguntó mi papá.

—Miren lo que dice aquí, tal vez sea la respuesta a esa pregunta —interrumpí para leer una frase célebre en un viejo libro de filosofía:

“¿Democracia? Yo no creo en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual’: Thomas Carlyle”.

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