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ALGO SOBRE EL PERIODISMO

El jueves 4 febrero, 2016 a las 10:37 am
Jaime Vejarano Varona

Jaime Vejarano Varona

Una de las más primarias, antiguas y curiosas variables del periodismo fue la de la libre, anónima y espontánea expresión por medio de pasquines, antecesores de los modernos grafitis. Eran frases sueltas generalmente satíricas contra el gobierno, las castas dominantes o contra corporaciones o personajes, que aparecían escritas frente al establecimiento de un zapatero llamado Pasquino, residente en Roma a principios del siglo XVI y muy conocido por sus dichos y ocurrencias. Frente a su taller se colocó una estatua mutilada, descubierta en 1501, ante la cual continuaron los mensajes de la más ácida crítica política durante buena parte de esa centuria.

Y, recíprocamente, las réplicas a tales escritos comenzaron a aparecer junto a otra estatua situada cerca al Capitolino y llamada Marforio.

Podríamos así decir que, por entonces, las estatuas sí hablaban.

El periodismo como primaria manifestación de cultura y piedra angular de la democracia, y como oficio o profesión, quizá también como simple afición, ha tenido en su ejercicio una causalidad eminentemente vocacional: es una pasión anímica, un flujo vital, una necesidad orgánica.  Diríase, como la urgencia de respirar.

Sus primeros síntomas se advierten cuando nos asomamos con invencible atracción e inexcusable impertinencia, de manera soslayada a mirar, por sobre el hombro del parroquiano más próximo, los titulares del ejemplar de su periódico. Y se agravan eso síntomas cuando no nos resistimos a formularle una ingenua e incontestable pregunta: ¿Qué dice el periódico hoy? El diagnóstico, para entonces, será indudable: periodista en ciernes.

De igual modo, como todos podemos confesarnos de haber cometido versos en nuestra juventud, o de habernos hurgado la nariz, o de haber vislumbrado –en alguna ocasión- el seráfico llamado a la carrera sacerdotal, también habremos de reconocer que alguna vez hemos sentido el íntimo afán de hacer periodismo. Es un afán de investigación y una necesidad de abrir los ojos al entendimiento, de observar, analizar y comunicar lo que hemos visto; es una manera de estar en contacto con nuestros semejantes (a veces no tan semejantes) y de discernir, orientar y persuadir. Es palpar y sentir, es oír y gustar, es ver y es oliscar. En síntesis, y como lo dijo Valencia: “Es querer saberlo, verlo y adivinarlo todo”.

Mas lo anterior, que podría calificarse como la percepción total, no completa el juego de las exigencias en el difícil arte del periodismo. Deberá disponerse también de una sutil imaginación, de un equilibrado sentido de la crítica, y de honda convicción. Será necesario poner fuego en la palabra y calor en la pluma. Pero, ante todo, deberá primar en su ejercicio una norma de oro: la caballerosidad. Y es que, por ella es, precisamente, por la que se convirtieron en axioma la gallardía y la honestidad para el ejercicio de este noble oficio.

El ejercicio del periodismo, dentro de las normas anteriores, confiere dignidad, honor y éxito a quienes se ocupan de tan noble profesión.

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