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Alerta, Alerta el Hambre Despierta

El domingo 27 abril, 2008 a las 5:56 pm

Por Eliécer Banguero
Las vidas de miles de familias afro y campesinas de la región del pacifico colombiano y del norte del Cauca, se encuentran gravemente afectadas por el avasallamiento despiadado de sus territorios; la tierra cultivable ya no pertenece a la población rural. Ahora tienen que trabajar la tierra de la que fueron propietarios como mano de obra barata para los ingenios azucareros y en el caso del Pacifico a los palmicultores, quienes en muchos de los casos han logrado llegar a los territorios bajo el disfraz violento de los grupos insurgentes, tales como los paramilitares que con su consigna de fuerzas del “orden” para desminar al campo de los círculos guerrilleros se apoderan bajo la intimidación, la zozobra y la muerte como también las guerrillas en su afán de expandir a tierras cultivables sus cultivos de narcóticos, y su ambición territorial.

En regiones como Suárez y Buenos Aires las comunidades se han visto afectadas con la construcción, llenado y operación del megaproyecto hidroeléctrico Salvajina. Su cultura, economía y hábitat vienen siendo degradados irreversiblemente desde 1986 cuando fueron inundados los predios de campesinos afrocolombianos y posteriormente con el desviado del Río Ovejas.

A partir de todos estos cambios antrópicos, se afectó la economía agraria de subsistencia de miles de familias que dependen de ella.

Pero es relevante anotar cómo en las últimas décadas se ha desatado un proceso sistemático, con el uso inclusive de métodos violentos, de apropiación ilegal de los territorios de comunidades afro por parte de agentes externos. Cientos de familias que tradicionalmente hacen uso de esta zona, han venido enfrentando desde entonces diversas formas de presión que tienen como objetivo desalojarlos de sus lugares, lo que explica el interés de “fuerzas oscuras” en apropiarse a sangre y fuego de sus territorios.

Todos estos cambios generados por la implementación de megaproyectos ajenos a la costumbre y tradición de las comunidades afro, han alterado las características biofísicas y culturales de la ecoregión.

“Hasta un tiempo determinado, la producción abastecía las necesidades de la población. Esto ha sido significativo, porque había una soberanía alimentaria que se había desarrollado espontáneamente, pero que era un obstáculo para el crecimiento de las multinacionales del alimento”.

También es pertinente indagar la forma en que comunidades de municipios como Puerto Tejada, Padilla, Villarrica, Guachené y Caloto, a través de la aplicación de estrategias terratenientes maquilan en nuestras comunidades una segunda forma de guerra en varias direcciones, que inicia con los préstamos bancarios, mediante los cuales los campesinos perdían la tierra por no tener como pagarlos; luego las fumigaciones a los cultivos de caña de azúcar que traerían consigo la esterilidad de los cultivos de los campesinos, con el fin de acorralarlos a la venta inminente de sus tierras, y por último la expropiación a sangre y fuego con el advenimiento de las llamadas Convivir o ejércitos paramilitares.

Es claro y evidente que las grandes empresas transnacionales de agronegocios quieren aumentar su control sobre la alimentación mundial y la economía agrícola, lo que traerá consigo las mas grandes complicaciones y el aparecimiento de una real y evidente crisis alimentarias, y como afirma Daniel Samper Pizano, en su columna de EL TIEMPO, “No hay que ser Marx ni Keynes para entender que los principales perjudicados son los más pobres, aquellos en cuya canasta familiar la comida pesa más. El Banco Mundial advierte que la carestía de alimentos podría desestabilizar la economía de los países más pobres y generar serios conflictos sociales. Ya lo advertía el ex presidente Cubano Fidel Castro en su aparición del 25de mayo de 2007 cuando decía que si se fuera a buscar un respiro para la humanidad y darles una oportunidad a la ciencia y a la dudosa cordura de los que toman decisiones, no era necesario privar de alimentos a las dos terceras partes de los habitantes del planeta”.

En nuestros territorios ya se empieza a sentir con gran fuerza el alza en los precios de los productos que con abundancia se conseguían en la región, pero según afirman algunas agencias lo peor puede estar por venir: una nueva guerra para asegurar los suministros de biocombustibles.

Por lo tanto hoy más que nunca las comunidades deben resistir en la conservación de sus territorios; las movilizaciones que exijan del gobierno una verdadera y pronta reforma agraria se justifican, la exigencia por los derechos humanos debe ser constante y los compromisos que deban adquirir los gobiernos locales y regionales legítimos deberán procurar brindar las garantías de producción acorde a la dinámica de la vida actual.

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