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Alejandro Gaviria; otro intento de Mesías unificador del centro

El lunes 30 agosto, 2021 a las 11:50 am
Alejandro Gaviria; otro intento de Mesías unificador del centro

Alejandro Gaviria; otro intento de Mesías unificador del centro.

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Afortunadamente, el fácil acceso a esa especie de memoria mundial llamada Internet, le permite al parroquiano común, echar de mano de esos inmensos bancos de datos, para constatar que solo hace falta tener una mínima coherencia en el análisis de la realidad social colombiana, para poder alcanzar cierto nivel de predicción acerca de los acontecimientos en el corto y mediano plazo. La política, no se escapa de esta constatación. Sin ánimo de cobrar, pero sí.

Hace ocho meses, quien esta nota escribe, se preguntaba acerca de la existencia del cacareado centro político en Colombia. (ver: ¿EXISTE UNA OPCIÓN DE CENTRO POLÍTICO EN COLOMBIA? – Proclama del Cauca) Después de tomar atenta nota de los acontecimientos políticos de esta convulsionada sociedad colombiana, es posible afirmar, sin riesgo a posar de jactancioso, que aún hoy, con todos los intentos de la gran prensa nacional y de los partidos políticos de ideología liberal, no es posible constatar la existencia material de la entelequia política conocida como “Centro”, no obstante la oportunista utilización que hacen los autoproclamados centristas, de este término como prefijo a las dos vertientes de pensamiento político históricamente existentes: Derecha e Izquierda, para seguir, no solamente, fomentando la mala formación política de la sociedad, sino que, aprovechándose de eso mismo; lograr granjearse la simpatía y, ¿por qué no?, las adhesiones y los votos de este importante y manipulado sector de la sociedad.

Amparados en una especie de cruzada en contra de la polarización, los auto proclamados adalides de las buenas maneras políticas del llamado centro político; han terminado por ser cómplices de aquellos, a quienes señalan de corruptos y de politiqueros, cuando  replican y hasta amplifican falacias de la derecha que critican; como aquellas que señalan a todo aquel que manifieste públicamente por fuera de la institucionalidad oficial (incluidos los medios de comunicación afines al gobierno) su reclamo, queja o descontento; de ser un instigador a la desarmonía, a la agresión, al vandalismo y al terrorismo. Insisten en su desvinculación (sin querer queriendo) a la política tradicional, afirmando que el mejor camino para alcanzar la limpieza en la política y una buena gobernanza, es el de no atacar a ese establecimiento, que ellos y ellas señalan, de clientelista y tramposo, porque, dizque no hay que desgastarse cambiándolo todo (¿?), sino que hay que partir de lo bueno que se ha hecho (nuevamente ¿?), así eso signifique juntarse con los culpables del desastre social de estos últimos doscientos años.

Y en medio de los intentos de fundación forzada de una nueva tendencia política que se ajuste y se acomode a todo y a todos, el famoso centro (izquierda y derecha) ha empezado a barajar una muy variopinta lista de candidatas y candidatos, partidos y movimientos que buscan suceder en el poder a ese uribismo que a conveniencia alaban o critican, tal como lo hizo una de sus más sobresalientes exponentes, la congresista Juanita Goebertus, al afirmar que: “Uno puede detestar a Uribe, puede tener miles de cuestionamientos sobre gravísimas violaciones a los derechos humanos, pero que las condiciones de seguridad, de protección a la ciudadanía, mejoraron son innegables”.

Quizás, por esta condición; la de ser apostatas del clientelismo y de la corrupción, que ahora con moderada energía señalan, es que no acaban de convencer a un electorado, que por obra y gracia de la crisis que ellos y ellas mismas ayudaron a construir, ha empezado a reclamar otras formas, otros discursos y otros quehaceres diferentes al de la extremada diplomacia, el eufemismo y el acomodamiento, no obstante que las vocerías de ese centro, en coro con la derecha colombiana, sigan repitiendo a toda hora y en todo lado; que plantear un cambio drástico de esas formas de hacer política y la revisión  del modelo socio-económico que tanto daño le ha hecho a la sociedad y al medio ambiente, es fomentar la polarización, la agresión y echar a la basura doscientos años de éxito económico.

En concordancia con esta extraña forma de bipolarismo ideológico, este centro político, le apuesta a lanzar nombres de personajes, que por una u otra razón, no acaban de convencer a ese potencial electoral, que por obra del desastre humanitario que han dejado casi 20 años de uribismo, está buscando alternativas al tradicionalismo político. Nombres como los de Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, Jorge Robledo, los Hermanos Galán, Ángela Robledo, Juan Fernando Cristo, Aurelio Iragorri y el recientemente nuevo candidato Alejandro Gaviria, conforman un selecto grupo de opciones que representan, sin querer queriendo, la paradoja del centro: Muchos de ellos han sido parte de esos gobiernos de los que ahora desdicen y a los que, hasta ahora, no han sido capaces de señalar como directos responsables de la tragedia que vive el país.

Víctima del abuso del poder del uribismo que a conveniencia alaba o critica, el más opcionado de los centristas a suceder al que dijo Uribe, está viendo peligrar esas opciones, por culpa de esa misma persecución jurídica, que no han sido capaces de señalar con contundencia sus correligionarios, con tal de no parecerse en demasía a la izquierda radical. Sin embargo, pragmáticos y eclécticos como son los del centro, junto con los más pragmáticos y eclécticos de la derecha colombiana, han optado por no seguir polarizando, por obviar la critica y la denuncia, así eso les cueste sacrificar a Fajardo, con tal de encumbrar al nuevo Mesías del centro político, capaz de juntar a las personas decentes, con las gentes de bien, en tono moderado, sin estridencias y ojala sin señalamientos a esa clase política a la que pertenecen, pero a la que hay que señalar de vez en cuando, eso sí en voz baja, para no parecerse a los vándalos de la izquierda.

Bienvenido Alejandro Gaviria, otra vez al ruedo de la política, porque, aunque no lo crean los respetados lectores y lectoras, este preclaro, prístino pro hombre, ya ha estado rondando los meandros de la política. Ojalá y ese tiempo en la academia le hayan servido para reflexionar sobre todo aquello que por inacción o complicidad directa dejo hacer en los gobiernos para los que trabajó. Aún está a tiempo de enderezar el camino, todos merecemos segundas oportunidades, ojalá y no le de por creerse una versión criolla del Buda o de Cousteau y no termine perdiendo la oportunidad de apoyar el verdadero cambio que Colombia necesita, por no parecerse a los izquierdosos o termine por irse a contemplar ballenas o a dormir en cualquier silla.

Advertencia: Acostumbrémonos a ver y a ori al nuevo mesías del centro a todas horas y en todo lado. No se sorprenda si abre su nevera o micro ondas y lo ve o lo oye siendo entrevistado por afanados periodistas en búsqueda de madurar a la fuerza; la candidatura del nuevo Fajardo.

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